29 abril 2009

Abril



El agua no tiene forma pero se adapta bien al perfil del cuenco que la contiene o del cauce que la encamina entre dos riberas.


Es imposible almacenar el mar en una botella y tampoco sirve de nada verter el agua de un vaso en un océano.


Las mil aguas de abril brotan de lo profundo, vuelan hasta el cielo y regresan para llenar cada recoveco de la tierra que la espera con ansia en un viaje que terminará mojándolo todo.

28 abril 2009

La fábula de Bacon



Un día, al terminar sus tareas, se reunieron en el campo la hormiga, la araña y la abeja convocadas por un búho que les habló de esta manera:

He observado desde hace unos días vuestros pasos, amigas, y veo que sois muy trabajadoras si bien empleáis vuestro tiempo de una manera poco práctica. Mientras la hormiga se consagra a acumular todo tipo de cosas para llenar su despensa pero sin planificación alguna, la araña se aplica a producir una tela infinita que extrae de sus propias entrañas en la confianza de que nada en el mundo podrá impedir el éxito en su empeño. Y yo os digo, ¿no sería mejor unir vuestras dos estrategias, como hace la abeja, que recoge el néctar, el polen y la resina de flores y árboles y luego los elabora pacientemente con sus propios medios?

26 abril 2009

Aitana V



Reza un dicho indio: si quieres ver la montaña baja al valle; si quieres ver el valle sube a la montaña.

Eso hicimos durante largo tiempo mi amigo Pepe y yo, subir a la montaña para aprender a conducirnos por el valle; alejarnos del tráfago para poner en su sitio la ciudad, la vida toda. Y nos fue bien. Pero entonces nos acercábamos hasta la sierra de Aitana, por ejemplo, con vehículos inadecuados. Fue disponer de un todoterreno y ya no volvimos a subir nunca más. Moraleja: no esperes a tener un medio idóneo para subir a la montaña. Vita brevis.

Con estos recuerdos continué por otras vías el sueño que entretejí, de madrugada, entre las sábanas. Amodorrado sobre la cabecera hilvanaba la visión que había tenido un rato antes.

Años atrás, durante un tiempo prolongado, había hecho seguimiento sistemático de mis sueños y a veces me despertaba sorprendido por algún hallazgo fecundo; en otras ocasiones el batiburrillo de sucesos en apariencia inconexos y aun descabellados hacía imposible desentrañar un mensaje coherente, si es que lo tenía. Al igual que los libros remiten a otros libros mis sueños me llevaban a otros sueños; como las ranas que, también según los indios, atraen las lluvias; como la lluvia embelesa a la fortuna... La vida es un laberinto.

Y así recordé también el episodio en el que mi amigo Pepe y yo confundimos en una fuente una bolsa de plástico con un ave de frondosas alas en una de nuestras primeras incursiones a la sierra de Aitana. Y también evoqué el instante en el que estuvimos a punto de caer por una de sus numerosas simas.

En el sueño observé que el vacío infinito que separaba las dos cumbres de una montaña se hallaba cubierto de una espesa nube, blanco grisácea. Yo estaba en una de las cimas y veía la nube evolucionar muy despacio por entre ambas hasta unirlas con su manto entretejido con extraordinaria tupidez. En un instante me sentí impelido a poner los pies sobre ese espeso valle lechoso. Tenía la convicción de que podría caminar con paso suave sobre la franja de algodón. Estaba solo y a lo lejos divisé a unos senderistas que subían movidos pesadamente por sus bastones. Tardarían en llegar más de una hora. Miré hacia abajo, alcé un pie y después dejé caer todo mi cuerpo que se precipitaría sobre aquella vaporosa solidez.

Me rescató en el último segundo el brazo de mi amigo Pepe.

-Espera, es hora de comer, le oí decir mientras un pitido sordo taponaba mis oídos.

23 abril 2009

El número Pi

Intentó con paciencia diseccionar un beso,
despejar la incógnita que incluye una caricia,
extraer cuánto dolor encierra una sonrisa,
y calcular lo ingenuo que entraña un cruel sabueso.

Trastabilló, ladino, en la arruga de un tapiz,
acertó, cual quizás, el quinto pie del gato;
soñó despierto la mala racha en arrebato
y bebió del abracadabra del ajonjolí.

Se despeñó desde lo bajo de un principio,
descifró las mil encrucijadas de Dédalo;
lanzó una coz contra las simas del océano,
y recompuso el tipo nadando entre aforismos.

Traspasó de Alí Babá la puerta de la vida,
vació la cánula secreta del orgullo;
profetizó cuánto silencio hay en un murmullo,
y qué de verdadero contiene una mentira.


