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23 diciembre 2009

¿Conoces tú el camino de las nubes?



“Quiero ser tal cual he querido ser y no soy”*.

***

“Dicen que no existe nada más difícil que definir con palabras una espiral. Es preciso hacer en el aire, con la mano sin literatura, el gesto ascendentemente enrollado en orden. Pero siempre que nos acordemos de que decir es renovar definiremos sin dificultad una espiral: es un círculo que sube sin conseguir cerrarse nunca. Lo diré mejor: una espiral es un círculo virtual que se desdobla subiendo sin realizarse nunca. Buscaré otra definición más concreta: una espiral es una serpiente sin serpiente enroscada verticalmente en ninguna cosa”*.

En el centro de la imagen hay una niña que pronuncia un discurso con un micrófono en las manos. Quiere ser periodista. Fuera de foco, un perrillo llora. La imagen de la niña atrapa mi atención por entero. Quiere hacerme una entrevista. Me pongo serio, es decir, tomo sobre mis hombros el encargo implícitamente encomendado y todo se transforma. Respondo a sus preguntas como tantas veces habíamos visto hacer a decenas de entrevistados en la televisión y los ojillos de la niña refulgen de pura emoción.

También está el perrillo. Llora. Lo miro. Me mira. Ríe a su modo. Si lo miras bien hay muchos centros. Vivir es crear historias por donde corretean una niña y un perrillo.

Pero ahora dime, ¿conoces tú el camino de las nubes?**

Hoy las nubes nos traen memoria de la Navidad. Felices fiestas amigas; felices fiestas, amigos. ¡Vivid!, ¡Amad!, ¡Soñad!, ¡Reíd! ¡Sed felices!

“Cada persona me trae una noticia. Todo está en todo”*.

* Fernando Pessoa

** Azorín

02 noviembre 2009

Alma de blog VII


En la página www.aviondepapel.tv se suscitó un debate sobre Kafka a raíz de una conferencia de Eduardo Mendoza en la que el autor de “la metamorfosis” no salía muy bien parado que digamos. Según he podido constatar, cuando un escritor habla de otro, ya se trate de los llamados consagrados o de algún contemporáneo, es mejor tomar sus declaraciones con pinzas, sin que esto suponga juicio de intenciones sobre Mendoza. La creación literaria es un conjunto de actos de complicación cambiante y donde intervienen muchas variables y es siempre arriesgado ponerse en la piel de otro y juzgar su proceder.

Viene a cuento aunque sea de manera tangencial y lo tomo sólo como excusa para comentar el intento de “censura amiga” que sufrí en mis carnes no ha mucho tiempo en este mismo blog, y a la vez me sirve para hacer alguna reflexión de tipo general. La queja, no me cabe duda de que era bienintencionada, pretendía marcar el temario, establecer qué asuntos debía tratar y qué otros no eran propios de mi forma de escribir; qué gesto connotaba adolescencia y qué otros rasgos denotaban madurez, etc. También los caminos del descontento son infinitos. La reflexión personal que motivó esa intentona fue que quien escribe, bebe de sus propias fuentes, algunas exteriores y otras interiores y que su universo mental, de intereses, afectivo, etc., es uno y no otro; su imaginario temático, los motivos, los mares donde naufraga, los argumentos son asunto personal y mantengo la opinión de que mientras de un pozo se extraiga agua conviene que el cubo descienda una y otra vez, brocal abajo, hacia las más profundas y húmedas oscuridades.

Por supuesto que la técnica es otra cosa y por ahí baila, si no he entendido mal, la crítica kafkiana, pero también es genuina la forma de atacar un asunto (a la manera como se ataca una nota en una pieza musical) y enfocar una historia. Hay autores que parten de un esquema previo y hasta que no tienen cerrada la historia que van a contar no escriben ni una sola linea; hay otros que se apuntan al estilo “kamikaze” y emprenden la tarea de componer un rompecabezas que irá tomando sentido conforme avance la historia. Habrá tantos estilos como colores.

Leamos y escribamos con la intención de encontrar al menos una perla en cada escrito. Es verdad que tanto las perlas como los buenos amigos escasean.

02 junio 2009

El séptimo sello


Frotis de sangre


Que venga el valiente que proclama
que nadie escribió jamás
con la misma sangre que hoy gotea de su pluma.
Letras, palabras, frases, párrafos,
pensamientos, elucubraciones.
¿Qué tenéis que decir?

Tras siete días big-benianos
que sacudieron los cimientos del cosmos
todo está ya creado, sólo queda pendiente
el engorroso y monótono ejercicio de inventario.
¿Para cuándo una nueva creación y un mundo nuevo?

La paloma no ha dejado de volar. Mas el tiempo apremia.

Escucha: después de todo
hay un sólo corazón
que bombea mi sangre…


24 mayo 2009

Memorias de sueños



Solía sentarme al teclado del ordenador bajo los sones de una música apropiada a cada caso: barroca, new age, rock, romántica... Sí, igual que otros se sientan debajo de un limonero para percibir sus efluvios. A continuación me entregaba a tantear un poema alegre o triste, pasar algunos pespuntes al diario, escribir un par de párrafos de una historia traída al azar de un sueño, o pasar a limpio las notas tomadas al sudor de la última ruta sendero arriba de la montaña mágica. Luego dejaba macerar aquellas cuatro ideas en mi cabeza y a esperar la cosecha: lo que cae hacia arriba para el cielo y lo de abajo para el poeta. No todo duerme por la noche, ni se pierden unas ideas cuando piensas en otras. El órgano mágico es el cerebro a pesar de cierta adscripción femenina a la leyenda negra masculina. El método se reveló infalible.

Y así siempre desde el día en que decidí que sería un escritor. Ojo: un escritor anónimo, un nick sin rostro para no contribuir a hacer caer la atención por el tobogán de la curiosidad especulativa.

Como surgen a borbotones los juncos de la ribera bajo el pincel del pintor así brotaban libres cada una de las historias; se destacaban unas, se demoraban otras. Si la pintura necesita solidificar, ¿cómo no va a precisarlo la escritura? Varias ventanas abiertas; de una a otra y entre las flores un informe de trabajo. Y de pronto una de aquellas historias se destaca.

