28 febrero 2009

Lluvias de febrero


Amaneció un día lluvioso, melancólico, gris.

El agua juguetea en los tejados y rebota en pequeños charcos por la calle. Las avecillas no se atreven a gorjear y reprimen el juego de escaramuzas y exhibiciones hasta que no claree. Los perros falderos dormitan resignados mientras ansían una oportunidad de salir a campo abierto a pelear pequeñas ramas de los árboles.

Es sábado y la semana pierde fuelle por momentos y acabará de consumirse el domingo para iniciar un nuevo ciclo que sucederá a otro espacio que renovará un pequeño lapso; tempus fugit, también los años nos dejan.

Se acerca el fin de un mes de febrero que ha sido desde el principio del Inventario de purificación y fuegos ceremoniales; de teas y antorchas; de expiación y sacrificio.

Y asomará Primavera su rostro de soslayo hasta que la calandria que faz grand melodia, en cantiga primeriza de Gonzalo de Berceo, inunde los valles de trinos y requiebros.

Febrero de brasas y rescoldos; de vientos y sonatas; de lágrimas de fuego.






4 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bonito, Prometeo. Tienes un galope encantador.

Besos desde Madrid

Alicia

alba* dijo...

El sonido de la lluvia no tiene parangón, Prometeo.

Un gusto leerte, ¿sabes? me has evocado recuerdos y has traido a mi memoria a una persona que ya no está físicamente conmigo, aunque nunca la dejaré ir del todo. Siempre me decía por san Blas las cigüeñas verás y creo que sin sabelo me inculcó un cariño especial al mes de Febrero.

alba*

Prometeo dijo...

Muchas gracias, Alicia. A ver cuándo te decides y nos dejas leer tu diario. Anímate y abre un blog.

Besos.

Prometeo dijo...

Muchas gracias, alba*, me alegro que te gusten estos trazos que esbozo, apresurados a veces, entre la vorágine del río de la vida que nos lleva.

Besos.

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