18 junio 2009

Puebla Marina V: La línea de la vida



Desde el principio, Juan había estado al tanto de la preparación del Parque de la Alegría, por eso se sentía encantado de poder servir de lazarillo a su amigo de la infancia Miguel, aunque el destino les separara hacía ya una década.

El rótulo que encontraron sobre la puerta no era muy explícito: la línea de la vida. Le sonaba a la buenaventura que con más desparpajo y osadía que acierto y prudencia echaban las gitanas por las calles a los viandantes despistados o faltos de emociones. Líneas hay de muchas clases pero la de la vida se presentaba en el imaginario de Miguel como de trazo recto y toda otra línea no derecha apuntando al horizonte la percibía como una distorsión de la realidad y hasta le dolía en el alma, si bien, la historia de cada persona, nunca ha sido una línea recta sin subidas ni bajadas, sin tropiezos ni vaivenes.

Para cuando los dos amigos habían entrado en la línea de la vida, ya se les había reblandecido el corazón y avivado la curiosidad lo suficiente como para entregarse por completo a descifrar los entresijos de semejante paradoja. Desde la puerta y por sobre el suelo nacían dos líneas que cruzaban la estancia de parte a parte. Una de ellas era enteramente recta mientras que la otra, aunque corría paralela a la primera realizaba un recorrido de trazos irregulares, con altibajos, vueltas y revueltas. En un punto se separaban ambas y en otro tramo casi llegaban a confundirse. Al final las dos iban a morir al mismo lugar. Corría el rumor de que si la recta era la línea de la vida, la otra tendría que ser necesariamente la línea de la muerte. O, discurría Miguel, tal vez la una era la vida trazada y la otra la realmente vivida. O que una era como el testigo que auxiliaba al caminante. O bien que una era la contraparte de la otra en un matrimonio secreto e ignorado por la mayoría de las personas. Y así iban hilvanando las más disparatadas explicaciones que se les venían a la cabeza.

La sala estaba vacía y la acústica del lugar cooperaba a la replicación de sonidos y ecos que conferían a la estancia un halo de misterio como cuando una obertura trastoca el alma y la afina en la prístina nota de la música de las esferas. Miguel y Juan anduvieron de un lado para el otro contemplando ambas líneas; comparaban, medían, elucubraban con la intención de desentrañar su misterio. Una, cruzaba la sala jubilosa y altanera hasta recalar en su remate; la otra, pugnaba por superar cada celada del camino.
En la línea recta había dos rótulos, uno al principio y otro al final, mientras que de la otra línea emergía en cada recodo una inscripción en latín, de oscura interpretación a primera vista pero que por lo que pudieron deducir hacía referencia a sucesivas señales, hitos, mojones o etapas de toda una vida. De los quiebros más relevantes, sobresalían unos rótulos con el nombre de la liturgia de las horas, melodía eterna de los monjes en sus claustros: laudes, tercia, sexta, nona, vísperas y completas. Ambas líneas partían, pues, de laudes, y morían en completas tras evolucionar cada una de ellas a lomos de sus respectivos trazados.

Los dos amigos consiguieron atisbar alguna señal inequívoca que les permitiría salir airosos de aquel laberinto: dedujeron por una mixtura de intuición y lógica que las líneas más nítidas y de trazo más grueso señalaban momentos de felicidad y los perfiles quebrados o que apenas se adivinaban, correspondían a situaciones de zozobra e infelicidad donde la vida está por rendirse y la carroñera muerte sobrevuela su presa. Esto les llevó a barruntar una interpretación que les satisfizo porque les recordaba ciertos dichos populares que hacen de cada persona un mundo. Sí, un mundo inconmensurable, un vagamundo; un ser solitario pero con la suficiente fortaleza como para completar la jornada sin desfallecer porque cada ser humano es una fuerza que espera ser puesta a prueba y como un junco solitario emerge tras la tormenta.

En esas disquisiciones se entretenían cuando llegaron al fondo de la estancia donde estaba ubicado, como en las anteriores salas y como al parecer también había en las que quedaban por visitar, un taller donde los visitantes podían trazar sus propias líneas de la vida y señalar sus propios mojones con los sucesos que marcaron sus andanzas por esos mundos de Dios y compartir sus experiencias con otros peregrinos. Pero Miguel no estaba seguro de querer seguir en este momento y pospuso la experiencia para una nueva ocasión.

22 comentarios:

Leni dijo...

Es curioso Prometeo.
Siempre se habla de la "linea"de la vida...singular.
Sin embargo en tu relato son en realidad dos bifucarciones.
Yo siempre he creido un poco en eso.
Vives una vida(la de los demás)en la que te abandonas en otros.
Pero también está la tuya interior.
Lo que realmente eres.
A veces se conectan ...a veces no.
Muchos pecados cometidos nacen de ese apego-desapego.De esa lucha.
Se comienza en laudes:cuando despiertas.
Mueren en completas:antes del descanso.
¿Y en medio del descanso y del despertar?...
El sueño.
Miguel se iba a enfrentar a lo que era.
Y eso en ocasiones no nos gusta o simplemente no se corresponde con lo que somos.

Jo..perdona.
Mucho jugo tiene esta V parte.Mucho.

Sensacionál¡¡
Sigamos emergiendo de las tormentas.

(Como me gusta naufragar en esta parte tuya¡¡)

Beso

Prometeo dijo...

Hola Leni. Está claro que en algún momento tendremos que plantearnos tú y yo escribir a dos manos porque creo que formaríamos buen equipo. No tengo nada que perdonar, al contrario te agradezco los comentarios tan interesantes que haces.