Y fue expulsado del manicomio, claro...






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19 abril 2009

Porque no...




Una estrella de mi cielo
me susurró una tarde:

“Los pájaros no vuelan porque tengan alas
Vuelan porque no tienen miedo de
ser abatidos".

Retumba en el lado de acá.
¿En el lado de allá, retumba?

La Dama del Trapecio


http://www.youtube.com/sincerosininfinito
Video universo


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P.D. Tras una prolongada ausencia recibo hoy la visita de la Dama del Trapecio que nos deja sus reflexiones precedentes.

18 abril 2009

Las alforjas de Esopo



Πῆραι δύο

Προμηθεὺς πλάσας ἀνθρώπους δύο πῆρας ἐξ αὐτῶν ἀπεκρέμασε, τὴν μὲν ἀλλοτρίων κακῶν, τὴν δὲ ἰδίων·

καὶ τὴν μὲν τῶν ὀθνείων ἔμπροσθεν ἔταξε, τὴν δὲ ἑτέρων ὄπισθεν ἀπήρτησεν·
Αἴσωπος

Cuenta Esopo en una de sus fábulas que cuando Prometeo modeló al hombre le colgó dos alforjas, una delante sobre el pecho que guarda los defectos ajenos y otra detrás, sobre la espalda, que arrastra los defectos propios. De ahí viene que las personas solemos ver los defectos del prójimo y no los nuestros, la mota en ojo ajeno pero no la viga en el propio.


Otro famoso fabulista español de finales del siglo XVIII, Félix María de Samaniego, cantó la misma copla de esta guisa:


En una Alforja al hombro
llevo los vicios:
los ajenos delante,
detrás los míos.
Esto hacen todos;
así ven los ajenos,
mas no los propios.


Se trata, pues, de un defecto de fabricación. La clave consistiría en darle la vuelta a las alforjas para poder tener delante nuestros propios defectos, lo cual nos haría guardar un prudente mutismo en muchas ocasiones.

El caso es que anoche tuve un sueño de esos que no dejan dormir. Caminaba sin descanso y abatido por el peso de las dos alforjas del fabulista célebre. Pero al poco la carga que tiraba de mi se hizo insoportable y decidí deshacerme de una de las dos alforjas. Avisado por la fábula decidí arrancarme la alforja que llevaba colgada sobre el pecho y poner en su lugar la otra alforja: ya nunca más me preocuparía por los defectos de los demás y estaría atento a corregir los propios, parecía indicarme el sueño como una suerte de moraleja.

Reanudé el paso pero a los pocos metros me di cuenta de que la alforja que colgaba sobre mi pecho molestaba mi caminata porque no es ese el sitio más apropiado para acarrear un pesado fardo. De manera que giré la alforja y la puse sobre la espalda. Anduve muchos senderos contemplando paisajes espléndidos, montañas misteriosas y travesías y gargantas angostas, mientras silbaba aliviado por mi ligera carga.

Al caer de la tarde, un poco antes de despertar de mi sueño, había olvidado que transportaba una alforja y me mantenía sólo atento al camino, las pisadas y el arroyo.

14 abril 2009

La fórmula de Prometeo


Hablaré una vez más de la fórmula de Prometeo esbozada por el poeta León Felipe:

Por hoy y para mí, la Poesía no es más que un sistema luminoso de señales.
Hogueras que encendemos aquí abajo, entre tinieblas encontradas, para que alguien nos vea, para que no nos olviden.
¡Aquí estamos, Señor!

El ser humano siempre acarició el deseo de encaramarse sobre las estrellas mientras que sus más allegados pugnaban por atraerlo hacia abajo, hacia ellos mismos. Es la eterna lucha del espíritu de Prometeo por trascender su humanidad en su camino hacia… alguna parte; por compartir el fuego de los dioses con sus congéneres los humanos. La pregunta que todos nos hacemos al conocer a una persona admirable por alguna característica particular es: ¿será distinto a los demás? ¿Tendrá una fortaleza inusitada? Pero a renglón seguido reflexionamos de esta guisa: voy a ver si descubro sus puntos débiles que seguro que los tiene.

Así somos. Capaces de las heroicidades más extraordinarias y de los recelos más viles. Un sistema de señales…

Humanos que miran por encima del hombro a otros humanos con el recelo pintado en los labios: que a nadie se le ocurra despegar… Y si lo consigue: busquemos dónde está el truco, que lo habrá…

Débiles y fuertes; cara y cruz, haz y envés...

