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22 enero 2009

El vuelo del halcón



Bandadas de gorriones saturan los árboles del parque y se cobijan presurosas entre sus ramas al caer la tarde. En las aceras se amontonan los excrementos. Un joven herrerillo que jugueteaba con un jilguero echó a volar, errático, al ver evolucionar en el cielo, fulgurante y decidido, al halcón. ¡Ufff!, ¡por poco!, grita.

El halcón peregrino desde sus acrobacias de vértigo congrega al resto de las aves y les comunica resuelto: tomaremos medidas hoy mismo, hay un intruso entre nosotros; un mal cante, un chivato, qué sé yo. Las autoridades pretenden echarnos de este lugar, les ocasionamos problemas, hacemos mucho ruido. Les inquieta el colorido de herrerillos y jilgueros y su regañante trinar; les disgusta la dedicación reiterada del pájaro moscón a fabricar un nido desde el que seducir a una hembra; les produce zozobra las subidas en vertical o las caídas en picado del halcón. Comprendámosles: son sólo humanos.

¿No tenemos una sociedad bien organizada?, trinó áspero desde su rama un sedentario gorrión de barba negra. Así es, terció un arisco e intrépido zorzal azabache, nos hemos adaptado al trasiego del hombre sin depender de él totalmente, lo cual no está nada mal. ¿A ti no te trajeron aquí -le dice el jilguero desdeñoso al halcón- para mantener a raya a grajas y palomas? ¿Y tú preguntas ahora por un infiltrado? El halcón reprimió un ademán.

La ciudad avanza cada día mientras la naturaleza, representada en nosotros, resiste, añadió el halcón. Bandadas de estorninos anidan en torres y campanarios a la busca de comida y compañía humana. Y la rueda de las estaciones completa su ciclo con meticulosa exactitud. Hasta ahora ha funcionado bien pero hoy tomaremos una decisión que marcará el futuro de todos.

Y así fue: una tarde, en vez de apretujarse en las ramas de los árboles, los pajarillos, convocados por el halcón de pico achatado, tomaron una drástica decisión:

Abandonaremos la ciudad hasta convertirla en un espacio triste y deshabitado. Volveremos al campo a vivir junto a pequeños asentamiento humanos. Regresaremos cuando los niños no puedan soportar ya más su tristeza y nos echen de menos. Estás tonto, -gritó el jilguero-, los niños están entretenidos con esos artilugios electrónicos, nunca nos van a echar en falta. Si esta primera estrategia no diera resultado, añadió el halcón, les haremos la vida imposible para que tengan que volver a los campos donde antes anidábamos.

Mientras tanto, de las calles principales empezaron a bajar cuadrillas de operarios con sus fumigadoras para acabar de una vez con el problema de los pájaros.



08 enero 2009

Astrolabio


Astrolabio del siglo XVI



Escribo como canto,
sin falsete en la voz
ni en la palabra.

Como el invierno atrae
bandadas de jilgueros,
como amanece el
alba.

Soy trovador de estío,
tibieza en la mañana,
del rocío la escarcha;

cual ruiseñor alegre,
como vencejo en vuelo;
un grito en la montaña.

Desdeño de las risas
-barnices de miserias-
de gallos y bravatas.

Como armilar celeste,
predictor de los cursos
de celestiales aguas.

Y hoy vengo y me columpio,
mientras Júpiter ríe
y Marte me delata.

Llegaré a ser cigüeña,
corazón de una alondra,
golondrina y romanza.

Pero quise ser águila.

02 enero 2009

Como tú


Hoy te he visto.

Primero empujabas con timidez unas piedras que taponaban tu puerta; después alzaste tu altiva silueta por entre los guijarros.

La suave brisa coquetea con tu vestido verde y aun alguno de tus pétalos se aflige temiendo que lo que empezó como caricia terminara finalmente en huracán.

Me detuve ante ti. Anegaste mis ojos con tu intenso arco iris de colores puros y me llenaste de luz.

Como se dibujan los rayos de sol al amanecer tras una noche en vela; igual que el trazo de una estrella fugaz en el cielo infinito; semejante a un centelleo en el océano turquesa, así apareces tú. Eres la señal inequívoca que indica la vía real en una encrucijada de caminos.

Prefieres vivir sin resguardo entre los vientos fuertes que golpean la montaña antes que en la angustiosa estrechez de una maceta.

Ante ti el sol se muestra complaciente todos los días y un manto de tinieblas luminoso y magnífico te envuelve por las noches. Y, además, (y tú lo sabes con la sabiduría secreta de la naturaleza) todo eso ocurre por ti y sin ti nada de eso tendría lugar.

