
Puerta del Sarmental, catedral de Burgos
Yo no digo mi canción sino a quien conmigo va. Romancero
Le había contestado de mala gana a uno de aquellos individuos que me miraba como a perro verde. La suerte es que el Romancero acudió en mi ayuda. ¿Qué iba a hacer? Un poco antes y tras abrir la puerta, dos extraños visitantes se colaron en mi habitación por el procedimiento de los hechos consumados. Parecían deseosos de cháchara y a mi me gusta la intriga más que un lápiz a un tonto, de manera que nos sentamos como pudimos.
- Cuando nos enteramos de tu presencia comentamos en el grupo que esto le daría emoción a la ciudad, aseguró el que se había sentado a mi derecha. Encendió un cigarrillo.
- Vaya, y yo que pensaba que venía de turismo y a escondidas, dije como el que no quiere la cosa.
- Un turismo muy especial, sí, terció el otro. No confundas nunca a un turista con un viajero; a un caminante y un peregrino; se trata de cosas diferentes. Muchos turistas admiran la catedral y no se enteran de los misterios que encierra, abrumados por el peso de sus preocupaciones cotidianas muy pocos ven en este monumento de piedra lo que realmente es: un mojón en el Camino de Santiago; un código cifrado para esconder ciertas informaciones a los ojos poco atentos. Tú no eres de esos que mientras contemplan las piedras está pensando en las musarañas. Pero a fin de cuentas no me negarás que el que esconde, algo teme. ¿Qué necesidad había de velar tantas señales a los ojos de los curiosos?
Me sorprendió su exposición y su remate.
- Bueno, ¿y a qué debo el honor de vuestra visita?, dije por añadir algo que me tranquilizara un poco.
-¿Visita? Nosotros tampoco perdemos el tiempo. Seré breve: formamos parte de una congregación que se hace llamar “navegantes de la penumbra”. Funciona un grupo aquí en Burgos y también hay otro en Alicante. Intercambiamos información de interés mutuo.
- “Navegantes de la penumbra”, no está mal el nombrecito, nautae umbrae, en latín, balbucí.
Pero él sonrió antes de proseguir.
- Algunos le tienen miedo a las sombras, pero grandes maestros atribuyen a su contemplación el acceso a elevados niveles de conocimiento. Cara y cruz; sombra y luz: no hay luz sin sombra como no hay día sin sol ni noche sin luna. Aquí cada pieza ocupa su lugar y cada palo aguanta su vela: la sombra existe para que se pueda contemplar la luz. Parece un juego de palabras, pero esas cosas tan divertidas las dejamos para personas como tú aficionadas a bilibirloques, juegos de la oca y abracadabras. Nosotros somos gente de acción y nos aburren los acertijos. Se detuvo como si hubiera caído en la cuenta de algo y añadió: disculpa la entrada pero nos gustaría compartir alguna información contigo sobre ciertos símbolos.
Había hablado el de la derecha mientras que el de la izquierda se frotaba las manos y parecía reflexionar.
- Veo que tenéis información sobre mis andanzas, dije para ganar tiempo e intentar recuperar el control.
El otro se incorporó y tomó el testigo.
- Digamos que tenemos nuestras propias fuentes de información; nada convencionales, eso es cierto, pero muy fiables, remató.
- Acabas de despejar algunas incógnitas que tenía, acerté a decir. Ya veo por dónde va eso de las fuentes si bien nunca mantuve contacto con vuestro grupo en Alicante ni en ningún otro lugar. Sé de su existencia por comentarios aislados, pero nada más.
Ambos sonreían divertidos.
- Bien, veo que jugaremos al gato y al ratón, -dije en voz baja,- a menos que hablemos con claridad.
- Si lo prefieres abrimos el tablero de la oca, terció el otro y se solazaron de pura hilaridad.
- ¿Me estás diciendo que utilizas el juego de la Oca para adivinar los motivos que tiene la gente para visitar la ciudad de Burgos? Pregunté queriendo hacerme el despistado.
-Nada de eso, terció el de la izquierda: nuestros instrumentos para averiguar los motivos de la gente son mucho más fiables, pero no nos ocupamos de la masa, visto uno vistos todos; sino que nos centramos en las intenciones, por ejemplo, de un alicantino que llegó a la ciudad con un objetivo bien identificado. Y para tal fin manejamos un sistema de consulta infalible.
