14 junio 2009

Puebla Marina III: el laberinto de los sueños



Miguel cruzó el umbral del laberinto de los sueños ungido de un silencio reverencial. Juan le seguía a corta distancia y reprimía una sonrisa. Nada más entrar en la estancia encontraron una mesa larga y sobre ella, con unas letras alambicadas, la siguiente inscripción en forma de acertijo o adivinanza:
Un camino de ida y vuelta: cuando vas, regresas y cuánto estás más cerca, más te alejas.
Miguel interrogó a su amigo con la mirada por el significado de aquellas palabras pero Juan apenas acertó a arrugar los labios con extrañeza. Continuaron la ruta laberinto adentro.
Un poco más adelante quedaron sorprendidos al encontrar algunos objetos olvidados de la niñez: una caja de herramientas de carpintero y un viejo tractor de madera que su padre fabricó para él cuando era niño. Al acercar su mano al juguete, con devoción, le impresionó muy vivamente su contacto como si le dejaran desnudo ante la vista de todos, y le invadió de forma muy intensa cierto olor a menta y a espliego salidos directamente del escenario de juegos de la niñez. La agudeza de su olfato le indicaba que ese olor siempre había estado cerca de sus sentidos, como si no proviniera del exterior y lo exudara directamente de alguna parte ignota de su cerebro. Tuvo que hacer un esfuerzo por reprimir una lágrima.
Más adelante pudo vivir el vértigo de las norias y los golpes de los coches de choque y las luces de colores que cegaban su vista. Y, junto al taller, encontraron impreso en la pared el pensamiento que sigue:
Todo lo que eres, estuvo contenido en tu niñez. Igual que un frasco de perfume concentra toda la esencia de la hierba, así comprimida en tu sonrisa está tu vida futura que se extenderá como el humo; en tu llanto, todas las lágrimas del mundo; en tu mente curiosa, la aventura del futuro. Serás lo que eres. De tus juegos dependerá tu mañana y el mañana de muchos.
Por un tobogán de sorpresas accedieron al pequeño taller de sueños envuelto en penumbra. Simulaba una habitación en la que había una cama orientada al norte, bien ventilada, perfumada con esencia de rosas y pintadas sus paredes de un azul claro. Sobre la mesilla de noche había un libro con instrucciones para atrapar los sueños, junto a un cuaderno, lápiz y linterna. Pudo hojearlo: cuando despiertes anota todo lo soñado, no importa si algunas cosas no están claras, leyó de corrido. Tu mente es prodigiosa y como un pozo sin fondo, contiene todos los misterios y todas las pistas que te serán útiles para tu viaje. Sobre la cama había dos hojas sueltas, una con las instrucciones para recordar los sueños y la otra con el programa para el fin de semana. Miguel leyó con atención los dos:
Instrucciones para recordar los sueños:
Antes de acostarte:
1- Duerme relajado,
2- haz una cena ligera, 2-3 horas antes acostarte,
3- olvida tus preocupaciones,
4- atrae hacia ti pensamientos agradables.
El programa de fin de semana era el siguiente:
1º. Relajación / meditación,
2º. escribe una carta a tus sueños con lo que deseas soñar,
3º. formula una pregunta y espera una respuesta en el sueño,
4º. duerme,
5º. Anota tus sueños nada más despertarte,
6º. Interpreta y anota a continuación lo que te sugiera el sueño,
7º. haz algo al día siguiente que tenga relación con lo soñado.
Los dos amigos tomaron nota de todo y mientras atravesaban la puerta de la siguiente estancia, todavía rondaba por la cabeza de Miguel la adivinanza primera:
cuando vas, regresas y cuanto más cerca estás, más te alejas.


16 comentarios:

Onminayas dijo...

Estimado Prometeo, no sólo has conseguido que me abstraiga hasta el infinito olvidando un día nefasto –me sigue resultando difícil readaptarme a la filosofía de Alma y de Juan- sino que además lo has conseguido haciéndome añorar con franca nostalgia mi lejana infancia. Este relato, este fantástico universo al que estás dando forma, me transmite una sensación similar a la que percibí cuando visioné por primera vez “El Laberinto del Fauno”: conforme avanzo en la lectura sigo teniendo aún más sed. Y esto me produce frustración; pero enormemente placentera. Créeme que espero expectante, como un curioso niño de ojos enormes y atentos, a que continúes tu relato. Y, a ser posible, que aún tarde en concluir.
Buenas noches. Y feliz entrada de semana.