Pero no siempre ocurría así. Me acuerdo de un día que en la falda de una montaña sentí unas ganas irrefrenables de poner por escrito cierta historia que me cortejaba con insistencia. Dejé la mochila y me agazapé bajo un árbol. El pequeño cuaderno está listo, pero la historia se esfuma en cuanto la pretendes atrapar. Mochila al hombro y sigue el sendero. Más madera: más maceración. ¿Y si la historia se olvida? Volverá, sin duda, como las oscuras golondrinas de Bécquer.

Recuerdo un sueño que tuve una vez. Por aquél entonces mantenía un diario con mis especulaciones oníricas y a eso de las dos me desperté: no era cualquier cosa, el contento que me embargaba daba fe de ello. Siempre anotaba mis sueños pero esa noche me recreé tanto en él, fue tan vívido y nítido que pensé que no lo olvidaría jamás. Pero a la mañana siguiente no encontré sino una gran frustración. Lo había olvidado todo y sin duda era muy importante. ¿Por qué nos gasta estas bromas nuestra mente? Los antiguos buscaban el santo grial: yo lo había encontrado y olvidé la llave por culpa de un par de horas de sueño. Hace años y aún me culpo por aquello.

Sí, parece el juego del gato y el ratón.

29 marzo 2009

El vuelo de la luciérnaga



Un virus mortal, un robo perfecto, una fecha crítica, un atentado terrorista, la CÍA, el FBI, el proyecto Alfa Centauro… ¿Una obra de ficción? O no…

En dos sentadas me embaulé este libro cinematográfico, de acción trepidante, suspense y algo más recién publicado en España y que ha llegado a mi poder. La obra sin duda promete.

Una trama vibrante urdida a partir del macabro plan de un asesino en serie y su mortífera arma, ¿un ingenio cibernético? Su persecución dispara un conjunto de intrigas sobre alteradores bioéticos, un estudio sobre el genoma humano (el proyecto HUGO) y sus terapias génicas, experimentos del ejército norteamericano con su corolario de malformaciones y demás daños sobre la población civil hasta llegar en un viaje frenético hasta el desenlace final que se muestra con sus perfiles siniestros.

Enlace al blog del autor: (veo que el enlace a fecha de hoy, julio 2025, no funciona). Enlazo con la editorial

29 enero 2009

Quienquiera que fueres


Te advierto quienquiera que fueres, ¡oh tú! que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el tesoro de los tesoros, ¡oh, hombre! conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses. Inscripción en el Templo de Delfos.

Los ilustres sabios de la antigüedad, las grandes tradiciones religiosas, los notables y minuciosos escritores, todos ellos empujaron ese carro: conócete a ti mismo. Hay frases que han sido repetidas a lo largo de la historia y las que encabezan este escrito, más. Siempre fascinantes, incluso cuando uno es niño y apenas las entiende. Lo cierto es que el ser humano se ha rodeado con frecuencia de mitos y ha hecho de ellos un báculo en su caminar por este mundo extraño y misterioso. Leyendas, paradigmas, modelos, ejemplos, balizas, señales… para no perderse en la oscuridad de la noche.

La poesía es uno de esos apoyos, por eso es tan necesaria. Y la literatura en general. Es frecuente sentir curiosidad a edad temprana por esa alquimia de las palabras, dispuestas con una configuración concreta y con una métrica estudiada dentro de un eco. La soledad sonora, la música callada del místico Juan de Yepes, San Juan de la Cruz. Poesía: ritmo, métrica y música callada entre períodos. Y Flaubert: me verás reventar entre la escritura de dos periodos.

En realidad todos recorremos las mismas o parecidas rutas, paramos en las mismas fondas, contamos las mismas experiencias, aunque cada uno con un ritmo y toque propios. Por eso a veces unos van camino de donde otros regresan. Somos, sin saberlo, buscadores del origen y vamos de vuelta a casa y en el regreso vemos retornar a los peregrinos que traen en sus mochilas las nubes de Azorín. Vencidos o triunfantes, volvemos. Ya me alejé demasiado, vuelvo a casa. No tengo casa a la cual volver, no importa, vuelvo al origen, al corazón, al poso que dejó la vida y que nos configura como lo que somos. Tu casa está donde alguien te espera. Todo está dicho ya.

Otra que tal. La alquimia es uno de esos senderos que fascinan porque toca la fibra sensible, lo más profundo de uno mismo. Tanto da que el objetivo sea unas veces la búsqueda de la piedra filosofal, otras transmutar metales menos nobles en oro y otras al fin la consecución de la vida eterna. Juego de espejos metafórico, simbología del cambio interior que se tiene que producir para encontrar el Santo Grial, la espada, el oro, la vida eterna: la transmutación del ser primitivo en romero con corazón. “Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo”, cantaba León Felipe.

Senderos, prados verdes, fuentes, majadas; aunque sea al este del Edén. Conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses. Conoce tus límites y tus puntos fuertes. Viajamos a lomos de una gran contradicción: no somos nadie y somos todo; a la vez frágiles y fuertes; capaces de lo mejor y cómplices de lo peor. Como un caballo sin memoria que no se acuerda ya de la última valla que ha saltado, según el poeta León Felipe.

Mi amado, las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos;

la noche sosegada,
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora;


El que faltaba: San Juan de la Cruz

29 diciembre 2008

De profundis


Cuando era un chiquillo me contagiaron el virus de los ideales renacentistas y de la ilustración a través de las studia humanitatis. 

Llegué a ser así pretendiente ingenuo de todos los saberes y amante oficioso de los innúmeros vericuetos recorridos por los humanos desde todos los puntos del vasto territorio de las ideas. Y eso, tarde o temprano tiene que doler. No me arrepiento, sino al contrario, estoy profundamente agradecido.

Uno procura no facilitar muchas pistas sobre sus andanzas por esos mundos de Dios porque tras cada esquina acecha una caterva de contables que tiene como encargo redactar inscripciones expeditivas y ponerlas sobre la cruz (lignum crucis) de cada mortal. Ya saben, todos esos que han descubierto en el análisis del discurso una cuña, un pretexto y una herramienta que les es muy útil para descalificar a los que no piensan según lo que se ha dado en llamar lo políticamente correcto.

La infancia y la infamia. De todo ese mundo de la infancia, adolescencia y primera juventud proviene mi gusto por la antigüedad clásica, mi afán por las letras y mi curiosidad por el conocimiento en general;  y de los copistas de la infamia, mi descreimiento en los frutos de la inteligencia cuando está atacada de sectarismo, de mera simpatía generacional o anegada por el oropel de la moda.

