03 noviembre 2008

Alma de blog III: la cebolla


Parece ser que todo lo que se nos cuela por la ventana de los sentidos solicitando nuestra atención nos toca con un doble propósito. Lo que en un principio es información necesaria, posibilidad de aventura y descubrimiento de un mundo fascinante, se convierte con el tiempo en un extravío (desvío) de lo que en verdad importa. Algo así como el dedo que señala un objeto: no es al dedo al que hay que mirar sino al objeto.

Pues bien, determinados intelectuales manifiestan una actitud o pose que consiste en interpretar la realidad a la manera de una sinécdoque. Según esta interpretación parcial, observan la realidad como formada por una sola capa de la cebolla y se sienten en la obligación intelectual de negar las otras capas e incluso de tirar por tierra todo lo que se sale de esa chata visión del mundo. Es la esclavitud de la propia miopía (pose). En cierta medida todos adoptamos esa postura, cada uno de nosotros en su campo de actuación cotidiana, como queriendo deslindar, diseccionar, separar, especializarnos para comprender mejor, pero luego nos encontramos con un miembro desgajado del cuerpo y olvidamos el cuerpo al que iba unido y del que formaba parte: nos dejamos enredar, pues.

Frente a esta postura hay otra: la de quienes creemos que la realidad es más rica y más abierta a sorpresas, que admite matices y que en ella hay lugar para lo mágico, lo misterioso, lo sublime y lo que no se puede nombrar porque si se le pone una etiqueta, caduca. Un ejemplo ilustrará de forma clara lo que quiero decir: mientras para algunos el corazón sólo sirve para bombear sangre (eso es quedarse atrapado en una capa de la cebolla, en una especie de burbuja que excluye todo aunque su verdadera intención sea contenerlo todo), para los poetas el corazón es una metáfora de ricos matices y profundo significado. Esto último es tomar la cebolla entera.

Hay una cita de León Felipe que siempre me llamó la atención es aquella que dice lo quemaría todo. ¿Qué particular caída del caballo hace considerar fútil, insustancial los propios escritos de un autor cuando se acerca su final? Mi respuesta apunta a la teoría de las capas de la cebolla: tal vez el poeta intuye que ha estado rondando siempre por la misma capa y hay una cebolla completa que se le escapó. (No sólo los poetas, hay muchos otros escritores que, de una u otra manera, lo ponen de manifiesto)

Todo esto hace referencia a la escritura; por ejemplo cuando leo al desasosegado Pessoa, por ejemplo, me viene a la cabeza la dichosa cebolla: todo es cierto desde una determinada visión pero puede ser irrelevante desde otra. La gran piedra situada a mitad de la montaña es una nimiedad vista desde arriba. Por supuesto que todo lo que uno siente, observa, vive, aun lo pequeño y nimio es respetable y valioso. Por lo tanto no critico al gran escritor Pessoa.

¿Cómo se aborda toda la realidad? ¿Cómo se deshace el ovillo completo, la cebolla entera? Una cosa es cierta: si miramos siempre desde una misma ventana o respiramos por la misma herida, otros mundos nos darán la espalda.



5 comentarios:

** dijo...

Tu prosa es muy buena y tus fotos, espectaculares!
Dónde obtienes tus fotos?
Un saludo

Prometeo dijo...

Hola ¿qué tal?

Muchas gracias por tu comentario. La mayoría de las fotos son mías o de viajes de familiares (como por ejemplo la que encabeza esta misma entrada); el resto son de la propia red.

Saludos

Annabel M. Z. dijo...

Es como la medicina alopática (la convencional, digamos) que escinde y no considera al cuerpo como un todo ni que además una parte fundamental en la enfermedad sea lo invisible (las emociones, y el espíritu o el alma o como se quiera llamar). Así la mayoría de las veces cura un órgano perjudicando el funcionamiento de otros tantos. Afortunadamente hay alternativas, como la homeopatía, que cada vez tienen más seguidores (en Francia entra en la Seguridad Social, por ejemplo) y eso es indicador de que algo está cambiando, ojalá.
Se me fue por ahí tu escrito. :)

Mar dijo...

Todos tendemos a simplificar las cosas (por falta de tiempo o de ganas, o quién sabe).
Yo también prefiero ver la realidad como una cebolla e ir deshojándola sin temor a lo que encontramos debajo.
Me gustó tu análisis. Saludos.

Anónimo dijo...

El simil de las capas de cebolla, me lleva a las capas de un tronco de un árbol, a más cantidad mayor edad, mayores vivencias, mayores sensaciones...

La realidad pues, quedaría abordada habiendo vivido y no se trataría de deshacer; si no de hacer.

Bueno está claro que cada uno interpretamos las palabras de forma distinta, a mí se me ha ido por este otro lado.

Besos.