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05 septiembre 2009

Flores de septiembre II



Las cosas o se hacen bien o mejor no hacerlas. De manera que como he tenido problemas de acceso a mi blog aunque ignoro el motivo pues he troceado la entrada en tres partes a ver si así consigo resolver el desaguisado. Tienen la palabra, pues, los lectores de Andanzas de un Náufrago.

JoséBlogger Jaime dijo…

Grandes letras se encuentran aquí, bien dirigidas por su autor, cuidando mucho la calidad de la escritura y el lenguaje. Con excelentes historias. José Jaime

Lourdes Torres dijo...

Mi buen amigo, este relato es magnífico porque me mantuvo a la espera del final...

Sigo atenta a lo que escribes...
Saludos desde el estado de Jalisco (En México).

Ovalis dijo...

El desierto de Sonora como escenario de una historia intemporal. Nos dibujas con pulso ágil este increíble y sugerente relato.
Y las imágenes, Prometeo, muy bien trazadas.
Abrazos

Bloggercarmen dijo...

Pero que genial eres, náufrago!
Nos has vendido el "cacao maravillao", "la guerra de los mundos"...que bueno, hemos caído en tus redes.
Tu ficción es magistral, y todos queremos más.

Estás tan tierno que enamoras a todo lector desprevenido...
Tus "huellas" preciosísimas (eso de una cabeza orlada con mil ideas seductoras, es tan TOTAL), y ahora este poema de tan sugerente nombre...

"...Te esperaré otras veces,
me echarás tan de menos,
tal vez ya nunca, nunca,
o quizás pronto, luego...."

Ese "luego" tuyo parte el camino y se hace inspiración y esperanza.
Cómo me gusta leerte..., que valiente y decidido eres con las palabras, tú ya eres grande para muchos de nosotros.

Mi querido náufrago, el más comprensivo de los que conozco, tu PUEBLA MARINA es sencillamente genial, me tienes absorta en su lectura y expectante..., bueno a mi y a muchos de tus seguidores, que te bloquearan el área de comentarios. Ya verás!
No se donde quieres llegar, pero tengo la certeza de que llegarás donde quieras.
Naufragas en un mar de talento.
Tu fiel enamorada, que espera impaciente poder colaborar con vos, en algún relato!

Dulces noches!

Un besote "salao"!

BloggerBegoña Sánchez dijo...

Menudo relato!
Hace unos días vi una entrada sobre la muerte de Ángel. Es un bonito homenaje este relato tuyo, a él y a todos los que día a día van desapareciendo.
Saludos

Ana Márquez dijo...

Magnífico! Muy buen relato, mantiene la atención del lector durante todo el trayecto.

Hacía rato que no pasaba por aquí, pero siempre que vuelvo recuerdo por qué agregué este blog a mi lista. Genial foto y entrada, he sentido la gota, la he sentido...

Eres un maestro del haiku, una disciplina tan sencilla como complicada, ya me entiendes. Es un placer leerte
Un abrazo fuerte.

Felicidades.

BloggerP. Vargas dijo...

Mano que bueno, el texto esta genial, una historia maravillosa, y una interrogante que a veces muchos en la noche frecuentamos ¿que pasara el dia que todo se apague?
Un gusto encontrarme con tu blog, nos estamos leyendo! Feliz semana!

MOMENTOS DE LA VIDAdijo...

Es mi primera visita a tu blog, pero si tu me permites estaré mas seguido! es maravilloso el relato! te dejo un gran beso.

Ro dijo...

Desde luego, la escritura Kamikaze ofrece riesgos y como dices puede suceder que te metas en un lío, pero... siempre hay recursos para una mente ágil y creativa como la tuya. Seguramente el taller literario y sus normas se quedarían hablando a tus espaldas. je je je solo que hoy por hoy, la llevas muy bien.

Me ha gustado tu reflexión, es un placer visitarte.

Cariños
Ro

victoria dijo...

Mi querido amigo, me ha conmovido tu relato, gran corazón para todo y para nuestros amigos de blog. Te dejo un desafío en mi blog del mundo animal. Espero que puedas recogerlo. Con cariño Victoria

Carmen dijo...