Dos mundos siempre presentes que es preciso ponderar para tomar impulso,  en estos momentos en que  marcamos un hito en el año que nos dice adiós, una muesca más (en realidad menos) en los pliegues de nuestra vida que avanza; recordar el sedimento del pasado que se fue y del que somos deudores y descreer de los que hoy han hecho subir varios puntos los niveles de desprecio por las humanidades y de ataque abierto, incurriendo en flagrante delito porque ellos son los  responsables de custodiar los saberes.

“Cuando el mundo exterior asquea, hace languidecer, corrompe, embrutece, las personas honestas y delicadas están obligadas a buscar en alguna parte de sí mismas un lugar más limpio para vivir”, decía Flaubert en una carta dirigida a su musa Louise Colet.

Ese lugar está abastecido por las humanidades, hoy llamadas ciencias humanas:  literatura, historia, filosofía, antropología, el arte y demás recolección de la historia de la cultura y de los valores humanos y espirituales  en general.


“Las perlas forman el collar pero el hilo es el que hace el collar”
. Otra vez Gustave Flaubert.

06 diciembre 2008

Enciclopedia de la idiotez


Y, claro, fue todo un hallazgo cuando descubrí lo que Flaubert se llevó entre manos toda su vida como idea recurrente que le persiguió desde la niñez: elaborar algo así como un diccionario enciclopédico: Dictionnaire des idées reçues, le llamó él, que en España se publicó con el nombre de Diccionario de los lugares comunes.

Flaubert nunca terminó su obra, Bouward y Pécuchet, donde aparece incluido el diccionario. Su objetivo fue dejar al descubierto los tópicos que, según expresó en diferentes ocasiones, son un lodazal para la inteligencia. La democratización del saber conduce a la generalización de saberes superficiales, según Flaubert. O dicho de otro modo: el conocimiento progresa pero la idiotez también. Y crece y se agiganta. La palabra se convierte así en un simple depósito de lugares comunes, y Flaubert se aplica a hacer el inventario de esos
tópicos.

Hoy, Internet es como un caballo de Troya en el interior de las conciencias que contribuye de forma poderosa y nunca sospechada por Flaubert a la generalización del conocimiento. Y también de la necedad. Hay tantos jugadores de ventaja de las palabras que se encargan de despojarlas de su aliento de vida (élan vital) para convertirlas en un saco, cáscara o mero depósito, que la lucha se presagia encarnizada.


P.D. Entradas, a modo de ejemplo, del diccionario de lugares comunes de Gustave Flaubert:


Calvicie.- Siempre precoz, la causan los excesos de juventud o la concepción de grandes pensamientos.

Derecho (el).- No se sabe qué es.

Desierto.- Produce dátiles.

Diamante.- ¡Se terminará por producirlos artificialmente! ¡Y pensar que no es más que carbón! ¡Si lo encontráramos en su estado natural ni siquiera lo recogeríamos!

Diccionario.- Decir de él: "Esta hecho para los ignorantes".

Economía Política.- Ciencia sin entrañas.

Higiene.- Siempre debe ser mantenida correctamente. Evita enfermedades cuando no las causa.

Imbéciles.- Quienes no piensan como uno.

Laconismo.- Idioma que no se habla ya.

03 noviembre 2008

Alma de blog III: la cebolla


Parece ser que todo lo que se nos cuela por la ventana de los sentidos solicitando nuestra atención nos toca con un doble propósito. Lo que en un principio es información necesaria, posibilidad de aventura y descubrimiento de un mundo fascinante, se convierte con el tiempo en un extravío (desvío) de lo que en verdad importa. Algo así como el dedo que señala un objeto: no es al dedo al que hay que mirar sino al objeto.

Pues bien, determinados intelectuales manifiestan una actitud o pose que consiste en interpretar la realidad a la manera de una sinécdoque. Según esta interpretación parcial, observan la realidad como formada por una sola capa de la cebolla y se sienten en la obligación intelectual de negar las otras capas e incluso de tirar por tierra todo lo que se sale de esa chata visión del mundo. Es la esclavitud de la propia miopía (pose). En cierta medida todos adoptamos esa postura, cada uno de nosotros en su campo de actuación cotidiana, como queriendo deslindar, diseccionar, separar, especializarnos para comprender mejor, pero luego nos encontramos con un miembro desgajado del cuerpo y olvidamos el cuerpo al que iba unido y del que formaba parte: nos dejamos enredar, pues.

Frente a esta postura hay otra: la de quienes creemos que la realidad es más rica y más abierta a sorpresas, que admite matices y que en ella hay lugar para lo mágico, lo misterioso, lo sublime y lo que no se puede nombrar porque si se le pone una etiqueta, caduca. Un ejemplo ilustrará de forma clara lo que quiero decir: mientras para algunos el corazón sólo sirve para bombear sangre (eso es quedarse atrapado en una capa de la cebolla, en una especie de burbuja que excluye todo aunque su verdadera intención sea contenerlo todo), para los poetas el corazón es una metáfora de ricos matices y profundo significado. Esto último es tomar la cebolla entera.

Hay una cita de León Felipe que siempre me llamó la atención es aquella que dice lo quemaría todo. ¿Qué particular caída del caballo hace considerar fútil, insustancial los propios escritos de un autor cuando se acerca su final? Mi respuesta apunta a la teoría de las capas de la cebolla: tal vez el poeta intuye que ha estado rondando siempre por la misma capa y hay una cebolla completa que se le escapó. (No sólo los poetas, hay muchos otros escritores que, de una u otra manera, lo ponen de manifiesto)

Todo esto hace referencia a la escritura; por ejemplo cuando leo al desasosegado Pessoa, por ejemplo, me viene a la cabeza la dichosa cebolla: todo es cierto desde una determinada visión pero puede ser irrelevante desde otra. La gran piedra situada a mitad de la montaña es una nimiedad vista desde arriba. Por supuesto que todo lo que uno siente, observa, vive, aun lo pequeño y nimio es respetable y valioso. Por lo tanto no critico al gran escritor Pessoa.

¿Cómo se aborda toda la realidad? ¿Cómo se deshace el ovillo completo, la cebolla entera? Una cosa es cierta: si miramos siempre desde una misma ventana o respiramos por la misma herida, otros mundos nos darán la espalda.



05 octubre 2008

Teoría de conjuntos



Fue una fiebre que reformuló las matemáticas de la mano de la lógica con traspiés incluido en la llamada paradoja del barbero de Bertrand Russel que, en versión libre, dice así:

El único barbero de un pueblo fue conminado a rotular en su establecimiento un cartel con este mensaje: sólo afeitaré a aquellos que no se afeiten a sí mismos. ¿Quién afeitará al barbero? se preguntaban los lugareños.

