16 junio 2008

Puig Campana II



¡El paisaje es espléndido! Sendero abajo puedo ver a unos aventureros que recogen los bártulos que utilizaron para la escalada a la gran montaña. Mochilas, tiendas, machetes, linternas… El cielo esboza un estático torbellino de colores. La cima del Puig Campana se desvanece tocada por los últimos rayos del sol mientras abajo varios archipiélagos de luces tintinean como antorchas vacilantes.

Y, de pronto, estalla la bomba. La noticia saltó primero a la red y de ahí pasó a la televisión y a la radio... Un científico incontrolado, aprovechó el anonimato de Internet para dejarla caer con indisimulado afán. Se trata de la pesadilla de los últimos años: el asteroide Eros que vaga por el espacio en un diabólico viaje que acabará abruptamente al impactar contra la Tierra.


Se extendió como tsunami por todas las pantallas de ordenador y como plaga se prodigó en todos los boletines informativos de radio y televisión. Todos pronunciaban el mismo nombre: Eros.

Las grandes potencias, una vez convencidas de que no podrían esconder el gran acontecimiento a la población unificaron sus criterios a través de videoconferencia y decidieron como primera providencia redactar un comunicado para tranquilizar a los ciudadanos porque ellos se sienten realmente asustados. Pero la gran noticia había calado ya hasta en el último rincón de la tierra y no había tranquilidad posible para los corazones angustiados.

En pocos días ningún habitante de la aldea global fue ajeno al acontecimiento: aquello, temido y pronosticado desde antiguo iba a ocurrir. La profecía largamente anunciada; el abracadabra o palabra mágica de todas las logias; el temor, primero y el pánico después, todo se desparramó por calles de pueblos y ciudades y por las encrucijadas de los caminos, reales o virtuales: en un par de días la tierra estallaría en pedazos y provocaría un desequilibrio sin precedentes en el sistema solar, de resultados imprevisibles para toda la galaxia. Pero esta vez la noticia provenía de los más reputados laboratorios científicos.

Tras el caos que sobrevino de inmediato le siguió una paralización de toda actividad en la tierra.

En todo el mundo miles de expertos de frentes sudorosas ponen a trabajar a todo correr máquinas potentísimas que efectúan complicados cálculos sobre órbitas, desplazamientos, probabilidades, márgenes de error. No había duda: al mediodía del viernes y de acuerdo a sesudos cálculos efectuados desde hacía una docena de años, el asteroide catalogado por los científicos con el nombre de Eros impactaría sin compasión contra la tierra con una potencia tal que los daños serían letales para la supervivencia del planeta que muy posiblemente se disolvería en millones de partículas vagando en todas direcciones... si Dios no lo remediaba.

Los estudios de televisión de medio mundo se pueblan de personajes variopintos que extraen de aquí y de allá las más variadas teorías y enarbolan hipótesis de trabajo, propuestas, amenazas, esperanzas. Todo se va a poner a prueba: la fe del carbonero, la evidencia científica, las teorías apocalípticas, el ateísmo de los descreídos; toda creencia mira de reojo al vecino. En unas pocas horas la humanidad saldrá de muchas dudas.

Mientras tanto, inexorable, Eros recorre los miles de kilómetros que le separan del gran encontronazo. ¡Cuantos años de disputas, de ambiciones, de egoísmos que se ha de tragar el fuego! ¿Será posible que ocurra lo que hasta hace unos días era considerado sólo como de ciencia-ficción?

Y así naufragó el día primero entre estertores llegados desde los últimos confines de la tierra camino a la desesperación.

Continuará.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Náufragos somos... ¿sabemos decir números rojos en inglés? Por supuesto: "Zapatero numbers"... Y mientras tanto naufragamos con las jóvenas miembras. ¡Juventud Aído divino tesoro!

azpeitia dijo...

Enhorabuena por tu página, consigues que sea interesante...un abrazo de azpeitia

Prometeo dijo...

Muchas gracias, azpeitia. Es usted muy amable. Le agradezco su visita a mi blog.

Un abrazo.

mcarmen dijo...

Jo, qué intriga, ¡cómo engancha!
Enhorabuena.
Un abrazo.