Un gran placer leerte y un gran descubrimiento tu blog.
Seguiré leyéndote con sumo gusto.
Felicitaciones Prometeo. (No tiene enlace a su blog o no tiene blog)

Angus dijo...

Buenísimo relato, impresionante.

Cechave dijo...

Vuelvo de vacaciones, y la primera entrada que leo (tengo muchas pendientes), es esta maravillosa ficción que has creado, pero que tristemente puede ser muy real, como en algún caso ya ha ocurrido.
Me ha encantado el relato.

Cani Mancebo dijo...

Me ha mantenido en vilo este texto hasta el final. Y me has hecho recordar a un bloquero amigo de otros lares que conocí en persona y tristemente también se fue ... aunque su esencia siempre perdure en mí y en quienes le conocimos ... como, tal vez, perdure Ángel en la tuya.
Con tu permiso, regresaré, aunque sea en silencio.
Saludos.

BloggerAbuela Ciber dijo...

Bravo!!! Bravo!!!
Bellísimo....bellísimo...bellísimo.
Yo estoy siempre aquí, -juntó los dedos y tocó el pecho de Miguel como si aldabeara las puertas del alma.
Si algún día no estoy....recuérdame.
Cariños

BloggerLoli dijo...

Me quedé divinamente confundida con la entrada.
Si vieras lo linda que me pongo cuando me confundes?
Jijijiji

MiLaGroS dijo...

ja, ja, ja. ¡ Que carácter! Cualquiera le contradice. Me ha encantado el relato. Un abrazo.

Mimí dijo...

Buenísima!!

Belkis dijo...

Hola prometeo, he venido a agradecerte el que me sigas y a conocer tu espacio. Esta entrevista me parece muy original, parece ser que la entrevistada terminó siendo la entrevistadora. Muy buena. Seguiré dando un vistazo por aquí. Un saludo cordial

Silvia dijo...

Me encantó como lo relataste. Y sí, la naturaleza tiene cosas tan bellas y a la vez tan temibles... y
Un saludo.

Seda dijo...

¡excelente! buen relato y buen mensaje, lo que no vemos de los actos la vida y la naturaleza ...

un gusto leerte, como siempre.
un beso desde Uruguay

Pau dijo...

Qué sabio el contraste y la relación directa inevitable que establecés entre la gota y el tsunami… la ciencia molecular los define como idénticos.

*Sechat* dijo...

La fuerza del agua, la has plasmado como nadie en estas palabras. ¡Precioso! Muy buena la frase: "Y rompió aguas". También en este relato me quedo con el párrafo final. Impecable y sublime. ¡Genial!

03 septiembre 2009

Flores de septiembre I



¿Tiempo de balance? No; tiempo de agradecimiento a todos los amigos blogueros que habéis tenido el detalle y la generosidad de dejar un comentario en mis escritos. Mi reconocimiento a todos por el subidón que supone leer lo que habéis expresado. Aquí dejo vuestros comentarios con vuestro respectivo nombre. No están puestos por ningún orden de preferencia, sino por el orden natural de aparición. Disculpad si hay algún error del tipo que sea. Un abrazo y muchas gracias por las flores.

SISIFA dijo...

Quiero ir allí, a Puebla Marina. Si cierro los ojos, casi puedo respirar ese aire...Es que tu pluma le insufla vida a una utopía. ¿Pero qué es una utopía, el mejor lugar o el lugar que no existe? Después de todo, qué importa. De todos modos, mi alma parte en pos de él, de ti.


Isabel Romana dijo...

Estremecedor relato, muy conseguido. No sé que nos falta o qué le falta a cada hombre, además de las alas. A veces, la vida se presenta realmente dura... Un abrazo.

Bloggermar dijo...

Qué riqueza del lenguaje, por Dios!
(Se puede envidiar a alguien sanamente?)

Muy bueno, Prometeo, muy buen relato y un bonito recuerdo.
Me gusta como escribes.
Besos.


Leni dijo...

Bellísimo texto Prometeo.
Seguir ese camino es lo que hace que tus letras transciendan.
Sin duda te mereces todo lo bueno que te llegue.
A mí me encantaría leer un libro tuyo.
Jugar entre dos aguas sin naufragar es muy difícil.
Pero tú haces de cada escrito un hermoso velero,
Como me gusta leerte¡`
(y poder decírtelo)
Beso

azpeitia dijo...