Porque si el barbero cumple con su palabra y no se afeita entonces pertenecerá al conjunto de quienes no se afeitan a sí mismos y, por lo tanto, podría afeitarse; pero en caso de hacerlo pasaría a formar parte del conjunto de quienes se afeitan a sí mismos y por lo tanto no podrá afeitarse. Un bucle sin fin, una paradoja que colisiona con la lógica y pone de los nervios al más templado. Pero yo no discuto la teoría de conjuntos, esa herramienta útil en tantos campos.

¿Es la vida una continua paradoja? ¿Qué pasa con el oficio de escritor? El que escribe manipula también parcelas de la realidad. Un poema o una música, por ejemplo, se configuran a través de un conjunto de hechos, sentimientos, sonidos en constante articulación entre la simetría y la asimetría (variación que también genera belleza), etc., que el poeta o el músico percibe y plasma en un papel o en otro medio. Cada afirmación provoca la rebeldía del resto de las palabras. Y del lector.

Ocurre con frecuencia que al afirmar algo parece que negamos muchas otras cosas aledañas. Pero no siempre es así. ¿Habrá que escribir un ensayo, declaración de principios, manual de estilo o catálogo de afirmaciones a la luz del cual se ha de interpretar todo lo que se diga con posterioridad de manera tal que matice cada afirmación que hacemos? Las objeciones provienen en gran parte de esta paradoja. Hablar (escribir) debería de partir de un consenso según el cual no se pueda hacer imputaciones al que escribe o habla sobre la base de suposiciones o prejuicios referentes a todo lo no expresado, sino sólo sobre la consideración de lo que explicita en cada caso. Por poner un ejemplo suave: si afirmo que estoy en contra de las corridas de toros (sólo de esas) no se puede deducir de tal afirmación que estoy a favor de la desaparición del toro bravo o que estoy de acuerdo con los procedimientos utilizados en los mataderos para poner fin a la vida de las reses, y entrar todo seguido en un bucle de descalificaciones espurias. El debate así se hace imposible. ¿Es también imposible la escritura mediante el expeditivo artilugio del sofisma? ¿Estamos ante una de las dificultades (handicap o más aún, aporía) de la comunicación humana?

26 septiembre 2008

Trébol de cuatro hojas



Encontré un trébol de cuatro hojas. Había oído decir a los botánicos que por cada 10.000 tréboles de tres hojas aparece uno de cuatro. La proporción no está nada mal, así que pensé que era mi día de suerte y ese hecho casual confirió a mi rostro una luminosidad a la que no estaba acostumbrado.

Para mi las palabras son como puertas secretas a un mundo ignoto. Si además acarician el oído entonces gozan de la virtud de un aceite que suavizara los engranajes de un mecanismo complicado. Trébol, bonita palabra ¿no? Pensé…

Caminaba absorto en mi sonrisa cuando de pronto llegó a mis oídos un rumor suave como el que produce el cubo torpe al verter al fondo el agua que pretende sacar de un pozo. No recordaba el discurrir de manantiales en los alrededores así que presté más atención para percatarme de aquello tan extraño que percibía, como le ocurre a quien cae en la cuenta de que lo que tiene ante sí se escapa de lo cotidiano.

Arrecié el paso cuando advertí que alguien parecía seguirme. Lo encaré y al punto me encontré con los ojos de mi vecino que con su aspecto bonachón me observaba con mirada inquisitiva. En su mano portaba un trébol de cinco hojas. Bueno, tampoco las gracias vienen solas, pensé.

Sin mediar palabra y con una sonrisa de satisfacción, como corresponde a los dos seres más afortunados del paraíso, seguimos ambos el camino hacia una amplia calle que fue, de antaño y alternativamente, paso de cabras y rambla y cauce de aguas de lluvia. Pero a los pocos metros nos percatamos del desastre: las últimas tormentas habían convertido la ancha avenida en río caudaloso que arrastraba a su paso muebles, enseres y animales de compañía. Hacía falta agua, eso es cierto: hela aquí. Mi casa estaba toda anegada y sucia pero mi mujer había sobrevivido a la catástrofe. La casona señorial de mi compañero de trebolada fue la única de la urbanización a la que no alcanzó el agua.

Yo fui feliz, a qué negarlo y mi vecino con su trébol de cinco hojas continuó siendo inmensamente rico. Mis amigos los botánicos no me han sabido decir por cada cuántos tréboles de cuatro hojas se deja caer uno de cinco.

02 septiembre 2008

Aisladas



Como una peonza a su cuerda estoy trabada a ti. Siento que estás cerca y hasta noto el aire de tu respiración que suspende los cabellos de mi nuca, como alza el vuelo el águila en la roca. Brincan las agujas de reloj un solo segundo e imagino que tú viertes tu néctar sin descanso al igual que yo avivo el fuego de mi hogar sin tardanza. Somos émulas del tiempo que transporta la vida de un lado a otro; siega la vida de un lado a otro.

Una celda y otra celda y otra celda. ¿Vivimos encerradas? ¿Presas en un laberinto de sueños? Uncidas la una a la otra y la otra a las unas sin posibilidad de desligarnos nunca, como bueyes monótonos. Tras cada tic tac del reloj mi cuerpo es rociado por un valioso presente que tú me envías; anega tu alma el regalo que yo te entrego. Tantas y sin embargo, una. Somos el milagro continuado de la vida y hemos aprendido a darle esquinazo a la muerte para que no nos toque nunca con su dedo, despachamos el futuro y demudamos el rostro del presente. Somos muecas, casi traspiés, iris de ojos, martillo y tímpano, ¿celada?

Y nuestro nombre es legión:
cella, cópula, cesura, celda, célula
PD. El dibujo está tomado de Alzheimer.org.