Carla dijo...

aaaaaaaaaaayyyyyyyyyy quiero seguir leyendo!!!!!!!!!!
Espero que pronto publiques la tercer parte de esta historia tan interesante!

Mª JOSE. dijo...

ME ENCANTO ESTA HISTORIA PROMETEO..ME DEJASDTE CON EL GUSTO DE SEGUIR LEYENDO.
BESOS.MJ

Leni dijo...

Hola de lunes Prometeo.
Desde que lo leí a mí también me ronda esa frase.
Me he paseado por la mágia de tu relato.
Por la intemporalidad que me transmite.
Es como entrar directamente en otra dimensión donde la vida misma te habla y los sueños se convierten en protagonistas.
Es precioso...
Y el pensamiento concentra la eséncia de lo que somos.

te sigo

Beso

alba* dijo...

Hola, Prometeo.

¿Qué decirle?
Sino que me parece un relato escrito desde la sensibilidad y con una fuerza admirable por la claridad que deja entrever a cada paso del relato en las imágenes hechas palabras, que me hacen sin remedio viajar en el tiempo hacia mi propio laberinto inteior donde los recuerdos, algunos casi olvidados, fluyen como agua de manantial.

Le felicito señor náufrago, recalar en sus costas me es una delicia. Escriba lo que escriba, usted lo borda.

Espero la próxima entrega.

Besos volados desde la otra orilla.

alba*

Annabel M. Z. dijo...

Todo lo que eres, estuvo contenido en tu niñez. Igual que un frasco de perfume concentra toda la esencia de la hierba, así comprimida en tu sonrisa está tu vida futura que se extenderá como el humo; en tu llanto, todas las lágrimas del mundo; en tu mente curiosa, la aventura del futuro. Serás lo que eres. De tus juegos dependerá tu mañana y el mañana de muchos.

Solamente habría hecho falta este párrafo para echarme a pensar...
en mi hija y en sus juegos de ayer: un teatrillo sobre un bosque encantado que necesita que lo salven y el ángel que lo cuida se ha hecho viejo y va a buscar a la princesa y al príncipe que aunque están en el castillo les preocupa el bosque y acuden al encuentro del viejo ángel y encuentran a una oveja que se ha roto una pata y...

Un abrazo, Prometeo.

Prometeo dijo...

Hola Onminayas. Me alegro de la intriga. Si a ti te produce esa desazón no veas el lío en el que me he metido yo con el relato.

Feliz semana.

Prometeo dijo...

Hola Carla, muy pronto estará la próxima entrega.
Besos

Prometeo dijo...

Hola María José, me alegro de que te guste.

Besos

Prometeo dijo...

Hola Leni: nos seguimos. Algún día escribiremos algo a dos manos.

Beso.

Prometeo dijo...

Gracias alba* por tus palabras tan generosas. Tratar sobre una fibra sensible para todos es arriesgado y a la vez gratificante.

Besos.

Prometeo dijo...

Hola Annabel. Tan cerca de la propia niñez que se fue pero que regresa en tus propios niños. El laberinto y el círculo que se cierra y se vuelve a abrir. La rueda de la vida.

Un abrazo, Annabel.

AguadLuna dijo...

Me ha gustado tu relato y como a los demás me he quedado con el gusanillo de la curiosidad y es que tienes una manera de relatar tan ágil y amena que no cuesta nada seguir leyendo y ver con los ojos de la mente lo que narras.
Si me lo permites te visitaré para seguir tus andanzas.
Saludos.

Prometeo dijo...

Hola AguadLuna. Estás en tu casa.

Gracias por tu visita y por tus palabras.

ana dijo...

Empieza a engancharme la historia y encima con adivinanzas.

Tiene buenos ingredientes.

El video está genial, la sierra de Cazorla es impresionante mezclado con ese sonido de risas de parque de juegos.

Un beso.

Prometeo dijo...

Hola Ana. Gracias. Acabo de colgar otra entrega.

Un beso.