12 abril 2009

Acerca de nada


Fermín López madrugó y se mantuvo inquieto durante toda la jornada. Agazapado en una esquina se entretenía en comprobar si ocurriría algo en un pueblo de por sí aburrido, deshabitado y gris.

Las calles sesteaban desiertas como páramos yermos y apenas el deambular de unos errantes perrillos callejeros ejercían de contrapunto al tedio y al sopor.

Los campos baldíos recalentaban sus tolmos al sol mientras los aperos de labranza, en su terca quietud, oxidaban las eras con sus cuchillas ocres.

Y por fin, cuando los arreboles de la tarde pintaron el cielo de color carmesí, ocurrió: Fermín López, echó a volar las campanas del pueblo y miles de gorriones, sorprendidos, desalojaron con alborozo las ramas de los árboles que quedaron solitarios como una feria sin chiquillos.

Y de lo más inhóspito del pueblo empezó a brotar lo fértil; de lo seco, la tibieza húmeda; de la aridez, el jugo de la vida. Los pastores llegaban con sus ganados, los labriegos con sus sombreros sudorosos y los niños con sus cuadernos recién pintarrajeados. La plaza se llenó de luces y de bailes, de persecuciones y emboscadas; de chascarrillos y adivinanzas, y un guiño pálido quebró en dos el firmamento cielo.

Otro día más.

11 abril 2009

Entrevista con Ralf B. Leepman



A raíz del eco que ha despertado la publicación de la novela "El vuelo de la luciérnaga" he contactado con su autor que tuvo la amabilidad de contestar a mis preguntas.


P1. ¿Cuál fue la idea germinal, el embrión del que surgió toda la trama de la novela el vuelo de la luciérnaga?

R1. La idea surge en un momento de transición entre una obra acabada y el inicio de otra. Buscando información para documentarme encontré la noticia que hablaba sobre la terapia génica. Fue cuando se me ocurrió ¿Qué ocurriría si alguien con la suficiente preparación y dinero usase este tipo de tecnología para hacer daño? El resto fue definir a los personajes, qué organismo intervendría y naturalmente describir hechos verídicos y experimentos reales que se funden en simbiosis con la narración.

P2. Se nota que eres un apasionado del cine por este ritmo trepidante que imprimes a toda tu obra, ¿cómo lo haces para atrapar al lector desde el principio y no dejarlo hasta que termina la última página? Lo tuyo podría ser considerado casi un secuestro…

R2. Es cierto que me gusta el cine. Escribir una obra sobre terapia génica es muy aburrido si no tienes una base de biología. Sería como narrar un interminable ensayo sobre genes, vectores y mitocondrias. Para que todo el mundo lo entendiera sin tener la más mínima idea de biología, fue mezclarlo en un campo que de alguna manera todo el mundo ha visto al menos una vez. Revisé algunos capítulos de series de éxito y me di cuenta que todas tenían un factor en común, independientemente de la trama que llevaran y era la afinidad y discrepancia de los personajes. Pero yo no buscaba una interacción entre ellos, sino dos acciones diferentes. Una es la velocidad con la que la historia se desarrolla y otra el tempo de los personajes. Es como un coche que va por una autovía a 200 Km por hora, desde la óptica del observador, éste pasa muy deprisa. Pero dentro del vehículo, lo que ocurre dentro entre los personajes que lo habitan viaja a distinta velocidad, no importa que el coche vuele o esté parado.

P3. Cuando uno lee tu novela tiene la impresión de que está viendo una película ¿Crees posible que algún director la lleve al cine en un futuro?

R3. Eso sería magnífico. No sólo por la satisfacción personal sino por la divulgación de la obra.

P4. ¿Por qué crees que las grandes intrigas y la ciencia ficción, ofrecen tanto atractivo e interés para el público?

R4. Porque aportan un ingrediente desconocido, es decir, una película de terror sólo nos asusta la primera vez porque la desconocemos. Cuando las personas descubren el secreto que se esconde detrás de la acción se pierde el interés. Eso no quita que no se pueda leer varias veces un mismo libro o se vea varias veces una película si te gusta, aunque ya conozcas el final.

P5. ¿Qué proyectos te llevas entre manos tras la publicación de “El vuelo de la luciérnaga”?

R5. Actualmente estoy reescribiendo una novela anterior que se ha quedado anticuada ante los nuevos descubrimientos. Cuando hablo de actualizar no me refiero a que hace muchos años que la escribí, sino que desde hace un año, porque la finalice en 2006, los hechos que describo en ella hoy son noticia, igual que ha ocurrido con “El vuelo de la luciérnaga” donde hoy son noticia los hechos denunciados en ella. Afortunadamente la novela lleva una fecha anterior. Pero te adelantaré algo Prometeo, si te ha gustado esta, la que viene no te defraudará en cuanto a temática y acción.

