¿Y si esta noche recibieras visita de personajes que no existen para decirte lo único que te niegas a oír?
Me pasó en la cocina, que es el océano más subestimado de la casa.
El reloj marcaba una hora indecente y yo abría la nevera como quien busca una señal.
Entonces llamaron. No a la puerta: a mi orgullo.
Entró un hombre empapado, con sal en las pestañas. "Odiseo".
Se sentó y dijo: "No estás perdido. Estás entretenido. Y eso es peor".
Después apareció un caballero flaco con lanza y mirada de incendio: "Don Quijote".
Señaló el microondas como si fuera un dragón y soltó: "Tu miedo va disfrazado de sensatez".
Quise discutir. La sensatez es una religión agresiva.
Pero entró un muchacho con ojos de lunes: "Gregorio Samsa".
"Te estás convirtiendo en costumbre", dijo. "Y no fue una elección".
Desde el fregadero salió una niña con las manos limpias de lógica: "Alicia".
Sonrió: "Si sigues creciendo hacia dentro, te quedarás sin puerta".
El último llegó sin pasos, elegante y excesivo: "Dorian Gray".
Se miró en el cristal del horno y murmuró: "Envejece en secreto la parte de ti que aplaza".
Yo ya no sabía si reír o sentarme. Me senté.
Odiseo marcó la mesa con un dedo: "Di qué estás evitando".
Don Quijote pidió precisión: "Nombra el gigante. Deja de llamarlo "asunto"".
Gregorio fue quirúrgico: "Una acción pequeña hoy. Una".
Alicia inclinó la cabeza: "Entra por la puerta más ridícula. Suele ser la verdadera".
Dorian cerró el círculo: "Si esperas a sentirte listo, ya llegaste tarde".
Se fueron como vinieron: sin aplauso, sin moraleja.
Me dejaron la cocina igual y el pecho distinto.
Reto del náufrago:
Escribe ahora mismo un mensaje que empiece por "Te debo" o por "Me equivoqué".
No lo adornes. No lo justifiques. No lo alargues.
Envíalo.
Y si te tiembla el dedo, no es miedo: es la vida pidiendo turno.

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