20 diciembre 2005

¿Quién sabe dónde?

Fue un programa de televisión repugnante. Lo odié desde el primero. La escena era deplorable: unos papás lloricones ante un presentador orgulloso de inaugurar los programas llamados de “servicio público”, eufemismo para levantar acta de la rendición de la sociedad a la flojera imperante. Y al otro lado del teléfono un niñato o niñata, fugado de casa que, engreído, se hacía el interesante. Eso si, en pocas palabras amenazaba a sus padres veladamente con volver a las andadas si estos no se ponían a su servicio. Menudos "ejemplares" aparecieron por la caja tonta. Los padres gimoteaban ante la pantalla arrastrándose cual alfombra, “lo que tú quieras, hijo, haremos lo que tú quieras”.

Una verdadera náusea nada edificante en el tobogán de despropósitos que se inició por aquel entonces y que ya nadie sabe qué derroteros ha tomado. Algunos pensamos ya entonces que por ese camino llegaríamos a tener una saturación de bobos…