18 junio 2008

Puig Campana III


Las calles aparecen deshabitadas al amanecer el segundo y último día de vida para la Tierra. Los datos contabilizados hasta la fecha revelan un millón de muertes producidas por el pánico en los países desarrollados. En los países pobres las estadísticas no han variado apreciablemente, la vida y la muerte allí siguen su ritmo habitual…

Aristóteles, Pitágoras, el ser y la nada, el superhombre y el sursuncorda.

Mis manos se mueven sudorosas mientras compruebo el infausto devenir de los acontecimientos.

Los científicos más reputados esgrimen hipótesis arriesgadas que según ellos evitarían el trágico desenlace. Los dirigentes de las iglesias reclaman para sí la exclusividad en la interpretación de lo que se avecina: final de los tiempos, extravío humano, cansancio de los dioses

Mientras tanto la gran bola de fuego pende imperturbable sobre nuestras cabezas. Algunos hasta encuentran un motivo de consuelo: no hemos sido nosotros los artífices de la destrucción de la Tierra sino un elemento natural exterior.

La mayoría de los mortales ha perdido el interés que les impulsaba a actuar hasta el día de ayer y miran suplicantes hacia arriba. Muchos abandonan despavoridos el puesto de trabajo y huyen de sus lugares de residencia como lobos asustados. ¿Adónde irán?

La humanidad, temerosa, confusa y suplicante, eleva hacia el cielo su plegaria como un incienso que entorpece los sentidos: parecen caer en la cuenta del extravío del ser humano desde tanto tiempo atrás que hizo que en vez de dedicar sus esfuerzos a prevenir catástrofes entregara su vida a amontonar ruido y furor.

Contengo la respiración mientras el temido momento se precita por el horizonte y el cielo se emborrona de un arco iris ensordecedor.

Y en el último instante, cuando todos presagian el gran final... el reloj de arena que rubrica el tiempo se detiene; la nave espacial Eros, cuando sólo faltan unos segundos para el fenomenal impacto, realiza una inesperada e insólita hazaña que se salta las leyes físicas y modifica in extremis su trayectoria para alejarse después con gravedad de la Tierra.

Siete trompetas tronaron en cada rincón de la Tierra y del Cielo y una voz potente y bronca retumba rota mientras anuncia el acontecimiento: la Tierra tendrá una segunda oportunidad; volveremos a empezar de nuevo.

Gráciles seres alados se mueven entre los rostros aturdidos de los confusos humanos que esperan ansiosos el gran final y en su lugar se encuentran con el anuncio pormenorizado de la buena nueva.

Y los seres venidos de lo alto relacionan uno tras otro todos los inventos humanos para luego hacerlos desaparecer de la faz de la tierra. Se desmaterializan y se esfuman en el acto, todos menos uno.

Un ser alado espléndido, de nombre Rafael, habla con gran majestuosidad como príncipe de luz:

El mundo viejo ha pasado ya y de él sólo quedará en la memoria de la gente, un vaporoso recuerdo como el que produce en los oídos nostálgicos el relato de una leyenda antigua. Y prosigue Rafael- Sólo un descubrimiento genuinamente humano es necesario para el viaje extravagante de la vida y sólo él formará parte de vuestra herencia y de vuestro equipaje: el fuego para el calor del hogar y el crepitar del fuego que trae recuerdos de la infancia de hombre, de sus sueños y de su origen. Todo lo demás sobra porque ya ocasionó una vez el extravío humano.

El sol espléndido esparce sus brasas por el valle. Tras el gran susto, el silencio y la calma reinan por doquier mientras redacto el último párrafo de mi escrito.

Yo, Michael, Arcángel y centinela de Dios, ¿quién como Dios? firmo y rubrico mi informe, dado en la Tierra en el año de la justicia de Dios.

Fin del último día de la Era Antigua

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Sabe que el domingo estuve en la ladera de la montaña del Puig Campana? Me han contando unas historias muy enigmáticas sobre ese lugar. Y ahora encuentro estos escritos suyos que terminan de intrigarme.

Un beso y enhorabuena por su blog.

Luz

Prometeo dijo...

¿Conoce usted una historia sobre ángeles? Es más antigua la que habla de ovnis...

Un beso, Luz

mcarmen dijo...

Me ha encantado.
Magnífico.
Besicos

Prometeo dijo...

Hola mcarmen. Mucho gusto de verte por aquí. Me alegro que te guste la serie sobre el Puig Campana.

Besicos.