Beso.

Mª JOSE. dijo...

LA LINEA DE LA VIDA..EN REALIDAD ES SOLO TU VIDA LA QUE DEBIERAS VIVIR ,PERO POR CIRCUNSTANCIAS ,TE VES INVOLUCRADO EN LA VIDA DE OTROS....PRECIOSO TU CUENTO.MJ

SÍSIFA dijo...

Estoy conmovida, encantada y quiero seguir leyendo esta historia... Dicen que las líneas de la mano cambian día a día, tal vez, minuto a minuto, imperceptiblemente, como cambia el destino a partir de nuestras elecciones. Tiene sentido, ¿verdad? Como sea, tu relato es apasionante y está magníficamente escrito. Nos vemos.

ana dijo...

Es que trazar nuestra línea de la vida, es algo como dificil, contarlo, dibujarlo...

No se, siempre respete a aquellas personas que saben interpretar esas líneas, pero nunca dejé que leyeran la mía.

Vaya me está resultando muy interesante.

Un besitoooo.

Carla dijo...

Este capitulo es muy interesante. Que paso con Miguel? porque no quiso seguir?... tendra miedo de algo, de marcar sus experiencias de vida.
Te digo una cosa Prometeo, esta historia me tiene cada vez mas atrapada. Todos los capitulos estan increiblemente bien escritos y con mucho suspenso y ene l finald e cada uno te dejan con la sensacion de querer saber mas, de seguir leyendo

Prometeo dijo...

Gracias Mª José. En realidad cada uno vive su vida en soledad; quiero decir que nadie puede vivir tu vida por ti. Todos vivimos retazos de las vidas de los demás pero sólo la nuestra es servicio 24 horas.

Prometeo dijo...

Muchas gracias SISIFA por tu comentario, interesante eso que dices sobre el cambio en tiempo real de las líneas de la mano.

Nos leemos.

Prometeo dijo...

Hola Ana,porque eres celosa de tu intimidad. Nadie tiene por qué leer tus cosas personales.

Gracias por tus comentarios.

Un besito.

Prometeo dijo...

Gracias Carla, eres muy generosa en tus comentarios.

Besos.

carmen dijo...

Querido náufrago:

Eres y estás sumergido de tanto encanto, que todo lo que sale de tu pluma, nos atrapa de un modo mágico.

¿Nos hechizaste, verdad?

Un beso y gracias por tus palabras

alba* dijo...

¡Qué cosas!
Miguel tuvo dudas en el último momento de escribir su propio destino, y nosotros lo hacemos a diario en cada elección del camino que tomamos.

Un ruego, señor náufrago.
No tarde mucho en continuar.

Cariños.

Prometeo dijo...

Hola Carmen, tú sí que eres un hechizo de mujer. Muchas gracias por tu visita y por tus comentarios.

Un beso

Prometeo dijo...

Hola alba*. Hay que comprender que Miguel lleva unos días en que los sentimientos se le agolpan en el pecho. Había que darle un respiro.

Este relato cuanto más se alarga más me llega el agua al cuello, así que tendré que no perderle el hilo y no parar.

Cariños.

Onminayas dijo...

Buenas noches, Prometeo: la historia de los dos amigos va elevando por días su grado de profundidad, y su atmósfera va tornándose cada vez más enigmática e imprevisible. Como esa línea vital que nos apuntas en tu tercera sala, que curiosamente parece que sea el hilo conductor de todos los demás recintos del parque.

Llama la atención, aunque también puede llegar a ser comprensiva, la actitud medrosa de Miguel, que parece estar recelando por el incierto futuro que todavía les aguarda.

Realmente me tienes desconcertado. Pero no me dejas otra opción que seguir a la espera...

mar dijo...

El relato es una pasada, Prometeo.

Me lo he leido desde la primera entrega hasta esta última y de verdad que me tienes enganchadísima.

No se si he captado bien esta última parte en la que se pospone la experiencia de uno de los niños. Pero si es como lo he interpretado es como si en ese momento le han dado la oportunidad de escribir su propia vida, porque lineas de la vida según tengo entendido y soy bastante incrédula en este aspecto, hay varias, la de la vida, la muerte, la razón y la del corazón.

Y sinceramente no me extraña que no estuviese seguro de seguir.
Si eso se pudiera hacer así, nuestra vida perdería toda chispa de emoción y la aventura de ser vivida pasaría a ser un guión previamente escrito con antelación.

Expectante me tienes.

Besos.

Marcela dijo...

Entiendo a Miguel. Yo también dudo muchas veces ante ciertas experiencias. Me encantó el análisis de la frase "cada persona es un mundo". Muy interesante este capítulo. Un beso.

Prometeo dijo...

Gracias Onminayas por tu intriga. El desenlace está a la vuelta de la esquina.

Saludos.

Prometeo dijo...

Hola Mar. Hay disparidad de opiniones sobre la osadía o timidez de Miguel en este caso. Puede ser simplemente una cuestión menor y una pista importante.

Besos

Prometeo dijo...

Muchas gracias Marecela.

Un beso.

Isabel Romana dijo...

Si yo hubiera tenido que elegir caminar sobre una u otra línea, hubiera preferido la quebrada e indecisa, es la que se parece más a mí vida. En cualquier caso, si las líneas unían simbólicamente el principio y el final de la vida, y el final es la muerte,mejor elegir la quebrada. Es bien conocido que la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta.

Saludos cordiales.

Prometeo dijo...

Gracias Isabel. Has tenido una buena idea, sí con lo de las líneas de la vida.

Un abrazo