-Vaya, veo que esto se pone divertido. De manera que demás de saber que venía conocíais el motivo de mi viaje…
- ¿Qué hacemos aquí si no? De oca a oca… Se carcajeaban por sus ocurrencias y a punto estuve de emular sus risas. Pero tenía que guardar cierta compostura y averiguar las intenciones de los dos sujetos. Me observaban curiosos. No cabía duda de que eran ellos quienes llevaban la iniciativa y yo sentía que iba con el paso cambiado.
Para salir del embrollo pregunté:
- Bien; puesto que conocéis mis correrías y mis motivos, contadme al menos cuáles son vuestros planes.
-Así está mejor; directo al asunto, afirmó el más siniestro de los dos. Vamos a ver. Mientras tú coleccionas acertijos nosotros somos gente de acción. Cuando tú juegas al escondite nosotros actuamos. Por ejemplo, tú pretendes desentrañar el sentido del sello de Salomón y nosotros practicamos un ritual que nos permite conocer tus intenciones. Vamos al grano, tú pretendes escribir con renglones torcidos, nosotros vamos por el camino recto. Acción frente a pasividad.
Y tomó aire, pareció evaluar una explicación más larga, solicitó con la mirada la complicidad de su compañero y prosiguió.
- La cuestión es más profunda: este mundo es hechura del demonio que se dedica a provocar un sinnúmero de fuegos de artificio para tener entretenida a la gente. A cada uno le da lo que le gusta que es la mejor manera de tenerlo cogido con argollas de hierro. Por ejemplo tú tienes preferencia por perseguir símbolos, ¿será por símbolos? Te pasarás la vida entera detrás del sello de Salomón, del Santo Grial, de canecillos, gárgolas, rosetones y demás geométricas y enigmáticas figuras. Y cada uno de esos símbolos te llevará de un lado para otro entre adivinanzas, birlibirloques y mucha desazón. Nosotros, mientras tanto, nos dedicamos a aplicar nuestra sabiduría sobre el mundo. Si alguien se nos cruza en el camino lo ladeamos y en paz. Se miraron una vez más, ahora con mayor gravedad. -Intuí que el verbo ladear era una forma suave de no mencionar otras acciones más expeditivas-. Todo por salvar este mundo que vaga a la deriva. Acción, acción y acción, remató; las palabras se las lleva el viento.
-¿Y una de esas tantas acciones consistió en acabar con la vida de mi paisano que terminó su vida el otro día en la catedral?, aventuré receloso.
-Digamos que tu paisano estaba en el sitio equivocado a la hora precisa; que murió por error, vamos. De todas formas no me hagas mucho caso, nosotros no tenemos nada que ver con ese desgraciado accidente, dijo y buscó la mirada de su compañero que esta vez le rehuyó.
- La vida es una avenida con múltiples accesos. Yo prefiero reflexionar antes de efectuar ningún movimiento irreversible. No rechazo la acción, si bien dudo que coincida con vuestra manera de actuar.
De pronto parecieron intercambiar miradas de apremio.
- Tenemos que dejarte. Mañana por la tarde, a eso de las cinco estaremos en la catedral. Si te decides puedes unirte a nuestro grupo. Dijo el que parecía llevar la voz cantante. Mi nombre es Máximo. Los dos se pusieron en pie y se dirigieron a la puerta. Yo dudaba entre despedirme o darles unas patadas en el culo a ambos.
-Vale, acerté a decir, me lo pensaré, pero no os prometo nada. Sonrieron escépticos y desaparecieron escaleras abajo. Qué manera más tonta de decir que no, pensé.
Después de cerrar la puerta recordé que antes de que llegaran los dos sujetos misteriosos estaba enfrascado en la escritura de un mensaje que debía enviar al resto de mi grupo. La pantalla del ordenador se iluminó nada más rozar el ratón. Allí estaba el mensaje y el último párrafo por donde me quedé: Y ese es el truco, el destino se encuentra en el origen. Cerré la tapa del portátil y me dejé caer en la cama. Y debí dormirme porque desperté y era ya muy tarde.
Sigue.