
“Quiero ser tal cual he querido ser y no soy”*.
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“Dicen que no existe nada más difícil que definir con palabras una espiral. Es preciso hacer en el aire, con la mano sin literatura, el gesto ascendentemente enrollado en orden. Pero siempre que nos acordemos de que decir es renovar definiremos sin dificultad una espiral: es un círculo que sube sin conseguir cerrarse nunca. Lo diré mejor: una espiral es un círculo virtual que se desdobla subiendo sin realizarse nunca. Buscaré otra definición más concreta: una espiral es una serpiente sin serpiente enroscada verticalmente en ninguna cosa”*.
En el centro de la imagen hay una niña que pronuncia un discurso con un micrófono en las manos. Quiere ser periodista. Fuera de foco, un perrillo llora. La imagen de la niña atrapa mi atención por entero. Quiere hacerme una entrevista. Me pongo serio, es decir, tomo sobre mis hombros el encargo implícitamente encomendado y todo se transforma. Respondo a sus preguntas como tantas veces habíamos visto hacer a decenas de entrevistados en la televisión y los ojillos de la niña refulgen de pura emoción.
También está el perrillo. Llora. Lo miro. Me mira. Ríe a su modo. Si lo miras bien hay muchos centros. Vivir es crear historias por donde corretean una niña y un perrillo.
Pero ahora dime, ¿conoces tú el camino de las nubes?**
Hoy las nubes nos traen memoria de la Navidad. Felices fiestas amigas; felices fiestas, amigos. ¡Vivid!, ¡Amad!, ¡Soñad!, ¡Reíd! ¡Sed felices!
“Cada persona me trae una noticia. Todo está en todo”*.
* Fernando Pessoa
** Azorín

















