16 noviembre 2008

Los pasos perdidos



Me crucé con ella en el corto pasillo entre las dos habitaciones de la casa. Era una mañana brumosa de noviembre y apenas nos rozamos con un expeditivo y somnoliento hola, ¿cómo estás? Al poco rato, el eco sordo de sus pisadas moría en el salón y entonces el pasillo recuperaba su rutina.

Por la noche soñé con ella. En realidad fue más que eso: coincidimos en un ensueño donde nuestros ojos ahítos de tristeza se besaron hasta el alba y en la intimidad de la alcoba nos entregamos a la pasión. Pero nunca en la vigilia intercambiamos una sola palabra sobre nuestros atormentados encuentros nocturnos. En el sueño, esa especie de alucinación tan real como la mesa sobre la que transcribo el relato de su recuerdo, se sucedía a través del pasillo un trasiego de cuerpos de una habitación a otra, un continuo trasvase de un alma a otra alma, enfrascados los dos en la borrascosa aventura camino a ninguna parte.

Recuerdo que en una de las idas y venidas me dijo: el amor es un invento de nuestra mente para hacer la soledad más llevadera. Y dejó caer mi mano como quien se resigna ante una revelación dolorosa. Y un poco más tarde se destapó con esto otro: el amor es un teatro con un único espectador; una representación que nos hacemos para olvidar que la niñez no volverá ya nunca más. Cuando le recordé que para el amor hacían falta al menos dos personas me lanzó una sonrisa de reproche y la oí decir: en realidad nos enamoramos del amor mismo. El amor es como un espejo: nunca vemos más que lo que hay reflejado al otro lado.

Días estériles sucedían a noches feraces donde yo la esperaba y ella aparecía más tarde o más temprano. De pronto su silueta se imponía a la negrura del pasillo, testigo reservado de nuestros encuentros nocturnos, y a mi se me sonreía el alma.

Pero un día el pasillo se llenó de un estruendo de muerte. Cuando llegué junto a ella encontré su cuerpo encogido en el suelo, inmóvil. Ni un pálpito ni un suspiro. Sus ojos como hielos me fijaban desde dos cuencas vacías. Desde entonces salgo a menudo a buscarla al pasillo por si vuelve.

15 comentarios:

Sela dijo...

Hermoso y triste. Como muchos amores. Como todos los amores en algún momento. Y escrito en forma bella. Saludos.

Juan Ignacio dijo...

Hola! Llevo un par de días echandole un ojo a este blog tuyo. Me ha gustado mucho este relato, bonito y con muchas opiniones interesantes y dignas de debate de transfondo.
Te seguiré leyendo.
Un saludo.

Prometeo dijo...

Muchas gracias, Sela por tus palabras.

Prometeo dijo...

Bienvenido, Juan Ignacio y muchas gracias por tus palabras. Se agradece ese deseo de debate que comentas. El blog está abierto a todos los matices y opiniones porque la realidad se enriquece con la exposición de diferentes puntos de vista.

Saludos.

mcarmen dijo...

Curiosas reflexiones sobre el amor. Gracias por hacer que nuestras cabecitas trabajen.
Un placer leerte, como siempre.
Besicos

Prometeo dijo...

Hola mcarmen. Lo que más se parece a Dios es un escritor que recoge comentarios y opiniones de aquí y de allá y junto con los propios trabajos de su cabecita (como tú dices) trata de embastar un mundo hecho de palabras.

Y otra cosa, si un día un ladrón entrara en tu casa y te robara un cuadro, ¿te sentirías halagada por ello o no se lo perdonarías?

Besicos.

Annabel M. Z. dijo...

¿El amor? En tu texto te refieres al amor-pasión, ¿verdad? Más importante que el amor-pasión es el amor a los hijos, que es lo que ha permitido que nuestra especie se haya convertido en plaga sobre La Tierra (estoy un poco negativa últimamente, jaja)
Y el amor-pasión sea invento o no es una experiencia única que todo el mundo debería experimentar al menos una vez en la vida, porque trastorna los sentidos (para bien y para mal) y nos enseña muchísimo de nosotros mismos.

Un beso.

Prometeo dijo...

La pasión, Annabel. Dices que estás un poco negativa ultimamente. En la vida hay de todo y también en el amor. Muchos puntos de vista; muchos aspectos que analizar y vivir, efectivamente. Hay tiempo de amar y tiempo de odiar, mira qué bien expresado está lo que te pasa en el Eclesiastés:

Hay un tiempo señalado para todo, y hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo:

Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;

Tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de derribar, y tiempo de edificar;

Tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de lamentarse, y tiempo de bailar;

Tiempo de lanzar piedras, y tiempo de recoger piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de rechazar el abrazo;

Tiempo de buscar, y tiempo de dar por perdido; tiempo de guardar, y tiempo de desechar;

Tiempo de rasgar, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;

Tiempo de amar, y tiempo de odiar; Tiempo de guerra, y tiempo de paz.

Un beso (esto lo digo yo).

Anónimo dijo...

Y se hizo el silencio,
y los ojos posaron en los corazones y los labios en los sueños y los sueños fueron eternos amores.

Besos.

mcarmen dijo...

No me siento halagada... me siento ¡halagadíiiiiiiiiiiiiiiiiiisima!
Un abrazo.

Prometeo dijo...

Anónimo, usted sí que sabe.

Besos.

Prometeo dijo...

Mcarmen. Yo qué pensaba que había cometido un delito de lesa patria o de alta traición y resulta que tú te sientes halagada. Qué super generosa eres.

Un abrazo.

mcarmen dijo...

Nada, puedes venir otra vez a "robarme" cuando gustes :-)
Gracias por recoger un pedacito de mí en tu isla.

Leni dijo...

Dicen que cuando se mezclan el sueño y la realidad.
Aparece el ensueño.
Verlo con los ojos del alma y que te haga sonreir...
Es precioso¡¡

A veces se difumina todo.
Otras se aparece todo.
Hermoso relato.
Para caminarlo.Para mirar ,no solo ver.

Beso

Prometeo dijo...

Leni tiene una sensibilidad a prueba de bombas,eso quiere decir que captas cosas que a los demás se nos escapan.

Gracias por visitar mi isla.
Beso.