Primero tu relato me ha dejado sin palabras, aunque quiero pensar que el relato no es real. Y que belleza después las palabras de Adah....estoy conmovido...un abrazo desde Azpeitia

Eterna aprendiz dijo...

Magnífico escrito y reflexiones.
Cada uno percibe las situaciones según sus experiencias, a veces se nos vuelven en contra, otras nos ayudan a crecer.
Besos

Ela dijo...

atrapante! ha sido como si formara parte de aquel grupo

hermoso
has escrito con mucha alma
un beso grande.

Marcela dijo...

Hermosas huellas.
Beso.

Silvia Beatriz dijo...

Lo lei 2 veces. Muy bueno.
Saludos!

Shanty dijo...

Preciosa narración, llena de vida.
Saludos.

Bloggermarea dijo...

Arena y muerte. Estoy invadida por una inmensa tristeza, pero me gusta tu forma de redactar.

Me pasearé por tus arenas, con tu permiso.

Un abrazo

P.D. Por alguna razón que desconozco estoy teniendo problemas en mi blog. Disculpad, pero estoy haciendo algunas pruebas para ver si descubro dónde está "Wally".

01 septiembre 2009

Septiembre vuelve

el sol cae oblicuo sobre el lienzo...


Amanece septiembre

Queridos amigos, he recibido varios mensajes que me avisan de la imposibilidad de acceder a mi blog. Agradecería alguna indicación en ese sentido, si alguno de vosotros tenéis dificultad para entrar en un tiempo razonable en mi página.

Muchas gracias y feliz septiembre.

30 agosto 2009

La prueba del laberinto



"Así fue cómo me volví loco.

Y he hallado libertad y salvación en mi locura; la libertad de estar solo y a salvo de ser comprendido, porque aquellos que nos comprenden esclavizan algo nuestro." Kahlil Gibran

Apenas había avanzado cinco pasos sobre el laberinto cuando encontró un pergamino con la siguiente inscripción: no descorras el velo. Sonrió. Suficiente gasolina para hacer arder la tea de su curiosidad.

En una encrucijada leyó: tras de la cortina nunca encontrarás lo que esperas. Y en letra más pequeña: no siempre lo alcanzado es lo mejor.

Tomó una derivación a la izquierda por puro azar, pura intuición. Pasillos interminables sin una sola señal, sin una pista que seguir. Torció a la derecha en flagrante oxímoron.

Camino real, el laberinto. Pleno de vacío, escenario del no-hacer, palanca que detiene el mundo, instante de silencio que te hace ser otro. El ángel travieso sonríe con un mohín, pellizco de eternidad contenida.

El tiempo se detiene en las galerías húmedas del laberinto. Se contrae y luego se estira como goma elástica. Pasos en estéreo, ecos sordos de la propia zozobra.

¿Sería grata la fuente si no corriera el agua? ¿El manantial, señero sin el arroyo de oro? ¿La montaña un imán sin regueros de sangre?

Sobre un pasadizo, perfiles furtivos en la penumbra. Mundos sobre mundos, contornos sobre tinieblas. El tiempo retuerce su tic tac contra un fondo de misterio.

¿Hacia el centro o desde el centro del laberinto?

Sobre la roca, escrito con sangre: no existe licor más dulce que la libertad ni brebaje más pesado y asfixiante que los fantasmas ajenos.

En un improvisado altar bebió hasta la última gota de un cáliz de oro bañado por un oblicuo y cortante rayo de sol. De un hontanar cercano se oyó fluir la savia de la tierra en eterno roce con la roca. Había superado la prueba.




26 agosto 2009

Andante ma non troppo

el azul se precipita sobre el camino



matices: los árboles hablan por las hojas




intenso: lluvia de cielo sobre valle y monte



adivina dónde está y te lo cuento



espacio interior




síntesis




arrayanes





huerto solar





sombras, nada menos



Y se quedarán los pájaros cantando...




23 agosto 2009

El héroe y II

Ciudad de Santa Bárbara

Tras recorrer un par de leguas también a mi me dolía todo el cuerpo humano. Acababa de cumplir 15 años y el cansancio hacía estragos en mi, entumecía mis músculos, entristecía mi cara y pintaba sombras en el cielo azul orlado por el humo de los coches.

