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29 septiembre 2008

Puig Campana IV



Una operación de menisco le mantuvo alejado de la montaña por dos meses. Del asfalto le llegaban efluvios de espliego y de romero, y los escarceos producidos por las caprichosas lluvias de septiembre se le aparecían como rumor de manantiales.

No poder ir a la montaña pero vivir en la montaña: ese era su sino desde hacía ya mucho tiempo. De manera que aprendió a estar en ella sin haber subido y hasta el cansancio físico aparecía en el momento justo. Cogió sus utensilios, aparcó el coche como tantas veces había hecho cerca de la fuente conocida por lo lugareños como la Font del Molí y emprendió el ascenso. ¿Por dónde subiría? Por la derecha, sin duda, por la ruta más difícil aunque la más interesante, la de la torrentera también llamada de la pedrera.

Recordó la primera vez que subió con una mochila que pesaba casi 20 kilos; creyó que no lo conseguiría. Pero aprendió la lección y desde entonces se equipó con lo imprescindible. Tras una hora de primeros contactos con el entorno enfiló la pedrera. Aquel silencio siempre le pareció imposible a tan pocos metros de la bulliciosa ciudad de Benidorm. Decidió posponer la avenida de piedras para la bajada y subió por el pequeño sendero que había a su derecha.

Al poco rato se reencontró con ellos. Primero apareció “el guardián”, así lo había bautizado, una mole de roca caliza a mitad de camino entre el inicio de la pedrera y la primera cima; luego, cuatro o cinco pinos solitarios que emergían de la misma roca, y por último un rebaño de cabras que tenían por costumbre acercarse a los senderistas para lamerles el sudor.

Por fin, a la hora convenida, le vi llegar. Demudado, sudoroso y agotado por el esfuerzo pero feliz por estar allí una vez más.


(Continuará)

27 septiembre 2008

Memoria



Todo en la vida es memoria; recuerdo en camino (o en regreso). Hasta la piel tiene memoria… Siempre estamos en alguno de esos tres puntos del círculo HTP de la memoria:

Hacer memoria,

................... tener memoria,

................................... perder memoria.

Y llegados a ese punto de rumia algunos escriben sus memorias.

Paul Newman ha muerto



Murió uno de los grandes actores y una gran persona.

Películas en las que consiguió el Oscar al mejor actor:

El color del dinero,

Premio humanitario Jean Hersholt

Oscar honorífico.


Películas en las que fue candidato al Oscar:

Ni un pelo de tonto,

Veredicto final,

Ausencia de malicia,

Raquel, Raquel

La leyenda del indomable,

Hud,

El buscavidas,

La gata sobre el tejado de zinc


Globo de oro al mejor actor:

Empire Falls,

Raquel, Raquel,

Un cáliz de plata.


Frases para la historia: Actúa como si tuvieras fe y la fe nacerá en ti.
Paul Newman en Veredicto final.
...

26 septiembre 2008

Trébol de cuatro hojas



Encontré un trébol de cuatro hojas. Había oído decir a los botánicos que por cada 10.000 tréboles de tres hojas aparece uno de cuatro. La proporción no está nada mal, así que pensé que era mi día de suerte y ese hecho casual confirió a mi rostro una luminosidad a la que no estaba acostumbrado.

Para mi las palabras son como puertas secretas a un mundo ignoto. Si además acarician el oído entonces gozan de la virtud de un aceite que suavizara los engranajes de un mecanismo complicado. Trébol, bonita palabra ¿no? Pensé…

Caminaba absorto en mi sonrisa cuando de pronto llegó a mis oídos un rumor suave como el que produce el cubo torpe al verter al fondo el agua que pretende sacar de un pozo. No recordaba el discurrir de manantiales en los alrededores así que presté más atención para percatarme de aquello tan extraño que percibía, como le ocurre a quien cae en la cuenta de que lo que tiene ante sí se escapa de lo cotidiano.

Arrecié el paso cuando advertí que alguien parecía seguirme. Lo encaré y al punto me encontré con los ojos de mi vecino que con su aspecto bonachón me observaba con mirada inquisitiva. En su mano portaba un trébol de cinco hojas. Bueno, tampoco las gracias vienen solas, pensé.