30 agosto 2008

Ecos de Montaigne



Hoy no tengo ganas de hablar. Será porque me he levantado con el pie izquierdo, y a mi lengua le cuesta trabajo moverse; de manera que hoy no me siento inclinado a hablar mucho, lo cual tiene sus ventajas porque es bien sabido que cuando una persona amanece con la boca llena dice tonterías de muy diversa índole, y más tarde se arrepiente de su locuacidad. En fin, que para no querer hablar me estoy retrasando en prolijas explicaciones sobre algo tan nimio, en vez de empezar, como Dios manda, por decir quién soy. (Ahora me acuerdo de una frase que me gustó mucho cuando la leí: ¿Cómo decir quién soy cuando yo soy todo esto?, y el escribano se refería a cuanto le rodeaba: seres, cosas, mundo…; en griego, todo, se dice pan; cuando yo era chiquillo a las mujeres se las piropeaba así: ¡estás más buena que el pan!, ahora me explico. Pues eso: quién soy yo. Me llamo José. No, no es ninguna tontería decir me llamo; lo que pasa es que no tengo ganas de hablar, pero cuando me escucho a mí mismo decir ¡José!, eso es un nombre, y me azoro mucho y no sé el motivo; por ejemplo cuando me oigo: ¿Qué haces, José?, un escalofrío surge por la espalda y me recorre no sólo el cuerpo sino mi completo pan, y esto no sucede cuando alguien (del exterior, digamos) pronuncia mi nombre.

De manera que me llamo José. Y debo decir, (para quien se haya puesto a leer inocentemente este panfleto sin saber de qué va) que lo que tienes en pantalla es una carta (aunque especial) al mundo (urbi et orbi, vaya); es decir: no a un destinatario conocido (lo cual me obligaría a ser concreto y a llevar mucho cuidado con las palabras -y esto sin ninguna garantía de que un malentendido aquí y otro allá no arruinara todo intento de comunicación-), sino al mundo, así, en general; pero que no cunda el pánico pues yo no voy a pedir nada, ni a sacarle los colores a nadie, sino simplemente a escribir hasta que me canse (que será pronto); y el hecho de que el cúmulo de eventos sin propósito que constituye este panfleto no tenga el aspecto de una carta normal y corriente es porque hoy no tengo muchas ganas de hablar ni de recrearme con formalismos. Vaya, vaya, tras escribir carta al mundo he cavilado: ¡pero qué narices le importará al mundo lo que piense José!; bueno, y a José, a veces, le ocurre lo mismo con el mundo. Pero por otra parte, decir José, no es decir mucho, igual valdría citar a Pedro, o a Juan, ... y a lo mejor hasta es por eso, que como somos tantos, pasamos unos de otros sin apenas esfuerzo. Y lo de especial es porque las normas requieren de una carta que tenga un destinatario preciso y ésta no lo tendrá. A lo que íbamos: como hoy no tengo ganas de hablar, pues me dirijo al mundo, en abstracto y así nadie se ofende ni se siente señalado y yo tampoco tendré que dar explicaciones. ¡Estoy harto de dar explicaciones! En fin, a lo mejor lo que voy a contaros son acontecimientos sin sustancia, cabos sueltos, pero, bien mirado, las cosas en la vida ocurren así: los acontecimientos que nos abordan no vienen atados todos en el mismo fardo como si de cosas homogéneas se tratara (cebollas con cebollas), es José el que los asocia y saca sus conclusiones, pero hoy no quiero ni sacar conclusiones, es que no tengo ganas de ... Quisiera hablar como lo hace el viento: no para emitir un mensaje acotado por la significación de unas cuantas palabras conjuradas con más o menos acierto, sino a la manera del viento que pasa y nos trae como torbellinos de sensaciones que cada cual percibe a su modo. Ahora me acuerdo de un sueño que tuve días atrás. Soñé que estaba en un desfiladero de esos que aparecen en las películas del oeste. La calma más absoluta me acompañaba cuando una racha de viento se me echó encima. La oí sortear la vertiente, luego se deslizó entre los matorrales, avanzó por entre las piedras del valle, se encaramó hasta un peñasco, descendió a ráfagas hasta donde me encontraba y abofeteó, sin convicción, mi cara. Estaba solo y grité: ¡¡Hooolaaa!! Un coro de voces repetía de forma entrecortada “hoolaa, hoolaa” … rebotando aquí y allá, mientras en mi cabeza se rumoreaba: al mundo qué le importa lo que piensa José. Así era la cosa: yo gritaba a un montón de piedras que me devolvían los mismos sonidos amplificados, ante la duda de si las piedras repetían mis palabras o a lo mejor es al revés, que yo daba forma al puro clamor de las piedras vivas. Y me desperté con este pensamiento:
¡cuánto saber callan las piedras!

Yo, la verdad, mucha, mucha fe en las palabras, no tengo. La sentencia popular afirma: hablando se entiende la gente, pero yo no lo veo así; más que como atajo yo experimento el lenguaje como una carrera de obstáculos; no quiero exagerar pero es lo que compruebo a diario. Y
soy un enamorado del lenguaje, no creas. Hay palabras que me fascinan por su sonoridad, como pórtico, bóveda, tálamo, me gusta repetirlas, no se si es por su virtud de esdrújulas o porque para mi tienen un significado no manifiesto, algo así como un mensaje. (Iba a poner significado oculto pero tal vez esta palabra tenga connotaciones que no quiero que empañen el sentido de la frase y me he visto en la obligación de sortearla -como se hace con un obstáculo-). En fin, pensamientos irrelevantes que me permito introducir en esta carta ya que no hay compromisos previos ni falsas expectativas y así nadie se sentirá decepcionado. Cabos sueltos; sí, sí. Así podría haber llamado a este escrito, si bien el nombre no tiene importancia y prueba de ello es que en el transcurso de la carta se agazapa, tras cada párrafo, un nuevo nombre al que sucederán otros hasta el punto final. Creo que todos somos cronistas privilegiados de la vida y todos llenamos unas cuartillas, aunque tal vez no con lápiz y papel, y en alguna ocasión he imaginado que cada uno de los seres que poblamos la tierra somos portadores de una palabra que vamos trabajando como el cantero a la piedra, cada expresión cumpliendo su oficio en el gran pergamino que es el mundo hasta completar algún mensaje. Yo, un humilde artículo, el otro un verbo, palabra por excelencia, (por eso si digo: amo, me estoy nombrando más que si digo José -a condición de que no sea una palabra hueca-); y de rondón llegamos a lo que los expertos llaman un realizativo, que es algo que, en el momento que se emite la expresión, está haciendo la persona que la emite: “Sí, juro” (desempeñar el cargo con lealtad, honradez … expresado en el curso de asunción de un cargo, _J.L. Austin_). De ahí crece mi sospecha de que cada uno de nosotros somos un realizativo y vamos, polvo de playa, trigo de granero, construyendo-manteniendo el mundo. Y es así como escribimos la otra historia (no la historia de la humanidad que es más restrictiva y antropocéntrica sino del mundo, comprendiendo en él a los otros compañeros de viaje: plantas, animales y piedras. En fin, puede ser que debido a mis pocas ganas de hablar esté hilvanando hoy una serie de pensamientos sin sentido ni conexión alguna y aburra hasta las piedras. Aburrir a las piedras: una frase hecha muy poco afortunada que para mí incurre en dos errores: uno, el suponer que las piedras están muertas y dos, el creernos tan importantes como para pensar que las piedras van a estar pendientes de nosotros como si no tuvieran nada mejor que hacer... Es curioso: las palabras nos llevan unas a otras y de rondón nos encontramos como dando vueltas a una peonza, y así dice Antonio Gala: mi pasión es continua, como el péndulo de un reloj que se mueve ignorante de la hora que marca que parece el eco de esta otra frase de Gustave Flaubert: Se aplicaba a cumplir sus deberes como un jaco de noria que da vueltas, con los ojos vendados, sin tener ni idea de la tarea que desempeña. Y es que, quizás, usemos siempre las mismas palabras porque están todas ya pronunciadas. Puede ser que haya una matriz con unas cuantas palabras o ideas raíces de las que salen todas las demás, como afluentes o derivaciones de un gran río caudaloso, pero ocurre que pronunciadas éstas, las demás son pura repetición (variaciones sobre el mismo tema). Después de que Cervantes pariera la obra maestra de la humanidad, ¡a ver quién es el genio que se pone a su altura! Alguien podría achacarme cierta afición por los mitos, y efectivamente creo que el imaginario colectivo está plagado de pistas dejadas aquí y allá que nos pueden ahorrar muchas vueltas de noria. No sé; si no estuviera tan cansado y con tan pocas ganas de hablar podría matizar mucho más todo esto que aquí es sólo un esbozo atropellado y caótico.