Avanzaba por la carretera hacia la populosa ciudad de Santa Bárbara con la esperanza de encontrar un nuevo mundo lleno de oportunidades. En un repecho había aparcado un camionero su trailer y me preguntaba con gestos si quería irme con él. Decliné la invitación y proseguí mi camino acunado ahora por la tibieza de los rayos del sol.

Al llegar la primera noche acampé bajo unos chaparros. Acomodé mi mochila después de retirar de ella la linterna que guardé en mi mano y al poco rato caía en un sueño profundo.

Yo ascendía con paso firme por una carretera secundaria y poco transitada que había junto a una gran autopista de quince vías camino de Santa Bárbara. Por detrás de la catarata de luces emergían de la niebla las primeras casas de estilo español. Junto a uno de aquellos señoriales bungalós me detuve a comer algo. Con dificultad abrí una de mis latas. Alguien desde el porche me observaba. Su silueta emergió desde la penumbra. Al fin me habló: ¿qué haces, chaval? ¿adónde vas? Esperaba ese tipo de interrogatorio, así que contesté como quien sigue un guión: voy tras un sueño. Sonrió: ¿a estas horas? Comía algo por lo que las palabras salían con dificultad de su boca. Aproveché y añadí: quiero ser famoso. Ah, era eso, masculló. Escúchame bien, muchacho: No persigas la fama ni el poder; si alguna de esas bestias llega lo hará de todas formas.

Emprendí la marcha entre sonrisas. También busco el amor, dije entre dientes ya medio vuelto de espaldas al desconocido. El hombre se apoyó en la balaustrada y con un sedimento de tristeza en la voz añadió: el amor es como un anillo que acaricia con su abrazo todo lo que toca: para conocer el amor debes amarlo todo. Y enumeraba las cosas que debía amar: esos chaparros, el camino que te lleva por estas colinas, la gente que encontrarás a tu paso, aventureros como tú en esta mágica tierra, el perrillo afónico que llora su soledad, las alamedas de suave música, las puestas de sol que embelesan el alma. Y siguió con su letanía mientras yo me adentraba en el laberinto de casas bajas de Santa Bárbara. En un cruce, de pronto, un coche se precipitó contra mi y…

Me despertó el fogonazo de luz de una linterna. Me llevé una impresión extraña al ver la mirada severa de mi padre que terminó de aclarar mis dudas. Junto a él mi hermana sonreía con un ¿otra vez? Y me terminó de matar su pregunta: ¿cómo tienes el cuerpo humano? No quise mirar más caras pero estarían todos los demás partiéndose de risa. ¿Qué había fallado? Comprobé que mi mochila seguía allí y también la linterna permanecía en mi mano.

Maldita sea, apenas me había desplazado unas pocas leguas…



22 agosto 2009

El héroe

Un cuento breve

¿Por qué cuando eres pequeño todo te parece grande? Al menos a mi me ocurrió. Grande o alto, y el paraíso quedaba muy lejos. Cuando uno crece se acortan las distancias pero ese lugar mítico llamado paraíso sigue estando lejano.

Aún no había cumplido los ocho años cuando me escapé de casa por primera vez. Todavía oigo a mi madre gritar desde el balcón: ¡Pipo, vuelve!, ¿Adónde vas? ¿Acaso lo sabía yo? Por aquel entonces yo estaba como una puñetera cabra, atento nada más que a mi propia colección de fantasías que me auguraban las mil y una aventuras en algún recóndito lugar.

Recuerdo que era martes y que me desperté muy temprano tras una noche de pesadillas en la que no dormí casi nada. Cogí mi libro favorito, “el héroe”, que así se llamaba, y eché a andar por la senda que comunica nuestra casa con la de mi amigo Pablo con la intención de dirigirme desde allí rumbo a alguna parte. “El héroe”, ¡qué recuerdos! Era un librito minúsculo de no más de un par de docenas de páginas con muchos dibujos y muy pocas letras. Es el único libro que he leído entero, eso sí, unas cientos de veces a lo largo de mi vida. Nunca me gustaron los libros voluminosos. Si volvía triste del colegio, allí estaba mi libro que se dejaba leer en dos o tres minutos, ni uno más. De cabo a rabo. Algunas veces me demoraba mirando la tapa, con la emoción en el rostro, y volvía a leerlo.

