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10 julio 2008

Tópicos


Hay una buena cosecha de tópicos o frases trilladas que han hecho fortuna entre la gente a pesar de que le atribuyen un sentido que no es el que tuvieron al nacer; sólo sé que no sé nada, es una de ellas. Curiosa frase de Sócrates que ha hecho fortuna pero la interpretación que ha pasado de boca en boca no es más que una vulgarización.

Veamos: grosso modo, en tiempos de Sócrates había un grupo de cuentistas presuntuosos o parásitos sociales, los sofistas (de sofisma); es decir cuentacuentos que utilizaban argumentos con apariencia de verdad para defender la falsedad de manera persuasiva. Estos sofistas se hacían llamar filósofos, es decir: sabios. Eran maestros en la oratoria para engañar (más o menos como hacen algunos políticos de hoy), y se daban a la buena vida con el fruto de la utilización espuria de la argumentación.

Pues bien, así las cosas, Sócrates, filósofo íntegro y honesto hace uso de su ironía y se presenta allí donde va como el que no sabe nada. En ese contexto, según mi modesta opinión, adquiere sentido la frase que ha pasado a la historia y que sin embargo no tiene el matiz que algunos pretenden conferirle.

07 julio 2008

La puerta del misterio




Es mi puerta,
Cerrada o abierta.
También la aldaba
o el alféizar
y qué decir del gozne.

Pueden salir
o entrar,
mas la llave no es metálica.

06 julio 2008

Sexo, no



“Podrás besarme si lo deseas pero nada de sexo”.

Fue la primera mujer que me habló claro. La puse mirando a Murcia y le besé la nuca. Casi me quemó los labios, como de fiebre. Cuando los retiré ella aun tenía los ojos semicerrados y un temblor mórbido recorría su cuerpo.

“Los hombres vivís en un continuo error”, acertó a decir entre balbuceos cuando se repuso; “yo no necesito tenerte dentro de mi para sentirme plena. Tampoco me hace falta que te expliques para percibir tu bullicioso mundo interior”.

Con su voz de miel tarareó una bella canción, acariciando sin prisas cada palabra: “deja tus ojos abiertos cuando caiga la tarde que yo entraré por ellos como nieve que arde…”

Alargué mi brazo hasta encontrarla. ¡Cuánta ternura en una mano!

Tendida en la cama, con los labios entreabiertos, parecía una diosa. La besé largamente. El peso de mi cuerpo la fue rindiendo toda. Su respiración se entrecortó y morimos los dos.

05 julio 2008

De cintura para abajo


Coincídí hace meses en un encuentro literario con un escritor argentino. A cada instante utilizaba la expresión gran pavada, como tantos argentinos la usan, siempre que quería referirse a lo que por otros pagos, y también por estos, se entiende por una chorrada (en versión libre), algo nimio, un pluf.

Imagina, querido escritor de allende los mares, y tú, escriba del lado de acá, por un momento y como hipótesis de trabajo, que un avezado lector descubre un día que la mayoría de las ingentes ideas acumuladas en montañas de papel de la mano de escritores de todos los tiempos no sean más que una gran pavada. En el mejor de los casos una terapia peligrosa.

¿Y por qué? Y sigo soltando cuerda a la cometa. Suponga usted (me pongo más circunspecto) que el hombre, todo ser humano, que tantas veces ha dado hiel, produjera un buen día miel. Y que al libar de esa miel analizáramos todas las obras maestras en la que sus autores se han explayado en mostrarnos las pasiones, las luces y las sombras del homo sapiens común y corriente, es decir, del productor de hiel.

Y sigo tirando del hilo si no se me marea mucho la hipótesis. Supongamos que en el homo hubiera (llamémosle) más registros inexplorados todavía y uno de esos registros reflejara a un ser humano más completo, hecho de un barro más cocido y por lo tanto con más posibilidades inéditas hasta la fecha. Puestos ya: ¿y si en el hombre existiera la potencialidad de producirse un salto cualitativo similar al ocurrido con la aparición del raciocinio? Rozamos la ciencia ficción y saltan chispas.

Si así fuera, ¿qué haríamos los escritores hurgando en la infancia de la especie? ¿No sería más provechoso darse a experimentar con el ser humano adulto hecho y derecho con sus múltiples potencialidades en vez de enrocarse en la inmundicia como cochino en el lodo? ¿O seguimos como contables rutinarios clasificando rarezas para el Gran Inventario?

En la solapa de tantos libros se pueden leer cosas parecidas a lo que sigue: he aquí a un gran autor contemporáneo que ha sabido ahondar como pocos en lo más profundo del alma humana, bla, bla, bla. Y lo más profundo son bajezas, odios, desamores, miserias, etc.

