12 enero 2010

Puebla Marina, al fondo




A veces una historia lleva otra debajo del brazo. Ocurrió semanas atrás mientras esbozaba un pequeño relato sobre Puebla Marina. Cuando escribo me dejo llevar por una especie de intuición o pálpito que me obliga a ubicar el escenario donde se desarrolla la acción de mis historias en algún enclave remoto. Inmediatamente busco información en páginas de Internet y en otros medios escritos; también rastreo fotos de toda el área donde se va a desarrollar la peripecia de mi cuento. Al final, y de una manera que siempre me ha sorprendido, se produce un acople perfecto entre las imágenes, las notas y los pormenores de la historia.

Hace unos días, tras esbozar varios capítulos de mi cuento, sentí un impulso incontenible de dirigirme al lugar adonde había situado mi aldea. El paraje se encontraba muy lejos y me costó dos días llegar a él, incluso pertrechado con la mayor de las diligencias que pude. Durante el trayecto, que recorrí primero en avión y luego en tren, continué con la escritura de mi historia y avancé un par de capítulos. Al llegar a las estribaciones de la Sierra Madre Occidental recibí un fuerte impacto al contemplar lo que reconocí como mi Puebla Marina. No era la primera vez. Meses atrás dí con ella en las costas de Alicante y aún una tercera, la encontré en una zona del interior cerca de las angosturas de varios desfiladeros interminables que confluían en mi aldea.

Había recorrido miles de kilómetros y por fin tenía delante el escenario perfecto de mis aventuras; al frente esplendía la avenida principal y sus callejas tantas veces transitadas y siempre alegres por el rumor jacarandoso de los niños. Un poco más allá serpenteaba el riachuelo donde en su ribera los sauces hablan por sus ramas; y en el centro mismo la coqueta plaza ribeteada de árboles en cuyas copas, bandadas de pájaros cantan la sinfonía del atardecer y bajo su amparo los tibios rayos del sol se precipitan oblicuos sobre los curtidos rostros de los lugareños de Puebla Marina, gente entrañable y acogedora.

Pero una tarde me di cuenta de una circunstancia decisiva. Me encontraba inmerso en la recreación de la aldea de mis sueños cuando observé cómo sentía Puebla Marina con la misma nostalgia que cuando estaba lejos. Y a la vez, Puebla Marina la había visto en varias ubicaciones separadas unas de otras. En el lugar habitual donde vivía, acunado por la nostalgia, incluso podía contemplar de una forma más verídica todo el entorno de Puebla Marina; podía escuchar con nitidez el rumoroso y alegre bullir de los manantiales y los arreboles de la tarde me dejaban un poso de nostalgia no superado por el que sentía al deambular por las callejas de mi aldea. El fenómeno de la ubicuidad lo achaqué a un exceso de estímulos o a una sobreexcitación por el contacto con la realidad. Al fin me convencí de que Puebla Marina era el reflejo exterior de un pueblo mítico que estaba esculpido a golpe de sístole y diástole en la profundidad de mi ser.

¿Sería esa la clave? Puebla Marina era reflejo de mi misma entraña: obligado a deambular por la rueda de la historia como el tiempo viaja en corceles de nubes; sin posibilidad alguna de empezar de nuevo y con la máquina de la nostalgia siempre a punto para conjurar tristezas y añoranzas que luego la noche me devolverá en sueños. Puebla Marina está allí donde yo voy.

18 comentarios:

joselop44 dijo...

Muy interesante.
Saludos

Leni dijo...

Cada uno buscamos nuestro lugar en el mundo.
Sin darnos cuenta que ese lugar siempre está en nosotros mismos.

Tú eres Puebla Marina.


Beso
(Feliz regreso)

lidia dijo...

bello,sencillo,armonioso,prometeo has hecho de tu trabajo,la mejor melodia
un abrazo
lidia-la escriba
http://www.deloquenosehabla.blogspot.com

ANRAFERA dijo...

Bonita historia. Enhorabuena. Saludos PTB

Eliane dijo...

Prometeo: Me encantó lo que dices de un lugar especial...es donde tu estás! Y es asi !
Acabo de volver de mis vacaciones, y vine rápido a visitarte!
Un abrazo

Meulen dijo...

Estimado cada uno se debe a su historia y esta es imposible de negarla...
quien lo hace vive en una buena parte de su ensencia cojeando...
es bueno reconocerse ,así se crece ...con razón dices "reflejo de mi misma entraña" y asi es...

mis saludos cordiales !
seguire leyendo tu trabajo!

carmen dijo...

Querido Náufrago, desde hace algún tiempo ya lo intuía, Puebla Marina eres tú!

Un abrazo!

Adriana Alba dijo...

Sencillamente Hemoso!!!

Saludos!

Joseman dijo...

Ánimo con tu blog!! Y con la literatura... #PTB

Maya dijo...

Gran historia!!!! Casi puedo seguir la melodía, intuir el ritmo de cada oración. Saludos! Ya volví...

pAoLa* dijo...

Suerte y sigue escribiendo, me encanta como lo haces, leyendo este post daba la sensación de aparecer de repente a tu lado viviendo todo esto que tu has vivido.
GRACIAS POR COMPARTIR TODO ESTO.
MUCHA SUERTE Y ABRAZOS.
Entre apuntes y libros te visito hoy.

pAoLa*

Luna Meyer. dijo...

precioso...

Mayte_DALIANEGRA dijo...

Hola. Todos tenemos un Puebla Marina en nuestro corazón, un lugar idílico y mágico donde ubicar nuestros sueños. Me gusta tu forma de escribir, me agrego como seguidora a tu blog. Un beso.

Elena dijo...

Siempre sentimos la necesidad de volver al lugar que llevamos escrito en las entrañas y en el corazón.
Volver a ser nosotros mismos.
Qué dificil empeño!!!

Te leo en silencio y me emociono, como hago siempre con tus palabras.
La máquina de la nostalgia siempre está a punto para conjurar cualquier miedo, si.
O tal vez para devolvérnoslo...

Un beso enorme a ti y a Puebla Marina, que en realidad sois uno...
Cuidate.

Mercedes dijo...

Ya sabes esa frase que dice: "Nunca vuelvas a donde fuiste feliz". Tú te llevaste y viviste lo mejor de Puebla Marina, no podías encontrarlo a la vuelta.
Un relato delicioso, me encontré con el punto y final de sorpresa.
Un saludo.

Prometeo dijo...

Muchas gracias,amigas, amigos.

Besos

Eva Magallanes dijo...

La Ubicuidad -siento- es parte de lo sagrado que hay en el Ser de la naturaleza humana. La creación, la literatura, el arte, son magistrales mediums para llevarnos allí.
Saliste a buscar un "lugar desconocido" cuando en verdad sólo tenías que regresar al hogar: tu mismo. Que cierto es que todo está dentro y que no se puede huir de uno mismo.

Un abrazo fraterno!

Pablo Rodríguez Prieto dijo...

Puebla Marina, estará presente en ti y en tus relatos por siempre; como Macondo en el trabajo del Maestro Gabriel García Márquez.
Te felicito, buen punto.