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18 abril 2026

El vuelo del Águila VI

¿En qué momento deja uno de volar y empieza, sin darse cuenta, a caer?

No fue un golpe seco, ni un giro brusco del viento. Fue algo más sutil. Como si el aire, de prontohubiese perdido consistencia.

Como si aquello que antes sosteníaahora simplemente acompañara… sin comprometerse.

El águila lo notó antes que nadie.

No en las alas, que seguían firmesni en la miradaque continuaba afilada como siempre. Lo percibió en el silencio.

Ese silencio distintomás hondoque no anuncia peligro sino cambio. 

Volaba. Pero ya no avanzaba igual.

vecesen pleno ascensotenía la sensación de que el cielo no era infinitosino una memoria.

Un lugar al que regresaba más que conquistaren ese regreso, algo se iba quedando atrás.

No era cansancioTampoco miedo.

Era conciencia.

Había aprendido cada corrientecada pliegue invisible del airecada truco para sosteners cuando todo parecía ceder.

Pero ahoraen mitad de ese dominiosurgía una pregunta incómoda:

¿Y si no se trata de llegar más alto?

el águila planeó largo rato sin batir las alas. Dejándose llevar.

No por rendiciónsino por una curiosidad nuevacasi infantil.

Como quien escucha por primera vez el sonido del viento sin querer dominarlo.

entonces lo comprendió.

No todo vuelo es conquista. Hay vuelos que son regresoOtrosdespedida. Y algunoslos más difíciles, son simplemente tránsito.

Aquella tarde no descendióTampoco subió.

Se quedó en ese punto exacto donde el aire no empuja ni retiene. Donde uno no sabe si sigue siendo quien era o empieza, sin ruido, a transformarse.

Quizá ahíjusto ahíempieza el verdadero vuelo.

Reto del náufrago: La próxima vez que sientas que no avanzas, no te precipites a cambiar de rumbo. Quédate un instante más. Observa. Puede que no estés detenido… puede que estés entendiendo.

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