sin preguntar quién iba a estar al lado;
hiciste del deber casi un cuidado
y de cuidar a otros, tu manera.
Tal vez quien te creyó siempre a la espera,
quien tuvo tu presencia por sentado,
comprenda ahora cuánto te ha faltado
y cuánto había en ti que no se viera.
Pero no vales por lo que hacías,
ni por ser necesaria en cada casa,
ni por llenar de esfuerzo tantos días.
Vales por ti. Y aunque la vida pasa,
aún puede sorprenderte en cualquier día
una pequeña luz que te traspasa.

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