Sin mediar palabra y con una sonrisa de satisfacción, como corresponde a los dos seres más afortunados del paraíso, seguimos ambos el camino hacia una amplia calle que fue, de antaño y alternativamente, paso de cabras y rambla y cauce de aguas de lluvia. Pero a los pocos metros nos percatamos del desastre: las últimas tormentas habían convertido la ancha avenida en río caudaloso que arrastraba a su paso muebles, enseres y animales de compañía. Hacía falta agua, eso es cierto: hela aquí. Mi casa estaba toda anegada y sucia pero mi mujer había sobrevivido a la catástrofe. La casona señorial de mi compañero de trebolada fue la única de la urbanización a la que no alcanzó el agua.

Yo fui feliz, a qué negarlo y mi vecino con su trébol de cinco hojas continuó siendo inmensamente rico. Mis amigos los botánicos no me han sabido decir por cada cuántos tréboles de cuatro hojas se deja caer uno de cinco.

22 septiembre 2008

El precio de una vida



Es una tontería eso de que todas las vidas valen lo mismo. No. No vale lo mismo la vida del verdugo que la de su víctima. La del cobarde asesino vale menos que un puñado de polvo, mientras que la de su víctima es muy valiosa y con él nos desangramos todos.

Es una barbaridad afirmar que vale lo mismo la vida de una madre que la vida de su hijo condenado en juicio sumarísimo a no ver la luz.

Es una injusticia decir que la vida de un maltratador y la del que sale en defensa de la víctima de sus maltratos valen lo mismo.

No. Las vidas no valen lo mismo unas que otras. Que nadie lo olvide entre tanta plañidera vocacional y tanta condena hueca.

Lloraré por el niño que no llegó a nacer,
por el servidor público que entregó su vida por todos nosotros,
por el valiente que se enfrentó al maltratador.

Nunca por el verdugo cuya vida vale mil veces menos.

21 septiembre 2008

Memoria de estío



Enmudecen las últimas cigarras mientras yo despierto de un sueño tibio de sombras y sequedad de boca.

Desciendo del desván y en medio del salón allí están ellos. Sonríen como quien espera una visita o como quien revela una sorpresa. Alicia, el Principito, Siddhartha y el Ingenioso Hidalgo me contemplan con sorna, también con brillo en la mirada.

Alicia juega con mis ojos desde algún punto del espejo pero nadie más habló excepto el de la triste figura que lleno de unción rompió a decir:

Para mi, señor castellano, cualquiera cosa basta, porque mis arreos son las armas, mi descanso el pelear.

Los fulgores de estío tiemblan en los charcos del otoño que llega...

17 septiembre 2008

Esmeraldas



Habían acordado reunirse en el valle al amanecer. Se engalanaron con sus mantos de oro, cárdenos, púrpuras, carmesíes, y con sus túnicas de lino de una sola pieza cubiertas de topacios, esmeraldas, zafiros, diamantes, rubíes, ágatas, amatistas, berilos y jaspes.

Y la esperanza me miró y me dijo serena, sé prudente. Y la prudencia inclinándose hasta mi oído susurró: espera, nunca te rindas. Camino de justicia encontré a sabiduría que cuchicheaba: nada importa sino la fortaleza. Y fortaleza gritó: templanza, templanza...

Se adelantó la fe por una senda estrecha. Portaba un retoño de olivo entre sus manos, y dijo para sí: ama. Después irrumpió el amor como al acaso, y anegó la hondonada con su espíritu y pronunció con voz de terciopelo: ama y no temas; ama y no agobies; ama y no sepas; ama y no tiembles; ama, sólo ama…

Y el viento resopló con fuerza removiendo las túnicas, las piedras y el valle todo; y cayó sobre mi, humilde filamento de hierba, brizna de sangre verde, envoltura de sombras. Y humedecí de savia los tormos de la tierra…

El río que no sabía detenerse

“Si lees esto, es que aún estás a tiempo”.  Juan Puebla seguía sin entender por qué aquella frase lo perseguía tanto.  Deambulaba por Alfons...