04 mayo 2008

A ras de Duero I

Apuntes nostálgicos del cuaderno de viajes de un náufrago.

Una semana de julio de 2007 llegué a tierras de Soria siguiendo el curso anfractuoso del Duero. El susurro de los versos de Machado me perseguía por valles plenos de encanto y serenidad, sobrevolaban mesetas que servían de asiento a castillos depositarios del polvo de la historia y por junto a los chopos de hojas habladoras que discurren por alamedas que baña el río en tierras castellanas.


Puente romano sobre el Duero en Soria.

El sonido de la naturaleza sin estridencias y el sonido de los versos de los poetas que encontraron inspiración en las enamoradas tierras castellanas, el perfume de plantas, el discurrir de águilas y buitres por el cielo límpido de Soria.

El Duero. Soria aun lado, y al otro los parajes donde Antonio Machado, Gerardo Diego y Gustavo Adolfo Bécquer hallaron inspiración:


He vuelto a ver los álamos dorados

álamos del camino en la ribera

del Duero, entre San Polo y San Saturio,

tras las murallas viejas

de Soria -barbacana

hacia Aragón, en castellana tierra-.

Estos chopos del río, que acompañan

con el sonido de sus hojas secas

el son del agua cuando el viento sopla,

tienen en sus cortezas

grabadas iniciales que son nombres

de enamorados, cifras que son fechas.

¡Álamos del amor que ayer tuvisteis

de ruiseñores vuestras ramas llenas;

álamos que seréis mañana liras

del viento perfumado en primavera;

álamos del amor cerca del agua

que corre y pasa y sueña,

álamos de las márgenes del Duero,

conmigo vais, mi corazón os lleva!

Antonio Machado


San polo fue monasterio templario. Junto a él una hermosa quinta que sirvió de inspiración a Bécquer en su rayo de luna


Sobre el Duero, que pasaba lamiendo las carcomidas y oscuras piedras de las murallas de Soria, hay un puente que conduce de la ciudad al antiguo convento de los Templarios, cuyas posesiones se extendían a lo largo de la opuesta margen del río.

En la época a que nos referimos, los caballeros de la Orden habían ya abandonado sus históricas fortalezas; pero aún quedaban en pie los restos de los anchos torreones de sus muros, aún se veían, como en parte se ven hoy, cubiertos de hiedra y campanillas blancas, los macizos arcos de su claustro, las prolongadas galerías ojivales de sus patios de armas, en las que suspiraba el viento con un gemido, agitando las altas hierbas.

Gustavo Adolfo Bécquer. Fragmento de El rayo de luna
Ayer soñaba.
Tú eras un árbol manso
- isla morada, abanico de brisa -
entre la siesta densa.
Y yo me adormecía.
Después yo era un arroyo
Y arqueaba mi lomo de agua limpia,
como un gato mimado,
para rozarte el paso.

Gerardo Diego



De la ermita de San Polo a la cueva ermita de San Saturio, patrón de Soria, el camino desciende entre álamos a ras de las aguas del río Duero.


San Saturio, cueva y ermita.


El Duero desde la puerta de la cueva

Rincón de Antonio Machado en la puerta de la ermita cueva.


Campos de Soria

¡Colinas plateadas,

grises alcores, cárdenas roquedas

por donde traza el Duero

su curva de ballesta

en torno a Soria, oscuros encinares,

ariscos pedregales, calvas sierras,

caminos blancos y álamos del río,

tardes de Soria, mística y guerrera,

hoy siento por vosotros, en el fondo

del corazón, tristeza,

tristeza que es amor! ¡Campos de Soria

donde parece que las rocas sueñan,

conmigo vais! ¡Colinas plateadas,

grises alcores, cárdenas roquedas!...

¡Oh, sí! Conmigo vais, campos de Soria,

tardes tranquilas, montes de violeta,

alamedas del río, verde sueño

del suelo gris y de la parda tierra,

agria melancolía

de la ciudad decrépita,

me habéis llegado al alma,

¿o acaso estabais en el fondo de ella?

¡Gente del alto llano numantino

que a Dios guardáis como cristianas viejas,

que el sol de España os llene

de alegría, de luz y de riqueza!


Antonio Machado


A un olmo seco

Al olmo viejo, hendido por el rayo

y en su mitad podrido,

con las lluvias de abril y el sol de mayo

algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina

que lame el Duero! Un musgo amarillento

le mancha la corteza blanquecina

al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores

que guardan el camino y la ribera,

habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera

va trepando por él, y en sus entrañas

urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,

con su hacha el leñador, y el carpintero

te convierta en melena de campana,

lanza de carro o yugo de carreta;

antes que rojo en el hogar, mañana,

ardas en alguna mísera caseta,

al borde de un camino;

antes que te descuaje un torbellino

y tronche el soplo de las sierras blancas;

antes que el río hasta la mar te empuje

por valles y barrancas,

olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama verdecida.

Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera.
Antonio Machado



Epílogo I


"Soria es una ciudad de poetas y para poetas". A. Gallego Morell

2 comentarios:

mcarmen dijo...

Buenos días. Gracias por invitarme a tu blog. Me ha encantado el paseo por Soria, las lecturas de Machado, Bécquer y Gerardo Diego y las bonitas fotografías. Con más tranquilidad veré las muchas entradas que he visto que contiene el blog. Cuenta con una lectora más :-)
Besicos a toda la familia.

Prometeo dijo...

Muchas gracias, Mcarmen por la visita tan cualificada a mi blog. El poco tiempo que le queda a uno...

Igualmente, besicos.