Y sin embargo una tarde aciaga, algún mal paso distraído acabará mutilando tu humilde y noble cabeza y tu cuerpo se confundirá con la tierra en una mancha verde. Mientras esto sucede te veré florecer cada mañana y explayarte en tu sonrisa antigua.

Te gusta el anochecer porque preludia un nuevo día; no te inquieta la oscuridad ya que es el pórtico de la luz.

Como tú, yo.

29 diciembre 2008

De profundis


Cuando era un chiquillo me contagiaron el virus de los ideales renacentistas y de la ilustración a través de las studia humanitatis. 

Llegué a ser así pretendiente ingenuo de todos los saberes y amante oficioso de los innúmeros vericuetos recorridos por los humanos desde todos los puntos del vasto territorio de las ideas. Y eso, tarde o temprano tiene que doler. No me arrepiento, sino al contrario, estoy profundamente agradecido.

Uno procura no facilitar muchas pistas sobre sus andanzas por esos mundos de Dios porque tras cada esquina acecha una caterva de contables que tiene como encargo redactar inscripciones expeditivas y ponerlas sobre la cruz (lignum crucis) de cada mortal. Ya saben, todos esos que han descubierto en el análisis del discurso una cuña, un pretexto y una herramienta que les es muy útil para descalificar a los que no piensan según lo que se ha dado en llamar lo políticamente correcto.

La infancia y la infamia. De todo ese mundo de la infancia, adolescencia y primera juventud proviene mi gusto por la antigüedad clásica, mi afán por las letras y mi curiosidad por el conocimiento en general;  y de los copistas de la infamia, mi descreimiento en los frutos de la inteligencia cuando está atacada de sectarismo, de mera simpatía generacional o anegada por el oropel de la moda.

Dos mundos siempre presentes que es preciso ponderar para tomar impulso,  en estos momentos en que  marcamos un hito en el año que nos dice adiós, una muesca más (en realidad menos) en los pliegues de nuestra vida que avanza; recordar el sedimento del pasado que se fue y del que somos deudores y descreer de los que hoy han hecho subir varios puntos los niveles de desprecio por las humanidades y de ataque abierto, incurriendo en flagrante delito porque ellos son los  responsables de custodiar los saberes.

“Cuando el mundo exterior asquea, hace languidecer, corrompe, embrutece, las personas honestas y delicadas están obligadas a buscar en alguna parte de sí mismas un lugar más limpio para vivir”, decía Flaubert en una carta dirigida a su musa Louise Colet.

Ese lugar está abastecido por las humanidades, hoy llamadas ciencias humanas:  literatura, historia, filosofía, antropología, el arte y demás recolección de la historia de la cultura y de los valores humanos y espirituales  en general.


“Las perlas forman el collar pero el hilo es el que hace el collar”
. Otra vez Gustave Flaubert.

18 mayo 2008

Para Elizabeth

Hyde park


Para Elizabeth, Isabella, Isabelle, Isis bella, Isabel
Que hoy, en Varsovia, cumple años

Soneto

No has de llorar porque el dolor te acalle,
ni has de reír porque la risa austera
te haga pensar que llanto es como fiera
y risa, pura esquirla de tu talle.

No has de mirar al fondo de tu calle,
ni entristecer si llega primavera
que lágrimas y risas del que espera
son cual los arreboles en el valle.

Porque tu voz aguarda, vida mía,
en el soto feraz de la mañana,
el abrazo del sol de mediodía.

No demudes tu rostro, afortunada,
Belleza escribirá tu biografía
y esplenderá tu voz en la alborada.

18/05/08

13 abril 2008

Diario de un náufrago I


Les contaré cómo me volví náufrago. Sí, de la misma manera que otros se vuelven locos a fuerza de dar vueltas sobre acontecimientos desgraciados yo me volví náufrago después de navegar días y días por el pacífico sur sin rumbo cierto debido a unas cartas de navegación de trazo no muy preciso y a la espesa bruma que nos salió al paso. Fui cegado por la estela del barco y anduve, insensato de mi, con la mirada puesta en regresar al punto de partida a la manera de los perrillos que giran sobre sí mismos para morderse el rabo que les huye. Los marineros llaman a eso virar en redondo. De manera que me embarqué junto a una partida de aventureros, piratas de aguas frías en un barco que zarpó con el único objetivo de naufragar.