Muchas Gracias Ralf por tus amables palabras. Y suerte con todos tus proyectos.

10 abril 2009

Próxima estación


Trenes que exhalan su humo como un adiós;
calles que esperan húmedas; polvorientas;
miradas broncas, arrugas de aluminio,
tímidas luces en rostros de cerámica.

Estaciones de tren, abracadabras de cristal,
puertas mágicas que cierran cuando abren
con su trasiego de peregrinos y devotos,
como boca de metro en la mañana gris.

Principio y fin, encrucijada de sudores y perfumes,
de risas con lágrimas y llantos de encaje,
escaleras como plantas trepadoras
con sus zarcillos peldaño a peldaño,
acaracoladas de principio a término.
como las nubes de Azorín.
Ojos difusos, pupilas vacilantes,
seres anónimos, sonrisas de papel
que pasean su suerte y tientan al destino
con su futuro de vidriera.

Y mientras todo gira ella parece quieta,
pero también derrama sus suspiros al aire
con su entramado de cables, trastes de guitarra,
pies de acero, urdimbre de metal.
Igual que ella, próxima estación,
así, de tarde en tarde, lanzamos a volar
las palomas de nuestros sueños.

“En realidad me marcho para poder volver”

09 abril 2009

04 abril 2009

Diario de un náufrago VI


Se extendió la costumbre entre la piratería del siglo XVIII del ojo por ojo: quien abandonaba su puesto en un navío era abandonado a su suerte en una isla desierta. Por eso no me extrañó encontrar nuevos restos humanos que Siri desenterraba de vez en cuando en sus juegos con la arena. Mi perrita Siri se había adaptado a nuestro retiro y estaba especialmente activa y divertida. Iba de aquí para allá con su ladrido afónico a tiempo y a destiempo, con motivo y sin él, a la vez que ensayaba saltos y piruetas ante todo bicho por pequeño que fuera que se le ponía bajo la trayectoria del radar de su hocico.

Como me tenía acostumbrado a su continuo guau guau, no reparé en que esta vez iba en serio y había dado con algo que podría cambiar el rumbo de nuestro alojamiento en la isla. Llamaba con insistencia mi atención desde detrás de una roca que permanecía camuflada entre árboles bajos. De manera que allí me dirigí para calmar su inquietud que ahora se había convertido en curiosidad propia.

Custodiada por unos árboles; detrás de unos tupidos matojos; por el través de un sendero angosto, mi perrita había dado con una hendidura que no habría llamado mi atención a no ser porque de ella fluía una apenas perceptible corriente de aire además de exudar de sus entrañas un leve destello de luz. Tenía todo el aspecto de ser una entrada a un mundo que pretendía estar vedado a ojos indiscretos. No había muchas cosas que hacer en la isla desierta, de manera que cualquier acontecimiento o brisa marina podía representar una novedad digna de ser tenida en cuenta.

Me costó trabajo seguir a Siri porque la hendidura sólo dejaba paso a bultos no demasiado voluminosos, pero tras varias maniobras y un poco de paciencia conseguí entrar en una estancia amplia y de techo alto. Tenía visos de haber servido de escondrijo a algunos antiguos moradores. Mi curiosidad iba en aumento cuando descubrí en la penumbra de la estancia algo así como una superficie que bien pudo servir de mesa y que ahora presentaba dos dedos del polvo debido a los años de no haber sido usada. Detrás de la mesa y escondido en una hendidura de la cueva advertí un cuaderno desgastado con algunas hojas rotas. Me acerqué a la entrada de la cueva y abrí por la última página. Pude leer lo que en letra atropellada había escrito en ella: busca la entrada secreta.

Tras varios días perdido en aquella isla no estaba para adivinanzas pero el mensaje, escueto parecía urgir en esa búsqueda. Salí afuera y comprobé que se trataba de un escondite muy bien disimulado en el entorno. Llamé varias veces a Siri pero no obtuve ninguna respuesta.

Aunque parece que vivimos muchas experiencias a lo largo de una existencia, lo cierto es que siempre se trata del mismo reiterado brete en el que nos pone la vida para que salgamos una y otra vez indemnes. Un nudo entrelazó mi pecho al recordar que siempre me había visto así desde que tengo memoria: a lomos de una aventura sin fin, en el vórtice de una zozobra infinita y completamente solo como lo estaba ahora en la isla a la que mi desventura me había conducido de manera inexorable. El sol se mecía, oblicuo sobre la tibia arena mientras a lo lejos escuché el rezongar de Siri que me buscaba.