09 mayo 2009

Diario de un náufrago VII

Cueva en la isla

El mar inmenso, una isla remota, o unas ruinas melancólicas habían sido siempre para mi como la magdalena de Proust, el cedazo con el que filtrar la realidad para acomodarla a mi predilección más íntima.

Viví junto al mar infinito desde la edad de cuatro años cuando tenía miedo de resbalarme en la arena y la leve inclinación de la playa provocada por el batir constante de las olas, me producía cierta zozobra.

La isla ignota fue un presagio que me persiguió toda la vida mientras espantaba los fantasmas de espejismos y ensoñaciones originados por las aletargadas siestas de la adolescencia.

Una casa en ruinas con muchas estancias destartaladas fue el sueño recurrente que tuve que sobrellevar durante toda mi juventud.

Y allí estaba ahora, perdido y solo en aquella isla, mancha en el océano, donde el cielo era la cúpula chispeante de la casa en ruinas que era mi vida. Sólo mi perrita con su algarabía habitual desbarataba la secuencia rutinaria de cada jornada.

Busca la entrada secreta”, percutía tercamente en mi cerebro mientras Siri se acercaba a mi con la excitación de algún encuentro inesperado que eran todos, pues en la isla no esperábamos visita. Cuando Siri quería llamar mi atención ladraba sólo una vez y se sentaba a esperar. Si no le hacía caso, al rato, volvía a ladrar una sola vez y esperaba. En esta ocasión parecía nerviosa más de lo habitual. Se detuvo ante mi y ladró una sola vez. Luego echó a correr en dirección a la parte de atrás de la cueva que acabábamos de abandonar. Como no tenía nada que hacer y además deseaba encontrar esa puerta secreta no perdía nada con seguirla y así lo hice. Al dar la vuelta a la roca dimos con un hoyo no muy profundo de unos diez metros de diámetro camuflado entre los arbustos. Nos acercamos a la parte más próxima a la roca y sin pensarlo dos veces salté. Pero el suelo se abrió ante el contacto de mis pies y caí por un agujero. Grité durante mi caída y Siri al oír mi grito también saltó a escasos centímetros, pero el suelo aguantó bien sus diez kilos y se mantuvo erguida sobre el suelo mientras observaba inquieta mis dificultades para ponerme de pie a unos dos metros y medio o tres metros de profundidad.

La luz producida por la abertura que provocó mi cuerpo al caer empezó poco a poco a desbaratar la penumbra que lo envolvía todo. De pronto tuve la sospecha de que no estaba solo. A mi derecha observé un bulto y al fondo una mancha todavía más negra. Extendí instintivamente la mano para tocarlo. Su tacto era frío y como de piedra pero el relieve me sobresaltó. Parecía un cráneo humano y eso era. Me desplacé en dirección a la mancha más oscura que había detrás y me encontré con algo parecido a una entrada cubierta de una especie de musgo y ramas secas. Era una puerta y lo que había amontonado delante de ella eran los restos antiguos de un aventurero que tuvo la mala fortuna de dar con sus huesos en aquella isla.

Mi perrita ladraba ahora sin tregua. Me buscaba. La llamé y me acerqué a la hendidura. Al verme saltó por el hueco. La cogí por unos centímetros, pero ella estaba acostumbrada porque con apenas unas semanas de vida se tiró desde la mesa de planchar al suelo y salió ilesa.

Ya estábamos todos. Un silencio pesado sustituyó al nerviosismo de hacía unos minutos. Siri se entretuvo olisqueando cada rincón de la gruta y yo discurría la manera de franquear aquella puerta.

Continuará

15 comentarios:

Leni dijo...

Me encanta tu forma de escribir.
Es amena.
LLena de imágenes.
El hecho de haber leído el primer capítulo para derivar en el séptimo me ha dejado un sabor agridulce.
Voy a ponerme al dia.
Buscar los capítulos restantes va a ser otra aventura.
Me gustó también oirlo.