Pues bien, el barco para naufragar medía alrededor de 25 metros de eslora y en sus amplias bodegas guardábamos provisiones para muchas jornadas por si las lluvias y los vientos demoraban nuestro propósito más allá de lo esperado. El objetivo era llegar a las islas Chesterfield donde yo me perdería en un naufragio calculadamente provocado, mientras el resto de la tripulación atravesaría el Mar del Coral y recalaría en las costas de Nueva Caledonia. Ese fue el primer propósito, pero nos extraviamos y tampoco sospechábamos qué aventuras nos tenía reservado el destino.







Aunque la imaginación de la gente de tierra adentro supone que un barco en alta mar es algo simple, en realidad es un microcosmos y cada objeto o artilugio tiene un nombre inventado por los marineros, cuyo sentido cabal no coincide con los nombres de tierra firme. Ese particular vocabulario hace de un navío, una ciudad flotante. ¿Qué cosa hubiera pensado antes llevar a una isla desierta? En primer lugar un buen diccionario porque para llegar a una isla primero hay que naufragar. Por ejemplo, en un barco, repicar no es lo mismo que en tierra. Repicar es poner tirante un cabo. Y resaca se refiere al movimiento del mar al retirarse… Todo allí es un trastoque de sentidos, un juego de espejos metafóricos que hay que saber reconocer por lo que pueda pasar…



Navegábamos plácidamente, pues, por las frías aguas del pacífico en el trayecto que va del archipiélago de las islas Salomón, Mar del Coral mediante, con destino a Nueva Caledonia, en la zona denominada Anillo de fuego. Tras enfilar hacia un lugar impreciso cercano a las costas de una pequeña isla, en lo que creíamos era el archipiélago de las Chesterfield nos dedicamos, todos a una, a la tarea de llevar el navío a encallar entre dos pequeños escollos o islotes que encontramos frente a nosotros. El barco embistió e impactó entrambas rocas y soportó bien un golpe seco mientras los objetos más voluminosos del barco se desplazaban violentamente por la borda de proa a popa; el barco dio un bandazo, cabeceó varias veces, giró sobre sí mismo, se escoró a estribor y empezó a doblegarse a popa quedando primero al garete para terminar finalmente varado en el reino del silencio.


Según nuestros cálculos no disponíamos de mucho tiempo, así que no teniendo otra fortuna que acometer me dispuse a saltar raudo por la proa del barco. Y en esos manejos estaba cuando ocurrió lo más impensable. El mar desapareció frente a mi como impelido por una fuerza invisible para regresar después en unos segundos que se me antojaron infinitos, con furia inusitada en forma de ola gigantesca que alzó al navío por el aire, lo desarboló y lo rompió en mil pedazos mientras yo salí despedido por una fuerza descomunal hacia lo que sospechaba era mi último viaje. Sólo recuerdo que fui empujado por un interminable trecho y que cuando pude ordenar mis pensamientos bregaba agotado pero sin descanso para sortear a nado la distancia hasta la playa más cercana. Del resto de la tripulación nunca más supe, pero según todos los indicios el mar, en pago de nuestra osadía, sepultó sus vidas para siempre en sus arrecifes inmaculados de aguas turquesa.

Con un esfuerzo agónico llegué a nado a la playa de lo que después supe que se llamaba la isla de Maré, perteneciente al archipiélago de la Lealtad, muy cerca del acantilado llamado El Salto del Guerrero. Las aguas frías y cristalinas golpeadas por los fríos vientos alisios mostraban un océano verde esmeralda que sobrecogía.



Y así llegué a mi refugio donde quedé solo, los pies desnudos sobre la arena de la isla que sería mi hogar, Dios sabe por cuánto tiempo, mientras esparcidos por todas partes se veían los restos del navío que me catapultó a semejante aventura…





































Resumen de noticias de agencias de los días 2 de abril de 2007 y siguientes…

Un tsunami arrasa varias islas del archipiélago de Salomón.

Varias islas fueron arrasadas por la ola gigante que formó el maremoto ocurrido a las 6.40 hora local (20.40 GMT) del domingo, día 01 de abril de 2007.

Al menos 20 personas murieron y cientos han desaparecido como consecuencia de un fuerte terremoto de 8,1 grados en la escala de Richter y una posterior ola gigante, que arrasó varias islas y provocó un alerta de tsunami en todo el Pacífico Sur.

Las autoridades de Nueva Caledonia decidieron evacuar las poblaciones expuestas de las islas de la Lealtad.

15 noviembre 2005

Eres inocente...


Eres inocente.
Somos inocentes.