El héroe contaba las aventuras acaecidas a un niño al que su padre le pide que le traiga sus zapatillas del dormitorio. Para llegar a él debe atravesar todo el largo del pasillo. Transcurría la acción, pues, en el tramo que va desde el salón, junto a la puerta de entrada, al dormitorio, a través de un recodo en penumbra donde acechaban los peligros más inauditos para el padre de Andrés, que así se llamaba nuestro héroe, que ignoraba de todas, todas que ese corto espacio de la casa, esquivo y huidizo, pudiera albergar dos amenazantes espías con gabardina y gafas de espejo; un león enorme y fiero, amén de una trampa debajo de la alfombra que había delante de la habitación de sus padres por la que se precipitaría en un pozo oscuro y profundo si no andaba con cuidado. El valiente niño sorteaba todos los peligros con éxito y al final se felicitaba de sus progresos hasta convertirse en un héroe.

Ya estaba en la calle ¿y ahora qué? Mi resolución menguaba por momentos y cuando había andado unos cuarenta pasos o así en dirección a la casa de mi amigo Pablo me detuve en seco y di media vuelta. Como a eso de unos cien metros dos ojillos curiosos me observaban sin parpadear. Era mi hermana pequeña que miraba con asombro sin saber ni qué decir ni qué hacer. Otra valiente. Siempre repetía una frase que a mi me hacía mucha gracia; decía, me duele el cuerpo humano. Ya sea que le doliera la cabeza o el estómago o se arañara una pierna, le dolía el cuerpo humano. Recuerdo un día en que no teníamos ganar de ir al colegio y a mitad del camino nos quitamos, no sin dificultad, un diente cada uno para tener una buena coartada para volvernos a casa. Al final no se tragaron la excusa y nos quedó un sedimento de tristeza por el tanto daño sufrido para tan poco provecho. Mi hermana se quedó todo el día repitiendo su queja por los rincones: me duele el cuerpo humano. En fin, travesuras. ¿Qué niño, pudiendo jugar, querría ir al cole? En la puerta de casa me esperaba mi madre con los brazos cruzados y una media sonrisa entre socarrona y condescendiente. Me dio un abrazo y me preguntó si quería un zumo de naranja. Hacía esfuerzos por disimular la risa. Así no hay manera de que lo tomen a uno en serio.

En resumen que ese fue todo mi vuelo la primera vez que me escapé de verdad de casa. Digo de verdad porque pensarlo lo había pensado muchas otras veces pero nunca había tenido el valor, el arranque y el arrojo suficientes para echar a andar siguiera unos pasos. Para terminar de arreglarlo cuando volvió mi padre nadie reparó en chivarle que me había ido de casa y por lo tanto mi padre no me llamó aparte para reñirme o contarme cómo él cuando era pequeño también, una mala tarde, se marchó de casa y bla, bla, bla. De tal modo que mi primera experiencia fue un completo fracaso del que quedé dolido por unos meses.

Pero llegó el día, ahora sí, en que decidí poner en práctica mi plan largo tiempo urdido. Esta vez no fallaría; no podía vivir ni un minuto más con esa sensación de nenaza, para lo cual me organicé todo muy bien sin dejar ningún cabo suelto. De manera que madrugué más de lo que el frío invierno aconseja y antes de despuntar las primeras luces ya estaba yo en la senda adecuada pertrechado con una mochila en la que había ido acomodando algunas cosas que creía me harían falta, al menos para los primeros días de mi marcha: una linterna, unas latas de conserva, unos botes de coca cola, ropa de abrigo y un cuaderno y un bolígrafo para anotar todo lo que me ocurriera en mi caminar por esos mundos de Dios. Todos dormían en casa y algunos hasta roncaban así que cuando fueran a echarme en falta estaría ya a muchas leguas de allí. Lo de leguas lo había escuchado en los cuentos que mi madre me leía de pequeño y me gustaba mucho y me parecía de más fuste que kilómetros.

(Continúa)

El río que no sabía detenerse

“Si lees esto, es que aún estás a tiempo”.  Juan Puebla seguía sin entender por qué aquella frase lo perseguía tanto.  Deambulaba por Alfons...