02 julio 2008

Contrapunto

Keran Leah Hevia

Te hallé mientras deambulabas por las calles de una ciudad plateada. Envuelta en fina lluvia te perdiste entre callejas sin nombre como un presagio de inmolación y muerte… Ni el viento ni el tiempo pudieron estorbar el encanto de tu mirada triste en mis ojos verdes, hoy tornasolados…

Fue ayer. Te contemplé durante unos minutos eternos. Parecías como salida de un torbellino de fuego o de una pesadilla agónica si bien tu andar era elegante. Estabas allí en mi ciudad, delante de mi, como tantas veces había soñado… Pero si era así yo moriría aquella misma tarde… De eso no había ninguna duda… Un frío sólido subió desde la nuca hasta el último cabello de mi cabeza como cruza el rayo de este a poniente en un suspiro.

Por una calle estrecha como el nudo que angostaba mi garganta, fui deslizándome hacia la vieja ermita donde te encontrara hacía ya mucho tiempo. Allí estabas tú con esa sonrisa enigmática que me subyugó la primera vez. No había nadie más o yo no los vi; simplemente estábamos tú y yo en aquel instante y lugar y nadie más podía trastocar ese momento mágico, sublime. Al poco ya no estabas, como si un fantasma jugara conmigo… ¿Qué pasaría si te busco entre los fantasmas de la noche y cruzo la niebla de mi ciudad ahora desierta? No quería que aquello se resolviera en un sueño, así que eché a andar calle arriba. ¿Se habrá esfumado como espíritu y deambulará sin rumbo por plazas y callejas?

Abrí los ojos y sentí tu respiración en mi nuca. Volví mi rostro de pronto y allí estaban tus labios y tus ojos ensayando una tirada certera… Acerqué los míos lentamente y noté el frío mármol y probé la dulce miel… Y al instante vi, lo vi antes de que ocurriera, cómo mi cuerpo tropezaba contra el suelo sufriendo la agonía que presagió tu presencia.

Y ya no tuve ninguna duda: eras tú. Habías venido a mi entierro…


PD. En recuerdo y homenaje al nik tutifruti, compañera de debates foriles. Mi escrito nació a raíz de un texto de ella.