14 agosto 2009

El desierto de Sonora

Desierto de Sonora


El tiempo dormitaba entre las agujas del reloj de la plaza mayor de Sonayta en Sonora. Un aire espeso dificultaba la respiración de cada uno de los que formábamos el grupo de aventureros que ahora nos disponíamos a adentrarnos rumbo a algún lugar impreciso del desierto.

Dunas infinitas se desplegaban ante nuestros pies bajo un sol abrasador y vientos implacables conferían al entorno su aspecto de abandono y desolación, a pesar de lo cual nos encontrábamos en el lugar adecuado para las experiencias que nos prometíamos.

Un experto en viajes de aventuras nos había congregado en el desierto de Sonora desde las cuatro esquinas del planeta. El único requisito era compartir la misma lengua. Ninguno de nosotros no habíamos visto antes. Nunca lo olvidaré, nos alojamos en el motel “Sol del Desierto”.

Aunque el grupo lo formábamos dieciséis personas, el protocolo del viaje establecía que cada uno de nosotros debería girar hacia un punto diferente en el inmenso arenal mientras el experto nos esperaría en el motel. Así lo hicimos. En menos de quince minutos quedé solo en un mar de arena y lo mismo les ocurrió al resto de compañeros de aventuras, condenados a dispersarse entre las grietas, los peñascos y la arena. Y allí permanecimos durante todo el día.

Al atardecer debíamos volver a Sonoyta. Mientras nos dirigíamos al “Sol del Desierto” pude comprobar por los rostros de mis compañeros que la jornada había transcurrido de lo más anodina e insulsa.

Y entonces ocurrió. Poco antes del crepúsculo lo vi, era él: moreno, robusto, ojos oscuros, sonrisa abierta, cabello negro y aspecto inocente. Contuve la respiración cuando le vi caminar a mi lado. Lo sorprendente es que, al poco rato, se abrió en la calle un amplio haz de luz en un espacio de varios cientos de metros lo que producía una claridad de ensueño. Anduvimos en paralelo como unos doscientos metros y luego desapareció como había venido.

Al llegar al motel vimos un coche de policía en la puerta y una ambulancia se llevaba en ese momento un cuerpo sin vida. Había habido un asesinato y el finado era el experto que nos congregó. Hicimos las maletas y nos marchamos sin cruzar palabra.


P.D. A la memoria de Carlos Castaneda

17 comentarios:

Ela dijo...

atrapante! ha sido como si formara parte de aquel grupo

SANDRA dijo...

Me mantuviste atrapada todo el relato, impresionante, te felicito por tu don para escribir.
Buen fin de semana.
Besitossssssssss.

Abuela Ciber dijo...

Por qué no??? experiencias vividas personales no de conjunto.
Un recuerdo acorde a Castaneda

Saludos

Onminayas dijo...

Una experiencia que supera incluso a la teología mística más refinada. Por cierto ¿Qué agencia de viajes ofrece estos circuitos?

Si tengo que serte franco, me ha sabido a poco. La pregunta sería ¿Habrá posibilidad de una segunda parte? Espero que no sea retórica.

Abrazo.

Eme dijo...

es sencillamente sorprendente, el desierto..¿guardara tantos secretos?

besosdulces*

Susy dijo...

Castaneda era un hombre que no se dejaba conocer.
Cuando le leí no lo sabía, ahora que lo sé tomo sus historias como formas de esconder lo insulso de la realidad cotidiana.

Un abrazo y me uno a su memoria.

Betuel Mercado dijo...

todo un asunto, saludos

Silvia Beatriz dijo...

Lo lei 2 veces. Muy bueno.
Saludos!

Begoña Sánchez dijo...

Experiencias vividas en paralelo, como la vida misma y de repente nos encontramos con el mismo final que en la historia

Saludos

☼El Rincón del Relax☼ *Beatriz* dijo...

Un placer pasar a visitarte y deleitarme con tus escritos.

Muy bueno!

Te djo un generoso y cálido abrazo

Beatriz

Leni dijo...

Pero lo viste.
Caminó junto a tí,a tu lado.
Curioso:
Teníais que hablar la misma lengua,
y al final no cruzasteis palabra...

Seguro que Carlos te ha entendido perfectamente.


(Cuando yo digo que eres poli-...)

Beso

marea dijo...

Arena y muerte. Estoy invadida por una inmensa tristeza, pero me gusta tu forma de redactar.
Me pasearé por tu desierto, con tu permiso.
Un abrazo

marea dijo...

Arena y muerte. Me invade una profunda tristeza y a la vez me he visto alumbrada por ese haz de luz.
Me pasearé por tus arenas, con tu permiso.
Un abrazo

Lourdes Torres dijo...

Pues sí, dicen que este desierto es impresionante...yo sólo he pasado por un ladito jejeje!! en autobús y en tren y es muy extensooo!!

Mi buen amigo, este relato es magnífico porque me mantuvo a la espera del final...¿Quién iba a decir? fue la persona que los ayudó en esa difícil travesía...amigo me encantó!!!

Sigo atenta a lo que escribes...

Saludos desde el estado de Jalisco (En México).

Loli dijo...

A veces la muerte miente...

Ovalis dijo...

El desierto de Sonora como escenario de una historia intemporal. Nos dibujas con pulso ágil este increíble y sugerente relato.
Y las imágenes, Prometeo, muy bien trazadas.
Abrazos

Prometeo dijo...

Hola amigas y amigos. Estuve unos días por ahí y no pude contestaros uno a uno.

Es verdad que las historias que uno teje en un blog podrían ser como apuntes para luego desarrollar. Por ahí va el comentario de Onminayas.

Un abrazo y besos a los recién llegados. Nos leemos. Cada día se expande más y más el círculo de amigos. Estoy orgulloso de encontrar nuevos blogs con amigos y nuevos escritos. Es una opción que hasta que llegó Internet no existía, la oportunidad de conocer nuevos escritores cada día.

Besos.