23 agosto 2009

El héroe y II

Ciudad de Santa Bárbara

Tras recorrer un par de leguas también a mi me dolía todo el cuerpo humano. Acababa de cumplir 15 años y el cansancio hacía estragos en mi, entumecía mis músculos, entristecía mi cara y pintaba sombras en el cielo azul orlado por el humo de los coches.

Avanzaba por la carretera hacia la populosa ciudad de Santa Bárbara con la esperanza de encontrar un nuevo mundo lleno de oportunidades. En un repecho había aparcado un camionero su trailer y me preguntaba con gestos si quería irme con él. Decliné la invitación y proseguí mi camino acunado ahora por la tibieza de los rayos del sol.

Al llegar la primera noche acampé bajo unos chaparros. Acomodé mi mochila después de retirar de ella la linterna que guardé en mi mano y al poco rato caía en un sueño profundo.

Yo ascendía con paso firme por una carretera secundaria y poco transitada que había junto a una gran autopista de quince vías camino de Santa Bárbara. Por detrás de la catarata de luces emergían de la niebla las primeras casas de estilo español. Junto a uno de aquellos señoriales bungalós me detuve a comer algo. Con dificultad abrí una de mis latas. Alguien desde el porche me observaba. Su silueta emergió desde la penumbra. Al fin me habló: ¿qué haces, chaval? ¿adónde vas? Esperaba ese tipo de interrogatorio, así que contesté como quien sigue un guión: voy tras un sueño. Sonrió: ¿a estas horas? Comía algo por lo que las palabras salían con dificultad de su boca. Aproveché y añadí: quiero ser famoso. Ah, era eso, masculló. Escúchame bien, muchacho: No persigas la fama ni el poder; si alguna de esas bestias llega lo hará de todas formas.

Emprendí la marcha entre sonrisas. También busco el amor, dije entre dientes ya medio vuelto de espaldas al desconocido. El hombre se apoyó en la balaustrada y con un sedimento de tristeza en la voz añadió: el amor es como un anillo que acaricia con su abrazo todo lo que toca: para conocer el amor debes amarlo todo. Y enumeraba las cosas que debía amar: esos chaparros, el camino que te lleva por estas colinas, la gente que encontrarás a tu paso, aventureros como tú en esta mágica tierra, el perrillo afónico que llora su soledad, las alamedas de suave música, las puestas de sol que embelesan el alma. Y siguió con su letanía mientras yo me adentraba en el laberinto de casas bajas de Santa Bárbara. En un cruce, de pronto, un coche se precipitó contra mi y…

Me despertó el fogonazo de luz de una linterna. Me llevé una impresión extraña al ver la mirada severa de mi padre que terminó de aclarar mis dudas. Junto a él mi hermana sonreía con un ¿otra vez? Y me terminó de matar su pregunta: ¿cómo tienes el cuerpo humano? No quise mirar más caras pero estarían todos los demás partiéndose de risa. ¿Qué había fallado? Comprobé que mi mochila seguía allí y también la linterna permanecía en mi mano.

Maldita sea, apenas me había desplazado unas pocas leguas…






22 comentarios:

Shanty dijo...

Preciosa narración, llena de vida.

Saludos.

Onminayas dijo...

Seguramente aquel chico, con el alma impregnada de todos aquellos buenos deseos por alcanzar llegó a ser alguien importante. Incluso, un buen escritor.

Yo tampoco llegué muy lejos... El miedo me hizo regresar por mi propio pie.

Abrazo.

Prometeo dijo...

Gracias Shanty.

Saludos

Leo Mercado dijo...

Lindo relato. Aquel que sueña, nunca pierde su capacidad de asombro.
Abrazos!

ana dijo...

Dime que se volvió a escapar, o dime que fue de él.

Ay que jorobarse. Pero ese sueño y ese personaje de su sueño (que preciosas palabras pronunció).

Pues el cuerpo humano le dolería seguro de dormir en el suelo, pero quizás más su orgullo al darse cuenta que ando poco, pero en su sueño mucho más.

Un besito muy fuerte.

panina dijo...

Al pobre se le corto su sueño rapido.
precioso relato, un besote.-

Eme dijo...

Preciosa foto, encantadora ciudad*

besosdulces*

mar dijo...

Qué riqueza del lenguaje, por Dios!

(Se puede envidiar a alguien sanamente?)

Me gusta como escribes, Prometeo.

Besos.

Prometeo dijo...

Saludos Onminayas

Prometeo dijo...

Gracias Leo. Un abrazo

Prometeo dijo...

Hola Ana, claro que se volvió a escapar hasta cumplir su sueño. Ahora tiene el cuerpo humano amoratado pero está en el camino de la felicidad.

Un beso

Prometeo dijo...

Gracias panina. Se le retrasó un poco. Lo importante es lo que aprendió de sus sueños.

Abrazo

Prometeo dijo...

Así es Eme. Una ciudad para emprender el camino de los sueños.

besosdulces

Prometeo dijo...

Muchas gracias mar. Me alegro.

Besos.

Leni dijo...

El chico perseguía un sueño.
Y el sueño le perseguía a él.
Lo acogió en su regazo y lo llevó lejos.
El cuerpo humano se resintió,
pero el cuerpo del alma sigue caminando sin descanso.
Todo llega...

Bellísimo texto Prometeo.
Seguir ese camino es lo que hace que tus letras transciendan.
Sin duda te mereces todo lo bueno que te llegue.

Beso
(Has escogido una de mis canciones favoritas,preciosa)

Prometeo dijo...

Muchas gracias Leni por tus buenos deseos. La canción es preciosa, sí.

Beso

Juanra López dijo...

te envio un cordial saludo...
abrazo.

Prometeo dijo...

Igualmente Juanra. Nos leemos.

Flordegato dijo...

Que bonito relato, felicidades.

Prometeo dijo...

Gracias flordegato.
Besos

Mario Salazar Lafosse dijo...

La imaginación es poderosa, ese niño de quince años la tenía, en ella plasma un recorrido que no es más que la reflexión, el paso más importante para continuar un verdadero camino. Un abrazo.

Mario.

Prometeo dijo...

Gracias Mario.Un saludo.