29 enero 2009

Quienquiera que fueres



Te advierto quienquiera que fueres, ¡oh tú! que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el tesoro de los tesoros, ¡oh, hombre! conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses” Inscripción en el Templo de Delfos.

Los ilustres sabios de la antigüedad, las grandes tradiciones religiosas, los notables y minuciosos escritores, todos ellos empujaron ese carro: conócete a ti mismo. Hay frases que han sido repetidas a lo largo de la historia y las que encabezan este escrito, más. Siempre fascinantes, incluso cuando uno es niño y apenas las entiende. Lo cierto es que el ser humano se ha rodeado con frecuencia de mitos y ha hecho de ellos un báculo en su caminar por este mundo extraño y misterioso. Leyendas, paradigmas, modelos, ejemplos, balizas, señales… para no perderse en la oscuridad de la noche.

La poesía es uno de esos apoyos, por eso es tan necesaria. Y la literatura en general. Es frecuente sentir curiosidad a edad temprana por esa alquimia de las palabras, dispuestas con una configuración concreta y con una métrica estudiada dentro de un eco. La soledad sonora, la música callada del místico Juan de Yepes, San Juan de la Cruz. Poesía: ritmo, métrica y música callada entre períodos. Y Flaubert: me verás reventar entre la escritura de dos periodos.

En realidad todos recorremos las mismas o parecidas rutas, paramos en las mismas fondas, contamos las mismas experiencias, aunque cada uno con un ritmo y toque propios. Por eso a veces unos van camino de donde otros regresan. Somos, sin saberlo, buscadores del origen y vamos de vuelta a casa y en el regreso vemos retornar a los peregrinos que traen en sus mochilas las nubes de Azorín. Vencidos o triunfantes, volvemos. Ya me alejé demasiado, vuelvo a casa. No tengo casa a la cual volver, no importa, vuelvo al origen, al corazón, al poso que dejó la vida y que nos configura como lo que somos. Tu casa está donde alguien te espera. Todo está dicho ya.

Otra que tal. La alquimia es uno de esos senderos que fascinan porque toca la fibra sensible, lo más profundo de uno mismo. Tanto da que el objetivo sea unas veces la búsqueda de la piedra filosofal, otras transmutar metales menos nobles en oro y otras al fin la consecución de la vida eterna. Juego de espejos metafórico, simbología del cambio interior que se tiene que producir para encontrar el Santo Grial, la espada, el oro, la vida eterna: la transmutación del ser primitivo en romero con corazón. “Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo”, cantaba León Felipe.

Senderos, prados verdes, fuentes, majadas; aunque sea al este del Edén. Conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses. Conoce tus límites y tus puntos fuertes. Viajamos a lomos de una gran contradicción: no somos nadie y somos todo; a la vez frágiles y fuertes; capaces de lo mejor y cómplices de lo peor. Como un caballo sin memoria que no se acuerda ya de la última valla que ha saltado, según el poeta León Felipe.

Mi amado, las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos;

la noche sosegada,
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora;


El que faltaba: San Juan de la Cruz

10 comentarios:

estherpino dijo...

Has hecho un fascinante recorrido por lugares comunes para los que amamos las palabras. Lugares comunes en los que cada uno escoge su ritmo, el que más se ajusta a esa música callada que tiene cada ser humano en su corazón.
Un saludo.

Annabel M. Z. dijo...

Difícil eso de conocerse a sí mismo, el autoengaño (que tantas veces utilizamos para justificarnos) es una trampa invisible que todos llevamos puesta.
Un beso.

Prometeo dijo...

Gracias estherpino.

Un saludo.

Prometeo dijo...

El autoengaño está al acecho, Annabel, pero sabemos de lo que somos capaces y qué podemos esperar; conocemos nuestros puntos fuertes y nuestras debilidades.Ignoramos nuestras pontencialidades, hasta dónde podríamos llegar si...

¿Pinchaste sobre la palabra poesía?

Un beso

Annabel M. Z. dijo...

Me di cuenta que me habías enlazado en la palabra poesía después de dejar mi comentario y dejé otro pero veo que la conexión falló y no se vertió.
Muchas gracias por el enlace, eres muy amable. ^^
En cuanto al tema del autoengaño... ¿sabemos de lo que somos capaces? umm, creo que a menudo subestimamos nuestras capacidades (aunque conozco también el caso contrario) y las debilidades las justificamos y quizá no trabajamos en el sentido de positivizarlas o convertirlas en fortalezas... es un tema complejo ¡y nos hace falta un buen psicólogo que arroje luz! jaja.

alba* dijo...

La inscripción es preciosa, Prometeo. Quienquiera que yo sea te agradece que la hayas traido.
Hubo un tiempo en el que yo quería ser yo y sin embargo me era imposible, sabía que tendría que romper muchos lazos y era consciente de que me quedaría sola en el intento, pero mereció la pena, hoy si volviese a nacer no esperaría tanto.

Un cordial saludo.

lologuit dijo...

Como contestó Neruda a una encuesta:..."puede que el poeta de moda en todas partes en un futuro sea un griego que ahora nadie lee y que se llamo Homero.
Voy a comenzar a leerlo de nuevo-dijo Neruda-Voy a buscar su influencia dulce y heroica, sus maldiciones y sus profecias, su mitología de mármol y sus palos de ciego.... No me quedará mal un estilo tan fabuloso y tan empapado del mar ilustre.
Luego saldré con algunas banderas de Ulises, rey de Ítaca, por las calles. Y como los griegos ya habrán salido de sus presidios, me acompañarán también para dar las normas del nuevo estilo del siglo XXI"
Como leí a Hölderlin El hombre es un dios cuando sueña y mendigo cuando reflexiona.¿ Conocernos nosotros mismos? Si nos tenemos que engañar cada día, cada hora.
hijos pródigos echados de casa, contemplando los miserables céntimos (poesía) que alivia el duro camino.

Prometeo dijo...

De nada, alba*. Es preciosa, es de esas frases lapidarias que uno se encuentra en los distintos momentos de su vida y está ahí majestuosa, altanera incluso. Es una invitación a respetarnos a nosotros mismos porque a veces nos despistamos y seguimos aquel otro dicho popular que afirma que el santo, cuanto más lejano, más milagroso es.

Saludos

Prometeo dijo...

Saludos, Manuel, muchas gracias por su comentario. Distintos sabores hacen un buen plato y distintas miradas hacen más bella la belleza.

Buen día.

alba* dijo...

Así es.
Gracias por tus amables palabras.

Buen domingo.