18 enero 2009

El perfume




La nueva Penélope ya no entretiene a sus pretendientes tejiendo y destejiendo sino que ahora, mientras consume sus días, se dedica a maquillarse y desmaquillarse. ¿Una nueva estrategia mientras espera a Godot-Odiseo?

Esto viene a cuento porque el otro día coincidí con mi vecina Marta en el ascensor. Marta es una mujer de bandera y tenerla por vecina es ganar puntos entre las calles cercanas. Apareció acicalada como para una fiesta ¿Por qué las mujeres se maquillan con fruición? Desde el cuarto milenio antes de Cristo (y aún antes) en que los antiguos egipcios inventaron el maquillaje como otra forma de máscara, hasta hoy no han parado las mujeres de afilar sus armas. Mi cerebro, sin yo proponérmelo, exudaba estos y parecidos pensamientos.

Parece ser que las chicas guapas también se maquillan y yo pensaba que era una práctica reservada para las poco agraciadas por la naturaleza. Pero no me hagan caso porque soy bastante despistado y no me fijo mucho en esas cosas. Lo cierto es que desde que los magos de oriente trajeron el incienso y la mirra ha llovido mucho. Después llegó el almizcle. Más tarde las hojas del tomillo y la salvia; la madera de cedro y de sándalo; los pétalos de rosas y violetas. La materia prima de la seducción.

Y así, el color y el perfume son artificios de la magia y obran verdaderos milagros. ¿Cuál es el objetivo del perfume y el maquillaje? Sin duda atraer, aturdir, despistar, envolver, engatusar…

Y he aquí todo junto y en racimo: careta, máscara, perfume y espejo. Mi vecina Marta y las miles de afligidas Martas que pueblan el mundo, viven emboscadas a este lado del cristal. Y yo me pregunto, ¿qué cosas no ocurrirán al otro lado del espejo?






11 comentarios:

Marcela dijo...

Para los egipcios, el maquillaje era una protección.Y actualmente quizá sea aún visto así...
El maquillaje, el perfume, todos esos "acicalamientos" son máscaras, claro.
Si se usa en demasía, el maquillaje queda ridículo. Si se usa para disimular defectos o para destacar rasgos que nos gustan, me parece bien.
Y ahora ya no está reservado solo para las mujeres. Los hombres también se "acicalan".
Besos.

Prometeo dijo...

Tienes razón Marcela. Me venía bien el enlace con el tejer y destejer de Penélope.

Besos.

lologuit dijo...

Recuerdo "El Retrato Ovalado", un relato de Allan Poe, hoy es su día.Un marido artista pinta el retrato de su bella esposa, de una rarisima belleza. Día a día va absorviendo de su rostro los colores que plasma en el lienzo, la luz de sus ojos. El último toque lo obtiene de sus mejillas, del rojo de sus labios. Pero cuendo mira a la modelo ella "está muerta". Sin tanto dramatismo como Poe. La belleza dura un instante, un año, dos. Todos tenemos nuestro momento hermoso. Todo lo siguiente se sustenta en la máscara, el afeite, el simulacro, el maquillaje. Camuflaje del inevitable "está muerta"

Olga dijo...

Todos intentamos atraer, unos con perfumes y colores, otros con palabras...
Son distintas maneras de gustar, ¡que al final es lo que importa!

Un beso,

Prometeo dijo...

Saludos Manuel. La belleza dura un instante pero las máscaras dan idea de permanencia. Un juego más.

Prometeo dijo...

Hola Olga. Así es, no trataba de criticar sino de trascender al otro lado del espejo. Además está esa imagen mítica de Penélope teje y desteje mientras espera.

Un beso

Annabel M. Z. dijo...

¿Esos ojos son tuyos?
¿Vas a ir mostrándonos tu rostro poco a poco?

Prometeo dijo...

jajaja Hola Annabel, buenos días.

Esos ojos son míos; ojos para ver, ojos para ser vistos. Aunque tal vez tengas razón y luego lleguen los oídos, después la boca... Eso somos: un conjunto de instrumentos para comunicarnos con el mundo; cántaro, fuente, agua y sed.

Un abrazo.

Prometeo dijo...

Annabel, quise decir, ojos para ser visto.

Annabel M. Z. dijo...

¿Y la voz de "mientras llega noviembre" es tuya?
(esto se va pareciendo al cuento de Caperucita, horror, jaja)
Estoy desconcertada... ya te contaré por qué.

Prometeo dijo...

jajaja Annabel. Sí que se parece si, pero tranquila, los lobos de ahora no son como los de los cuentos y tampoco las caperucitas.