Por si alguien piensa que el verano no me sienta bien argüiré sobre lo dicho aquí (en esbozo apresurado), que también cabe la posibilidad, como decía el amigo argentino, de que no sea más que una gran pavada, riesgos colaterales de disparar con la pluma.

Saludos y felices vacaciones

03 julio 2008

De éxitos y fracasos



Quienes nos desahucian cuando nos sobreviene un fracaso ignoran en verdad si ese fracaso será un acicate para el éxito futuro o el triunfo final del fracaso.
Con su actitud contribuyen al segundo supuesto, por lo tanto son
perjudiciales para nuestra salud.

***
Érase una vez un poeta de éxito. Una docena de premios reposaban orgullosos en los estantes de su biblioteca. Una tarde dejó de creer en las palabras.
Ese día se secó su manantial poético.

***
Creo en las personas de éxito que han sufrido algún fracaso
en su vida antes de triunfar.
***
Le plantearon al escritor José Luis Sampedro (y a tantos otros)  la siguiente pregunta,
¿qué le aconsejaría usted a un joven que quiere ser escritor?
“Que si puede dejarlo que lo deje”, respondió el maestro.

02 julio 2008

Contrapunto

Keran Leah Hevia

Te hallé mientras deambulabas por las calles de una ciudad plateada. Envuelta en fina lluvia te perdiste entre callejas sin nombre como un presagio de inmolación y muerte… Ni el viento ni el tiempo pudieron estorbar el encanto de tu mirada triste en mis ojos verdes, hoy tornasolados…

Fue ayer. Te contemplé durante unos minutos eternos. Parecías como salida de un torbellino de fuego o de una pesadilla agónica si bien tu andar era elegante. Estabas allí en mi ciudad, delante de mi, como tantas veces había soñado… Pero si era así yo moriría aquella misma tarde… De eso no había ninguna duda… Un frío sólido subió desde la nuca hasta el último cabello de mi cabeza como cruza el rayo de este a poniente en un suspiro.

Por una calle estrecha como el nudo que angostaba mi garganta, fui deslizándome hacia la vieja ermita donde te encontrara hacía ya mucho tiempo. Allí estabas tú con esa sonrisa enigmática que me subyugó la primera vez. No había nadie más o yo no los vi; simplemente estábamos tú y yo en aquel instante y lugar y nadie más podía trastocar ese momento mágico, sublime. Al poco ya no estabas, como si un fantasma jugara conmigo… ¿Qué pasaría si te busco entre los fantasmas de la noche y cruzo la niebla de mi ciudad ahora desierta? No quería que aquello se resolviera en un sueño, así que eché a andar calle arriba. ¿Se habrá esfumado como espíritu y deambulará sin rumbo por plazas y callejas?

Abrí los ojos y sentí tu respiración en mi nuca. Volví mi rostro de pronto y allí estaban tus labios y tus ojos ensayando una tirada certera… Acerqué los míos lentamente y noté el frío mármol y probé la dulce miel… Y al instante vi, lo vi antes de que ocurriera, cómo mi cuerpo tropezaba contra el suelo sufriendo la agonía que presagió tu presencia.

Y ya no tuve ninguna duda: eras tú. Habías venido a mi entierro…


PD. En recuerdo y homenaje al nik tutifruti, compañera de debates foriles. Mi escrito nació a raíz de un texto de ella.

01 julio 2008

Walt Whitman. In memoriam



Si ahondara el hombre,
si arribara hasta las consecuencias últimas,
¿qué de qué encontraría?
Si rascara el barniz de su cordura,
y mirara debajo de los filtros,
si curara las costras,
aliviando las llagas que supuran.
Si limpiara el cristal que lo divierte,
si llegara hasta el fondo,
¿qué cosas contaría?
Mira, se devana los sesos,
y cuando concluye está dormido,
o se extraña del punto al que ha llegado.
¿Qué dirán los de enfrente?
Reniego de las mentes tan preclaras
que se quedan al borde de sí mismos,
niños llorones, sin tiempo ni energía,
hiposos, lamentando.
¡Tú eres lo mejor que tienes!
¡Ah, las lágrimas, las lágrimas!
Desterrad de una vez los dogmatismos:
el dogmatismo de las religiones,
el dogmatismo de las ciencias nuevas,
de las ceñudas letras prisioneras,
de los descreimientos y las dudas.
¡Ah el hombre, el hombre!
Entretenido con fuegos de artificio.
¿Mayor de edad el hombre?
Le estimula más ser niño que llora.

A la hora más cruel

  Sandra, aunque el dolor cierre la puerta y extienda por tu casa su espesura, no alcanza a oscurecer la luz más pura que en tantos corazone...