Bueno, tendré que poner punto final de alguna manera a este escrito aunque me temo que el final no va a ser muy diferente del principio. Otro día, cuando me encuentre más locuaz, a lo mejor me extiendo y escribo un ensayo sobre cosas serias, tras consulta atenta de una abundante y autorizada bibliografía, y sin olvidar el uso adecuado de los eufemismos que con tanta profusión y descaro han venido a sustituir por completo a la realidad, pero baste por hoy con lo dicho y aún sospecho que me he prodigado más de la cuenta y he abusado de la paciencia de quienes me leerán (que es mucho suponer). Ya termino: creo que lo correcto sería concluir esta carta como lo que es aunque su principio y desarrollo dejen mucho que desear. Por lo tanto me dispongo a saludar a todos, a expresar mis mejores deseos de paz y bienestar y a animaros a contestar estas letras pues me interesa tener noticias de cada uno de vosotros, conciudadanos del mundo. Afectuosamente.

José

13 agosto 2008

Nabokov



El periodo de vacaciones es propicio para muchas actividades y entre otras la de leer o releer libros interesantes. Acabo de leer un libro que a reúne las conferencias que Vladimir Nabokov, uno de los grandes de la literatura mundial, impartió en la universidad. Su curso de literatura europea, que así se llama el libro, trata sobre los comentarios de Nabokov sobre obras maestras de los genios de la literatura del siglo XX: Flaubert, Proust, Kafka, Dickens, Austen, Stevenson, Joyce.

La obra es una delicia y leer las notas tomadas por sus alumnos de los comentarios de Nabokov sobre Madame Bovary o En busca del tiempo perdido o sobre La metamorfosis es todo un placer inigualable.

Insistía mucho Nabokov a sus alumnos sobre una idea: que huyeran de interpretar obras como Madame Bovary o Por el camino de Swann en clave autobiográfica, porque, -decía-, toda obra es pura ficción, creación de su autor: todo lo que ocurre en el libro ocurre exclusivamente en la mente de Flaubert, afirmaba en referencia a Madame Bovary. Lo que yo deduzco de su advertencia si la he interpretado bien es que no se puede buscar con lupa la correspondencia exacta de cada acontecimiento narrado con hechos reales de la vida del autor, si bien toda obra no puede ser por menos que autobiográfica en un sentido amplio.

Y esto es así porque si bien el autor construye, (crea) una obra desde la ficción, no es menos cierto que cada autor sólo puede hablar de lo que siente, contempla, fabula, experimenta, en suma con un sistema receptor (su propio cuerpo – cerebro - mente - espíritu) con el cual percibe la realidad. Cada hecho narrado no es el correlato de una autobiografía, pero cada obra es autobiográfica en la medida en que el observador (creador) es uno y no otro y la ficción creada se contagia irremediablemente de las percepciones del creador que dejan su huella en cada obra.

Y otra recomendación repetida por Nabokov que es todo un camino para un escritor: acariciad los detalles.

20 julio 2008

Peldaño realizativo



Cuando uno es joven está convencido de que se va a comer el mundo, que va a resolver él solito todos los enigmas y a despejar completamente las incógnitas. Las persistentes injusticias quedarán corregidas y los desafueros, reparados.

Con la rueda de las estaciones renovada cada año uno se da cuenta de que eso no va a suceder así y que el protagonismo que la vida nos tiene reservado generalmente es mucho más discreto y se refiere a una parcela muy pequeña y cercana y no a la totalidad del mundo y de las cosas y eso suponiendo que para entonces no haya hecho estragos en nosotros el escepticismo o directamente la apatía o la indiferencia.

Un peldaño en la escalera, eso somos. Lo importante es mantenerlo aseado y dispuesto para que sirva de necesario paso a los viajeros, incansables buscadores del origen. Ahí es nada. Esmerado, impecable, deslucido, gastado; pero para que haya escalera es imprescindible cada peldaño. La cara y la cruz: sólo un peldaño y nada menos que un peldaño.

Somos, pues, un escalón junto a otro escalón en continuo ascenso hacia el infinito. Concepto este que me lleva, burla burlando, a otro que los expertos en lingüística denominan un realizativo, querencia prometeica, que se refiere a la palabra o frase que un emisor concreto pronuncia en un contexto adecuado: (declaro abierta la sesión, por ejemplo). No es una frase como otra sino que en ese mismo momento se realiza lo que allí se dice. Me sospecho que cada uno de nosotros somos como un realizativo y en su virtud vamos construyendo-manteniendo el mundo.

Escalones, realizativos. No somos simple decorado ni espectadores pacientes, sino que participamos de la trama y de la acción en un mundo mágico. También en el territorio misterioso y fascinante de la literatura.

