09 enero 2026

Soneto de otoño



En oro el campo troca su mudanza, 
y el sol, cansado rey, baja la frente; 
la vid sangra su júbilo en la gente, 
y el aire bebe adiós con esperanza. 

 Cruje la hoja: en su caída alcanza 
ser epitafio breve y transparente; 
el río -plata fiel- porfía ardiente 
porque no muera el canto en lontananza. 

La tarde, en brasa, dora la ribera; 
el viento, galán ciego de la sombra, 
desnuda el mundo a fuerza de ternura. 

Y entiende el corazón, cuando lo vera, 
que cuanto más se pierde, más se nombra: 
no es muerte el irse; es ley de la hermosura.

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