En nuestros genes están plantados
todos los árboles
bajo los cuales
encontrarán los pájaros cobijo.
El director de orquesta
que observa silencioso desde antiguo,
sabrá de nuestra música,
según el instrumento y la partitura,
y las horas penosas de instrucción.

Soy inocente
como la ventisca que bate la quebrada,
como el huracán que ruge libre
allanando a su paso cuanto toca,
con su mano de escarcha.
Tú también eres libre,
que nadie te condene por humano,
que dejen de llevarte la cuenta con los dedos.

Mira, ya di con el secreto oculto por los siglos:
eres inocente
somos inocentes.
Que la vida es un gazapo que encontrar,
y que el enigma se reduce a un portazo;
que la lágrima contiene la risa y también el llanto,
que los caminos nos llevan y luego nos traen,
y que las bocas besan pero también blasfeman.
Lo sabemos ya todo, ¿qué más importa, acaso?

El director de orquesta
con su batuta adusta y justiciera,
nos ocultó las instrucciones
escritas aquí, tal vez allá, según dicen,
para que fueran leídas,
como surge el relieve
bajo el dedo del ciego.

Descerrajad los pestillos del alma.
Dejad que el sol oree vuestra estancia,
que sus rayos resbalen por entre las pupilas,
que las sombras escampen,
que ya está bien
de bautizar al inocente
con estigmas.

Prometeo, 30-12-2002

En recuerdo a Walt Whitman.

09 noviembre 2005

El hombre y el perro


Amanece. El hombre de la camiseta amarilla deambula sin prisas por las calles de una ciudad cualquiera. Paso a paso, con la cabeza inclinada y las manos en los bolsillos (tan vacíos que pueden albergar holgadamente sus manos); el hombre de la cabeza inclinada está cansado, pero con un cansancio llevadero que le permite saludar con un ligero movimiento de cabeza y un amago de sonrisa a todo el que le sale al paso. El hombre de las manos en los bolsillos camina sin rumbo fijo y a paso lento. De vez en vez los golpes de una brisa fuerte echan al viento sus cabellos desgreñados, trenzando canas, moteadas por algunos pelos negros.

El perrillo flaco, comido de pulgas le sonríe con el rabo, da unas vueltas a su alrededor y al "pss, pss" del hombre responde con un ladrido afónico. El perrillo pulgoso sigue al hombre desgreñado y ambos deambulan por recovecos, empinadas cuestas, aceras, alcantarillas; frecuentan el bullicio de un mercado, la jácara de unos chavales que juegan; y luego inician la subida de una pendiente que los alejará del pueblo.

Se ve poco transitada esta carretera. Ahora se adivina a lo lejos el ruido de un motor que se hace evidente al poco y se agiganta; luego desaparece tal cual llegó y el perrillo juguetón inicia unos ladridos mitad queja mitad alborozo. Ya están a campo abierto y el viento esparce sus voces a distancia sin freno.

El hombre sin sombra no tiene nombre. Algunos pájaros cantan su monótona melodía contra un fondo de silencio que le es tan familiar al campo al despuntar el día. Los pasos del hombre marcan un ritmo sobre el asfalto humeante. No tiene sombra, no recuerda su nombre. A veces oye "Juan" y se vuelve; otras escucha "Miguel" y gira la cabeza y luego continúa. No tiene un pasado que le moleste. ¿Dónde nació? Ni idea.

El hombre sin recuerdos. El perro sin amo. A campo abierto, sólo el camino sin la zozobra de llegar a ninguna parte. Al frente meandros, puentes, cañadas, pedregales, ...

El hombre al que acompaña un perro vislumbra a lo lejos una montaña. Sólo hay que doblar el camino y dejarse llevar por la subida, amablemente al principio, más dificultosamente luego, sudorosa un poco más tarde. El perro jadea, perdido ya el hábito de marcar su territorio. Las águilas están ahí moviéndose en círculo invitando al ascenso. ¿Llegarán arriba?

Un hombre sin recuerdos que alimentar y un perrillo sin amo. La noche los cubre con su negra capa mientras duermen un sueño sin sueños. El hombre feliz no tenía camisa; éste no tiene ni nombre. El perro feliz no tiene amo. ¿Quién marcará el ritmo de la manada?

Encuentran un tesoro escondido en el campo donde juegan los escarabajos, vestigios del pasado que puede alegrar mucho el presente, pero ellos ya tienen su tesoro.

Y siguen tras meandros, volcanes, torrenteras, …; el hombre, el perro...

A la hora más cruel

  Sandra, aunque el dolor cierre la puerta y extienda por tu casa su espesura, no alcanza a oscurecer la luz más pura que en tantos corazone...