Cierto es: el primer realizativo fue el "hágase la luz". Y la luz se hizo: el ilimitado poder de la palabra.

P.D. ¿No es acaso un realizativo el Yo soy el que soy bíblico?

15 julio 2008

La bloguera más anciana del mundo


En el invierno del año 2000, casi al principio de la historia de las bitácoras abrió su primer blog. Contaba por aquél entonces 100 años. Se trataba de un sencillo diario donde desgranaba sus cuitas y aventuras. Con el tiempo se hizo una experta en el manejo de esta herramienta novedosa surgida a rebufo de Internet.

Olive fue una pionera en el uso de las nuevas tecnologías. Vertió gota a gota las experiencias de su larga vida en un blog que fue mejorando hasta convertirlo en un cálido y acogedor hogar. Podías llegar y quedarte una larga temporada y no te aburrías. Con el tiempo consiguió dominar también un sistema para comunicarse directamente con sus lectores que en correspondencia a sus mensajes de vídeos le enviaban también fotos, mensajes de voz y vídeos con comentarios sobre sus escritos además de contar sus propias correrías.

En el año 2008 Olive era toda una celebridad en Internet y su blog ocupaba los primeros puestos en las listas de las bitácoras más visitadas.

Cada día sus numerosos seguidores leían con fruición o escuchaban con verdadero interés las nuevas entradas al blog de Olive que venían repletas del inventario de nuevas aventuras y desventuras. Así ocurrió sin interrupción hasta junio de 2008.

El 14 de julio de 2008 y ante la preocupación general por su salud se extendió como la pólvora la noticia de la muerte de Olive, la bloguera más anciana del ciberespacio que falleció de muerte natural en Sydney, Australia a la edad de 108 años.

Y aquí es donde se desliza la ficción de manera solapada en los intersticios de la noticia. Lo cierto es que Olive había muerto en la primavera de 2005, según terminó por confesar una nieta de la anciana bloguera. ¿Quién estuvo enviando sin interrupción entradas a su blog por espacio de tres años? ¿Con qué propósito? La desazón escocía a sus miles de seguidores.

La nieta terminó de desvelar el misterio. Lo cierto es que Olive había utilizado un programa de ordenador que le permitía dosificar en el tiempo sus entradas, de manera que ella escribía compulsivamente y dejaba cada día un par de entradas más de las habituales las cuales se harían visibles en la red meses y aún años después. El programa había alcanzado tal nivel de perfección que era capaz de insertar cada día la noticia más destacada ocurrida en el mundo desde el servidor de una agencia con la que estaba asociada. Además y en el colmo de lo asombroso el sistema era capaz de adecuar los comentarios de Olive a la noticia del día de tal modo que no levantó sospechas entre sus seguidores que no fueron conscientes de su final hasta tres años después cuando se acabó la programación.

La última entrada a su blog anunciaba con su propia voz la desaparición de Olive y agradecía a sus lectores el cariño que había recibido de ellos.

(Homenaje a Olive Riley de quien se hace eco toda la prensa mundial. Descanse en paz.) 14-07-08


P.D. En el día de hoy se ha recibido en el blog un nuevo mensaje sorprendente de la propia Olive que agradece el cariño recibido.

(Noticia de Agencia del 27 de diciembre de 2010)

14 julio 2008

Alma de blog II: el diario por dentro




Los amantes del jazz no se me ofenderán si comparo un blog con su música. Escribir en un blog es como interpretar una pieza jazzística, que como los simples aficionados sin muchas pretensiones intuimos se trata de improvisar a partir de un esquema mínimo, porque la música también transcurre por carreteras, senderos, autopistas y carrizales sonoros, cada uno de ellos con sus propias reglas mínimas para que todo el invento no descarrile.

Mientras un creador literario al uso nos hace llegar una obra acabada, -presentación, nudo y desenlace-, para lo cual escribe sus historias, las corrige, las vuelve a corregir y una vez depurada y completada se publica, en un blog las cosas van por otros derroteros, aunque también pueden ir por los mismos. La blogosfera ha inaugurado una nueva forma de escritura más parecida al jazz como decía, y por lo tanto cuenta mucho con la improvisación. No en vano un blog personal tiene algo de diario que por definición registra los sucesos conforme se van desarrollando.

En un blog tienes que llenar una página cada día o cada par de días para mantener el interés y por lo tanto creas a salto de mata. Habrá de todo, claro, pero por lo que compruebo por ahí, se trata de una escritura de farol (permítaseme la licencia) que gustaba mucho a Cortázar. ¿Qué ocurrirá mañana en esta historia que tiene vida propia?

Un blog se parece mucho a la literatura por entregas y esto añade una dificultad más al proceso de escribir al tener que incorporar material nuevo cada día sin tener la obra toda acabada y por lo tanto o bien tienes que fabricar relatos muy sencillos (cuentos cortos) o bien lanzarte a la aventura y si sale con barbas...

05 julio 2008

De cintura para abajo


Coincídí hace meses en un encuentro literario con un escritor argentino. A cada instante utilizaba la expresión gran pavada, como tantos argentinos la usan, siempre que quería referirse a lo que por otros pagos, y también por estos, se entiende por una chorrada (en versión libre), algo nimio, un pluf.

Imagina, querido escritor de allende los mares, y tú, escriba del lado de acá, por un momento y como hipótesis de trabajo, que un avezado lector descubre un día que la mayoría de las ingentes ideas acumuladas en montañas de papel de la mano de escritores de todos los tiempos no sean más que una gran pavada. En el mejor de los casos una terapia peligrosa.

¿Y por qué? Y sigo soltando cuerda a la cometa. Suponga usted (me pongo más circunspecto) que el hombre, todo ser humano, que tantas veces ha dado hiel, produjera un buen día miel. Y que al libar de esa miel analizáramos todas las obras maestras en la que sus autores se han explayado en mostrarnos las pasiones, las luces y las sombras del homo sapiens común y corriente, es decir, del productor de hiel.

Y sigo tirando del hilo si no se me marea mucho la hipótesis. Supongamos que en el homo hubiera (llamémosle) más registros inexplorados todavía y uno de esos registros reflejara a un ser humano más completo, hecho de un barro más cocido y por lo tanto con más posibilidades inéditas hasta la fecha. Puestos ya: ¿y si en el hombre existiera la potencialidad de producirse un salto cualitativo similar al ocurrido con la aparición del raciocinio? Rozamos la ciencia ficción y saltan chispas.

