26 octubre 2008

Por encargo I



Tantas veces había oído hablar sobre el vértigo del escritor ante la hoja en blanco que se inquietó porque hoy era él quien pasaba por ese trance. Juan Madrid, escritor por encargo, arrojó como al acaso en el bombo de su cerebro tres palabras extraídas al azar y esperó con paciencia el resultado. ¿Cómo es que para motivar una buena historia uno tiene que recurrir a semejantes triquiñuelas? –pensó. ¿Será que todo está en la mente y sólo hay que espolearlo?

En esas cavilaciones se entretenía cuando sonó, largo y molesto, el timbre de la casa. Comprobó por la mirilla que se trataba de un desconocido. ¡Qué disparatadas disquisiciones no fluyen, en los instantes previos a abrir la puerta, de la cabeza de quien recibe una visita inesperada!

- Buenos días, ¿está el señor de la casa? _preguntó amable el desconocido.
- El señor de la casa la abandonó hace ya muchos años. Hoy la casa está, por lo tanto, sin señor; como un perrillo sin amo o como una oveja sin pastor. ¿Y usted quién es y qué desea? respondió Juan, el escritor de encargo.
- Bueno, replicó el visitante, la verdad es que no sé si debo hablar con extraños.
- Para mí que el extraño es usted, arguyó el que estaba dentro de la casa.
- Ya ve que eso depende del punto de vista: yo soy un extraño para usted mientras que usted es el extraño en esta amplia, acogedora y señorial mansión por cuanto me ha confesado que no es el genuino señor de la casa, se explayó el visitante
- Oiga, oiga, no se haga líos. ¿Usted a quién busca?, preguntó Juan algo nervioso.
- Verá, dijo el enigmático visitante con una media sonrisa conciliadora, disculpe si le he puesto algo nervioso. No pretendo molestarle a usted que por lo demás ignoro de quién se trata. Permítame que me presente: mi nombre es Ricardo Santamaría y si es tan amable y me deja entrar en la casa le explicaré el motivo de mi presencia aquí.
- Bien; adelante, pase; pero por favor sea breve porque espero una visita, agregó el que estaba dentro.
- Muchas gracias, dijo el visitante mientras se desprendía del abrigo. Permítame hacerle una pregunta delicada, continuó. ¿De qué visita se trata? No me tome por osado ni por descortés; simplemente pretendo decirle..., titubeó, ¿qué le hace suponer que la persona a la que usted espera no sea yo mismo? ¿De quién se trata, si no es mucho preguntar?¿Tal vez su novia? ¿Un amigo? ¿Alguien a quien debe dinero?
- No creo que eso le incumba a usted que, por otra parte, tampoco yo sé de quién se trata, contestó molesto Juan.
- ¿Qué pensaría si le dijera que tal vez su vida dependa de la respuesta que usted pueda darle a mi pregunta? lanzó enigmático el visitante del abrigo.
- Juan comenzó a sudar. Con inquietud creciente se aplicó a mover objetos de un lado a otro de manara caótica como una forma de sofocar su nerviosismo. Por último balbució unas cuantas frases referidas a lugares comunes como el inicio de la temporada de lluvias y la turbidez de la noche. Estaba claro que pretendía ganar tiempo mientras ponía orden en las revueltas ideas de su mente.

El visitante, por el contrario, parecía ahora más seguro y se explayaba con un alarde sobre las predicciones meteorológicas para la próxima semana.
De pronto, el extraño encaró a Juan con ánimo de sacarlo de su laberitno y le dijo resuelto:

Le confesaré un secreto: después de ver los utensilios que emplea para su oficio, los libros dispuestos en los anaqueles y los apuntes y borradores sobre las mesas tengo la intuición de que usted y yo utilizamos el mismo sistema de trabajo. Ninguno de los dos mueve un dedo sin un encargo previo…

(Continúa en II)

8 comentarios:

Gonzalo dijo...

Gracias por estos relatos, ὦ Προμηθεῦ! Hace algunos años discutíamos sobre balbucir o balbucear. No sé si lo recuerda. Cuánto tiempo...

Un fuerte abrazo,
Gonzalo

Prometeo dijo...

Mi caro amigo Gonzalo. Recuerdo perfectamente el comentario que usted me hizo con respecto a balbucir y balbucear. Por alguna razón que desconozco suelo utilizar el primero. La RAE define el primero y en cuanto al segundo remite al primero. Pero seguro que tiene usted razón y es más correcto el segundo.

Gracias por estar ahí.

Un fuerte abrazo.

Prometeo

Prometeo dijo...

Mi caro amigo Gonzalo. Recuerdo perfectamente el comentario que usted me hizo con respecto a balbucir y balbucear. Por alguna razón que desconozco suelo utilizar el primero. La RAE define el primero y en cuanto al segundo remite al primero. Pero seguro que tiene usted razón y es más correcto el segundo.

Gracias por estar ahí.

Un fuerte abrazo.

Prometeo

Prometeo dijo...

Sí, Gonzalo: tempus fugit.

Gonzalo dijo...

Yo ahora creo que balbucir es lo co-rrecto porque dice el DRAE que la etimología es balbut-ire, "ire" se usa en muchos verbos compuestos latinos y estrictamente eso sería lo correcto. Quizá sea más fácil de conjugar "balbucear".

Sed fugit interea, fugit inreparabile tempus,
singula dum capti circumuectamur amore.

No hay poeta como Virgilio. Eso sí, las geórgicas (de donde viene la cita: liber III, vv. 283-4) quizá sean algo difíciles por el léxico del campo que usa. Mejor los amores de Amaryllis y Tytirus.

Un abrazo y sigo aquí leyéndolo,
Gonzalo

Gonzalo dijo...

Por cierto, el último párrafo me ha recordado al Canto XXXIV del inmortal Giacomo Leopardi, concretamente estos versos:
Io mirava, e chiedea:
Musa, la lima ov'è? Disse la Dea:
La lima è consumata; or facciam senza.
Ed io, ma di rifarla
Non vi cal, soggiungea, quand'ella è stanca?
Rispose: hassi a rifar, ma il tempo manca.

Yo miraba, y decía: Musa, ¿dónde está la lima? Dijo la Diosa: La lima está gastada. Ahora no la usamos.
Y yo, pero ¿no quieres, aduje, rehacerla pues está gastada?
Respondió: Es fuerza el rehacerla, pero falta el tiempo.

Texto completo, aquí: http://books.google.es/books?id=AFo0AAAAMAAJ&pg=PA5&dq=leopardi+canti&as_brr=1#PPA159,M1

Gonzalo

Anónimo dijo...

Me gustan las costas de este náufrago. Tanto que de vez en cuando, desde la quijotesca isla en la que me encuentro ahora, viajo hasta ellas para leer los versos prometeicos.
Ha abierto muchos frentes en este relato. Interesante saber cómo se irá deshilando el hilo...
Un abrazo con Sol de la Dama del Trapecio*

Prometeo dijo...

Es una alegría tener a Gonzalo de visita en mi blog. Como también lo es la visita de la Dama del Trapecio.

Un abrazo a los dos