Beso

Seda dijo...

Hermoso relato. y sí, hay que buscar y se encuentra la salida, aunque esté tapeada por las ruinas que pudimos haber heredado.
Y siempre habrá alguien dispuesto a ayudarnos a encontrar la salida.
te dejo un beso.

Prometeo dijo...

Hola Leni, muchas gracias. Eres un sol. Para seguir el relato correlativamente lo tienes muy fácil, en Temas vas a Diario y los tienes todos seguidos.

Beso

Prometeo dijo...

Hola Seda, gracias por tu visita y tus palabras.

Nos leemos.

Un beso

Moony-A media luz dijo...

¡Emocionanteeee!!

Me ha encantado la forma de narrar la historia.
Y, tengo muchísimas ganas de seguir leyendo. Menos mal que te leí lo de Diario :D

Un beso grande.

Prometeo dijo...

Muchas gracias Moony-A media luz.

Un beso grande.

alba* dijo...

'...Y allí estaba ahora, perdido y solo en aquella isla, mancha en el océano, donde el cielo era la cúpula chispeante de la casa en ruinas que era mi vida. Sólo mi perrita con su algarabía habitual desbarataba la secuencia rutinaria de cada jornada...'Buenos días, señor náufrafo, es manifiesta mi debilidad hacia usted, pero hoy acépteme una disculpa por no haber pisado su diario de náufrago por vocación, ni una sola vez y coom penitencia me autoimpongo rezar el rosario al revés, manía mías.

Siente y hacer sentir, gracias.
Desde el principio hasta esta última parte he estado pensando en lo solo que se encuentra el protagonista, en lo solos que nos encontramos todos.

Besos desde la otra orilla.

Prometeo dijo...

Buenos días, alba*. Es verdad, pero en este caso es una soledad buscada porque el naufragio tiene su particularidad. Pero lanzarse a la piscina tiene sus riesgos y una vez dentro uno se puede arrepentir de semejante osadía.

Pero es la vida misma.

Besos

el Gato Negro dijo...

Un saludo

Desde hace unos meses, yo y otros dos amigos, estamos llevando a cabo un proyecto. Dicho proyecto consiste en la elaboración de una comunidad literaria independiente, un rincón en el que cualquiera pueda expresarse y de cualquier forma: relatos, poesía, etc. La idea de la que surgió y de la que aún se sigue sustentando, no es solo esa expresión, anteriormente mencionada, sino el mestizaje: que lo que yo escriba puede servirle a otro de aprendizaje o si más no, pueda aportarle alguna idea y viceversa. Por ello, les invito a todos aquellos que quieran participar en la redacción a que envíen un mail a lagacetademedianoche@gmail.com, citando el correo electrónico de la cuenta blogger, a la que deberá enviarse la invitación.

Atentamente,

El Gato Negro

Prometeo dijo...

Muchas gracias por la invitación, Gato Negro. Quede constancia de ella para todas las personas amigas que quieran participar en vuestra idea.

Saludos

Basurero Usurero dijo...

Escribes decente, aunque no estoy seguro qué acabo de leer; no me hace reflexionar en absoluto, volveré porque hay algo en tu forma de escribir que me llama la atención. Suerte.

Prometeo dijo...

Muchas gracias por tu comentario, Basurero Usurero.

Un saludo y suerte también para ti.

Isabel Romana dijo...

Nos has dejado en lo más interesante. ¿Qué puede haber de subterráneo y secreto en una isla desierta? Besos.

Prometeo dijo...

Hola Isabel. De verdad que estoy metido en un buen lío...

Besos

azpeitia dijo...

Siempre las historias y los relatos, tienen que ser como las mujeres, misteriosas, siempre con un secreto que nunca desvelarán y eso nos lleva a los lectores a sumergirnos en la lectura...insisto en que me gusta como escribes...un abrazo de azpeitia