Si así fuera, ¿qué haríamos los escritores hurgando en la infancia de la especie? ¿No sería más provechoso darse a experimentar con el ser humano adulto hecho y derecho con sus múltiples potencialidades en vez de enrocarse en la inmundicia como cochino en el lodo? ¿O seguimos como contables rutinarios clasificando rarezas para el Gran Inventario?

En la solapa de tantos libros se pueden leer cosas parecidas a lo que sigue: he aquí a un gran autor contemporáneo que ha sabido ahondar como pocos en lo más profundo del alma humana, bla, bla, bla. Y lo más profundo son bajezas, odios, desamores, miserias, etc.

Por si alguien piensa que el verano no me sienta bien argüiré sobre lo dicho aquí (en esbozo apresurado), que también cabe la posibilidad, como decía el amigo argentino, de que no sea más que una gran pavada, riesgos colaterales de disparar con la pluma.

Saludos y felices vacaciones

25 junio 2008

Pinceladas


Escribir es una travesía en alta mar con un bote diminuto, un vuelo solitario a través del espacio. Herman Hesse

Cuando yo tenía 15 años jugaba con mis compañeros de clase a un juego muy peculiar. Cerrábamos los ojos e intentábamos pintar en el blanco lienzo que aparecía en nuestra mente, el objeto que habíamos mirado con atención un momento antes.

Contornos indefinidos surgían poco a poco y con desigual intensidad; matices y destellos. Y a veces conseguíamos retener el conjunto en una aparición espléndida.

Miro, intento captar la totalidad de algo, cierro los ojos y dibujo. Seguramente esta es una manera de definir la creación literaria.

Con el tiempo y la práctica asidua los objetos que imaginábamos se fueron haciendo más nítidos y la comparación con el original reflejaba cada vez más aciertos. Pero también, junto con las figuras simples como la del lápiz, el árbol y la montaña, otras imágenes brotaban de nuestra cabeza y se interponían entre la joven pizarra de nuestra mente.

Una mañana de abril alguien propuso introducir una variante en el juego: cerraríamos los ojos sin antes habernos fijado en ningún objeto. Los pensamientos se movieron a su antojo y nos presentaban, en breves trazos, figuras coloreadas con el impetuoso tinte de la adolescencia. Por aquél entonces estudiábamos a Aristóteles (entre otras cosas) que decía aquello de que nada hay en la mente que no haya pasado antes por los sentidos; de manera que en esta nueva modalidad de juego lo que hacíamos era imaginar objetos almacenados en nuestra memoria más o menos lejana. Cerca de donde escribo se halla la cuna de Azorín quien escribió: vivir es ver pasar. Vivir es ver volver (las nubes). Es posible también que esta sea otra forma de entender el arte de escribir.

¿Por qué escribo hoy yo que no soy un escritor reputado ni tengo visos de serlo y que además camino tras la libertad ilimitada de ser un desconocido?

Sólo sé que me ubico preferentemente en el camino con corazón y desde ahí intento articular palabras que desde el momento en que las utilizo son mías y forman parte de mi universo vital. El corazón es la paloma que aletea sobre las aguas; el viento que esparce la semilla; el espíritu de la simbología cristiana; el aire puro sin el cual moriremos; Orión espléndida en las noches invierno; la polar, vigía del cielo.

No escribo para ser alguien ni para conseguir que algún día, martillo y cincel, un personaje me salga redondo (lo único redondo es la muerte); ni para enseñar ninguna verdad porque la verdad es escurridiza. Y si quisiera estudiar cuerpos, hechos y costumbres me haría científico para disecar órganos, estudiar muecas, hábitos y acciones.

Cuando escribo doy vida a algo que agoniza y palpita a la vez. Lloro, río, descubro, amaso mi mundo con una pasta que no está hecha sólo de la rumia sobre lo que pasó sino que viene sazonada con los fastos del presente y los efluvios del futuro.

Escribo para pagar la factura del pasado y poder vivir. Escribo para inventar otro mundo cuajado de esperanza (uno de los mejores frutos del corazón), para salir de una realidad que a veces nos atenaza, en un viaje "fuera del cuerpo" hacia la libertad posible. Escribo porque las etiquetas me dan asco (dreno, por mi parte, la herida en el costado del mundo). Escribo para vomitar las toxinas que se nos meten por la piel y por la carne y por la sangre hasta consubstanciarnos en una vida mediocre e indigna. Escribo para rociar mi espacio vital con el agua bendita del desahogo, en un mundo en el que somos cómplices de la basura que entre todos generamos.

Y escribo bajo la sombra ¡ay! que embargaba a León Felipe al final de sus días: mis versos… balbuceos… lenguaje infantil y primario…

¿Quien soy yo? ¿Águila o sol?; ¿cara o cruz?

23 mayo 2008

Alma de blog I


Escribir para un blog es una afición divertida y una gratificante ocupación del tiempo de ocio, pero comporta algunos riesgos. Mantener un blog tiene sus ventajas y sus inconvenientes porque la crítica no perdona.

No es lo mismo un periodista que, por profesión, se dedica a escribir allí donde le pagan, que un médico que deja volar su imaginación y lanza al aire las palabras según se le ocurren entre exploración y diagnóstico. El periodista tiene en el idioma su herramienta principal, mientras que para el médico la herramienta principal es bien otra.

Esa es una de las limitaciones de un blog, escribir mientras cruzas la calle de la vida como un simple peatón no acostumbrado a pilotar un fórmula uno.

Otra limitación es la prisa. Uno tiene sus ocupaciones que le roban gran parte del tiempo y, además, quiere expresar sus vivencias sobre la actualidad que, por definición, corre tan veloz. Límites a la creatividad, por lo tanto; depurar un texto requiere tiempo y dedicación exclusiva.

Pero hay más obstáculos para poder explayarse en un blog: no contar con la suficiente capacidad de abstracción de los problemas cotidianos propios de la ocupación de cada uno que te permita disfrutar del ambiente propicio para pergeñar algo interesante.

Excusas. Y es que esta semana apenas he tenido un minuto libre para escribir en mi blog y luego los amigos me lo echan en cara...

Alma de blog: cuerno de toro, casco de caballo.

PUIG CAMPANA VI: La montaña que no perdona

Dicen que hay montañas que se suben y otras que, en realidad, son ellas las que deciden si te dejan entrar. Durante mucho tiempo pensé que n...